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Exclusivas de La Gaceta

Hace poco hubo una confrontación entre Domingo Cavallo, Luis Caputo y Javier Milei que aportó poco a la comprensión de la política económica. Confrontación y no debate porque el exministro presentó propuestas y los funcionarios lo insultaron y chicanearon en vez de rebatirlo. Aun así, puede aprovecharse para aclarar algunos hechos pues la falta de memoria o las leyendas suelen perturbar decisiones presentes.Por ejemplo, en redes sociales Milei achacó a Cavallo “nacionalizar la deuda privada”. Si se refirió a la vieja acusación sobre su papel en el Banco Central en 1982, el Presidente se equivocó. Para detalles, leer “La leyenda de Domingo Cavallo y la deuda” en La Gaceta del 28 de mayo de 2023, pero en resumen quien “estatizó” deuda privada fue Julio César González del Solar, su reemplazo en la presidencia del BCRA, al disponer que el Central no entregara a los acreedores extranjeros dólares correspondientes a los pesos que los deudores giraran para pagar sus obligaciones sino títulos públicos. Como la cotización reconocida era inferior a la de mercado gracias a un seguro de cambio, había un subsidio al deudor. Esa parte fue la que realmente asumía el Estado aunque entregaba títulos por el total porque recibía pesos por el resto. Cavallo había dispuesto una forma de actualización de cotizaciones que reducía tal ayuda pero fue derogada; no sólo no estatizó deuda privada sino que con sus medidas tal estatización hubiera sido menor.El exministro también fue atacado, con más razón, por su actuación durante 2001, pero igual pueden verse puntos interesantes de ese año. Uno de ellos, el “megacanje”, una renovación de deuda externa (dolarizada, en realidad; ya no tiene sentido distinguir entre interna y externa) ocurrida en mayo de 2001 en condiciones muy favorables para los acreedores, aumentando el pasivo. Se hizo porque no había recursos para atender los vencimientos de junio y Argentina hubiera entrado en default. Tiempo después Cavallo fue acusado por negociaciones incompatibles con la función pública durante el megacanje pero resultó sobreseído.Hay más. Hacia noviembre de aquel año Cavallo canjeó con los acreedores argentinos los títulos de mayo por otros en condiciones tales que la deuda dolarizada se redujo. Faltaba arreglar con los acreedores externos pero la caída del gobierno lo impidió. El problema es que los papeles de noviembre preveían que en caso de default recuperaban validez los de mayo y debían pagarse de inmediato en su totalidad. Y el impago ocurrió. Al respecto, Adolfo Rodríguez Saá dijo que él no es responsable del default sino Eduardo Duhalde. Estrictamente, tiene razón. No dejó de pagar, aunque sólo porque no hubo vencimientos durante su mandato… de una semana. En cambio, sí los hubo bajo Duhalde y no se atendieron. Sin embargo, no debe olvidarse que quien repudió la deuda fue Rodríguez Saá, siendo ovacionado por casi toda la asamblea legislativa.Ahora, un punto en común entre Cavallo y las actuales autoridades es la preocupación por el resultado fiscal. La diferencia es el método. En julio de 2001 el entonces ministro dispuso el déficit cero pero la norma para ello implicaba no pagar más de lo recaudado, lo que significó no una reducción de gastos sino de pagos. Y los gastos se reducen cuando se elimina la fuente de las erogaciones, no simplemente no abonándolas.Otra cosa que debería ser compartida es la convertibilidad. Ella no significa un peso igual a un dólar; eso fue tipo de cambio fijo. Convertibilidad es la libertad de convertir una moneda en otra y hacer contratos en cualquier moneda con igual validez. Al gobierno debiera gustarle la idea porque significa competencia de monedas, algo que incentivaría al BCRA a tener una política monetaria prudente para evitar que los ciudadanos abandonen el peso pues legalmente no estarían atados a él. Sin embargo, los funcionarios no lo reconocieron. Hasta criticaron a Cavallo por sus fracasos comparando lo hecho por él en ocho meses de 2001 con lo logrado por el actual gobierno en igual lapso. Habría que indagar bien en las condiciones políticas y económicas de cada época, pero si se trata de contrastar, Cavallo bajó la inflación en pocos meses, mucho más rápido que Caputo. Con los correspondientes costos, por supuesto, pero lo que hacen las autoridades ahora también los tiene. Y el juego limpio pediría incluir no sólo el Cavallo de 1982 y 2001 sino también el de 1991-1996, y no sólo el Caputo de Milei sino también el de Mauricio Macri.Por otra parte, para Cavallo la convertibilidad junto al total levantamiento del cepo cambiario (hoy rige de manera limitada) disminuirían drásticamente el riesgo país. Para el gobierno tales medidas chocan con lo que está haciendo. Hubiera sido bueno que la discusión girara alrededor de ese tema. Que uno critique técnica y políticamente la posición del otro, que el segundo defienda en los mismos términos y critique a su vez al primero, y así.Por supuesto, hay muchas personas que dicen muchas cosas sobre el gobierno, pero no a todos vale la pena responder. Asimismo, si se lo piensa como un partido de fútbol, casi todos los argentinos (incluido Cavallo) están en la tribuna. Es fácil opinar desde allí, si bien algunos tienen mejor perspectiva (alguna vez jugaron, dirigieron o integraron un cuerpo técnico). Quien mejor conoce los límites de los jugadores que tiene y las restricciones reales que enfrenta es el técnico. El libro “Diario de una temporada en el quinto piso”, donde Juan Carlos Torre relata su experiencia durante la gestión de Raúl Alfonsín, es un buen ejemplo de lo diferente que se ven las cosas dentro del gobierno y fuera de él. Con eso en mente, sería bueno, para evitar que se griten zonceras desde el tablón, acercar la información posible y no que cuerpo técnico y jugadores insulten a la tribuna. Porque en políticas públicas las explicaciones son fundamentales, y si las hay el debate resulta enriquecedor.