Parteaguas Diario

Cancún está perdiendo brillo y el golpe económico ya alcanzó a todo Quintana Roo. Mientras tanto, Chetumal —la hermana menor a la que casi nadie volteaba a ver— empieza a moverse como el nuevo experimento de reindustrialización del sur del país. ¿Puede una capital olvidada equilibrar décadas de dependencia turística? ¿Y qué pasa cuando un estado decide romper su propio modelo económico? Hoy Jonathan nos cuenta lo que vio de primera mano: el giro estratégico de la gobernadora, los nombres detrás del viraje y por qué este pequeño punto en el mapa puede convertirse en un laboratorio de talento, tecnología y nuevas industrias. No es solo un episodio sobre Chetumal: es una lección sobre cómo reaccionan las economías cuando el modelo dominante deja de funcionar.

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Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.

¿A Cancún va a sustituirla su ‘hermana’ Chetumal?

El destino que nadie quería verificar se ha cumplido. La zona metropolitana más poblada de Quintana Roo pierde visitantes aceleradamente frente a destinos como Punta Cana, en República Dominicana.
Los locales culpan al sargazo, pero también a una delincuencia desatada que permeó incluso a los taxistas. Ahora, un cambio estratégico pretende elevar el peso económico de su vecina Chetumal, con el afán de disminuir la dependencia del dinero que llega por avión a esa región mexicana.

Cancún y sus poblaciones vecinas, como Playa del Carmen, pierden clientes poco a poco, afectando a toda la economía del estado, que este año parece desplomarse.

De enero a octubre de 2025, el aeropuerto internacional de la ciudad recibió 10 por ciento menos visitantes que en el mismo lapso de 2023. Un dato revelado en octubre por el INEGI prendió todas las alarmas: la economía de Quintana Roo cayó casi 10 por ciento, pero en un periodo más corto, solo 12 meses contados hasta junio.

El mal resultado provocó un manotazo sobre la mesa por parte de Mara Lezama, gobernadora de la entidad: exigió a su equipo que Quintana Roo se vuelque hacia otros negocios distintos al turismo. Que diversifique su economía urgentemente.

Su estado, dijo, debe montarse en la reindustrialización tecnológica del mundo, y el epicentro del cambio debe estar en su capital: Chetumal, una ciudad de 250 mil habitantes y unos 5 kilómetros de diámetro, gobernada por la alcaldesa Yensunni Martínez Hernández y ubicada a 384 kilómetros al sur de Cancún, en la frontera con Belice, en Centroamérica.

Ayer presencié el inicio de una estrategia para reestructurar los planes de estudio de su población a nivel universitario.
A cargo está, obviamente, la secretaria de Educación local, Elda Xix Euán, apoyada por el secretario de Desarrollo Económico, Paul Carrillo.

Pero no estarán solos. La gobernadora solicitó los servicios de Ernesto Herrera Novelo, quien fue un exitoso secretario de Fomento Económico de un conocido estado vecino: Yucatán.

La gestión de este abogado surgido de las filas de la consultora EY, experimentado en relaciones con empresas privadas, fue tan relevante para cambiar la dinámica yucateca que se mantuvo en su cargo como funcionario público durante casi 10 años, incluso con gobernadores de distintos partidos políticos: primero con el centrista PRI y luego con el derechista PAN.

Es algo verdaderamente atípico en México y en Latinoamérica, donde los políticos suelen derribar todo el aparato de sus antecesores y colocar a gente de su confianza en los puestos relevantes, aunque carezcan de experiencia.

Ahora, la gobernadora Lezama, del partido izquierdista Morena, ha traído a su estado la experiencia del agnóstico Herrera Novelo.

En Yucatán, Herrera participó en gobiernos que fomentaron la educación politécnica y crearon, entre otras disciplinas, la primera ingeniería en ciberseguridad de México, en la Universidad Politécnica de Yucatán.
La población lleva años preparándose en producción de software y aplicación de inteligencia artificial, lo que provocó el surgimiento de empresas tecnológicas locales como Dacodes, que atienden a clientes de todo México y Estados Unidos.

Además, la gestión de Herrera impulsó incentivos que motivaron la llegada de empresas como la cervecera AB InBev, la productora de carne Kekén, centros de distribución de AWS y Mercado Libre, y la autopartera Leoni, así como la fabricante de aeropartes PCC Airfoils, entre otras que propiciaron un cambio en la dinámica económica local con crecimientos anuales del 5 por ciento en Yucatán.

Hunucmá, un pueblo pobre cercano a Mérida, recibió inversiones por unos mil millones de dólares en solo cinco años.

Ahora la estrategia de Herrera llegó a Chetumal, Quintana Roo, y él arribó flanqueado por el gobierno federal, representado por Antonio Arce, de la Secretaría de Economía federal.

Pero también por Alfred Rodríguez, un personaje conocido por ser un rostro en el país de empresas como la poderosa Airbus o Dassault Systèmes, indispensable para el diseño de piezas sofisticadas de la industria mundial. Rodríguez es embajador para México de la Alianza para la Industria del Futuro, de Francia.

Este francés, experto en eso que llamamos educación dual —empresa y escuela—, auxiliará a Chetumal en lo que la gobernadora Lezama espera que sea una revolución que vincule a estudiantes con compañías que ofrezcan puestos de trabajo que paguen mejor que los hoteles, lo que francamente no es difícil.

La clave está en que los empleados brinden a cambio destrezas más sofisticadas. Para eso deben entrenarse en habilidades blandas, como la interacción con colegas de distintos países, y duras, como el aprovechamiento de diseño técnico y herramientas de inteligencia artificial.

El primer ejemplo de lo que podría venir llegó hace unos días, cuando fue anunciada la llegada de una inversión de la empresa estadounidense Zenith Aeronáutica para mantenimiento profundo de aeronaves en el aeropuerto de Chetumal. Una transacción todavía modesta, de 24 millones de dólares, pero que luce ya como el primer y rápido resultado del equipo del yucateco Herrera.

La clave ahora es conseguir que sus empleados sean locales. Eso es lo que quiere toda esta gente para esta y las empresas que lleguen después, mediante entrenamiento.

Eso puede equilibrar el peso de Chetumal respecto del que hoy tiene el negocio turístico de Cancún, tan venido a menos. Ya les contaré.