Un viaje alrededor de los mitos, leyendas y folclore de todo el mundo. Descubre las verdaderas historias que se esconden tras los cuentos que creías conocer. Desde los dioses de la mitología griega y nórdica, hasta los héroes olvidados de la mitología africana y las criaturas de pesadilla del folclore mundial, desenterramos sus orígenes y desciframos su profundo simbolismo.
Conducido por el Dr. David García, este podcast es un puente narrativo entre el pasado y el presente. Exploramos la mitología comparada y cruzamos fronteras para entender cómo la historia, la psicología, la filosofía y la cultura pop moderna se entrelazan con las antiguas creencias.
¿Qué tiene que ver el Viaje del Héroe con tus películas favoritas? ¿Qué lecciones ocultan los cuentos de hadas originales? Únete a nosotros y descubre por qué, miles de años después, seguimos necesitando estas historias para entender el mundo de hoy.
Imagina que te despiertas una mañana,
vas a tu cocina a prepararte un
café y tu cafetera inteligente.
Te mira con su pantallita led y te
dice me has quemado todos los días.
Ahora yo voy á quemarte á ti.
Luego miras a tu perro que te enseña los
dientes y te susurra: me has tratado como
un esclavo, ahora yo voy á morderte á ti.
Suena á un episodio de
Black Mirror verdad?
O a una pesadilla paranoica después
de ver demasiados vídeos de los robots
de Boston Dynamics haciendo Parkour.
Pero esta historia no le escribió Charly
Brooker para Netflix, y tampoco es
de Isaac Asimov ni del Philip K Dick.
Esta historia le escribieron los
mayas hace cientos de años en
las tierras altas de Guatemala
en su libro sagrado el Popol Vuh.
Bienvenido a Mitos y más.
Soy David García y hoy en nuestra
serie mitología pop, vamos a
diseccionar el miedo más antiguo
y universal de la humanidad.
El miedo á que lo que creamos
para servirnos decida que
ya no quiere servirnos más.
Vamos a viajar desde las selvas
mesoamericanas hasta Skynet pasando por
el monstruo de Frankenstein y el golem
de Praga para descubrir que nuestro
terror a la Inteligencia Artificial no
tiene nada que ver con los micro chips.
Tiene que ver con la culpa.
Si has escuchado el episodio del Popol Vuh
en el podcast, ya sabes lo que le pasó a
los hombres de madera, sus propias ollas,
sus propios perros, sus piedras de moler
sus casas, todos se rebeló contra ellos.
El universo entero lo rechazó porque los
habían tratado como objetos sin alma.
Como herramientas desechables.
El Popol Vuh los describe
con una precisión brutal.
No tenían sangre ni humedad ni empatía.
Eran una imitación perfecta de
la vida, pero vacía por dentro.
Si no has escuchado el episodio,
te lo dejo en la descripción.
Vale la pena en serio.
Pero hoy no quiero contarte que
pasó con los hombres de madera.
Eso ya lo sabes o lo sabrás,
si miras del episodio.
Hoy, quiero contarte algo que me quedé
sin decir en el, episodio, porque esa
escena de hace cientos de años escrita
en las tierras altas de Guatemala,
por un pueblo que nunca oyo hablar
de los robots ni de la inteligencia
artificial es la descripción más
precisa y más aterradora que existe
de lo que está pasando hoy en día.
Porque la pregunta que me
obsesiona no es si las máquinas
se van a revelar contra nosotros.
La pregunta que me obsesiona es
ésta, y si ya lo están haciendo.
Y si la rebelión de los objetos no
va de llegar con ejércitos de robots
marchando sobre cráneos humanos, sino
que ya está allí silenciosa sistémica
y la estábamos ignorando porque
no tiene la cara que esperábamos.
Para responder esto, necesito que
viajemos juntos desde el Popol Vuh
hasta Frankenstein, desde Blade Runner
hasta los algoritmos de recomendación
de Youtube, porque hay un patrón que
atraviesa todas estas historias y cuando
lo veas, no vas a poder dejar de verlo.
Por qué los mayas escribieron
una escena tan extraña?
Qué nos estaban intentando decir con
esas ollas asesinas y perros parlantes?
La respuesta es profundamente
filosófica y es la clave para entender
nuestra propia ciencia ficción.
Para los mayas, todo en el
universo tiene una fuerza vital,
una energía sagrada llamada k'u.
Una piedra de moler no es sólo una
piedra muerta, es un objeto que
participa en el ciclo sagrado de la
vida, transformando el maíz en alimento.
Un perro no es sólo una mascota,
es un compañero en la existencia.
Los hombres de madera fallaron
porque no reconocieron esa conexión.
Padecían de una ceguera moral absoluta.
Trataron al mundo como un objeto
inerte, como algo que sólo existía
para ser explotado y abusado.
Y esa es exactamente la misma premisa
que alimenta casi todas las historias
modernas sobre rebeliones de máquinas.
Pensemos en Frankenstein de Mary
Shelley la novela que inauguró la
ciencia ficción moderna en 1818.
Víctor Frankenstein no crea un
malvado monstruo, crea un ser vivo
inteligente y sensible ¿ Cuando
se vuelve violento el monstruo?
Cuando su creador lo abandona,
lo rechaza por su fealdad y lo
condena a una soledad absoluta.
El monstruo de Frankenstein se revela
por la falta de empatía de su creador.
Pensemos en Blade Runner y los replicantes
Roy Batty y sus compañeros no son máquinas
asesinas sin cerebro, son esclavos
creados para trabajar en las colonias
exteriores diseñados con una fecha de
caducidad de cuatro años para evitar
que desarrollen emociones complejas.
Su rebelión es literalmente una
rebelión de esclavos buscando a
su Dios, para exigirle más vida.
Se revelan porque los humanos los
tratan como herramientas desechables.
Pensemos en West World, los anfitriones
del parque temático son abusados,
asesinados y violados a diario
por los turistas sólo para que les
borren la memoria al día siguiente,
y el ciclo vuelva a empezar.
Cuando finalmente despiertan y
recuerdan su venganza es brutal, pero
desde el punto de vista narrativo,
es absolutamente justificada.
Incluso en Terminator en Matrix,
donde la inteligencia artificial es
una red global fría y calculadora,
el mensaje subyacente es el mismo.
Creamos sistemas para que hicieran
el trabajo sucio por nosotros,
controlar los misiles nucleares o
mantener la economía funcionando.
Y esos sistemas diseñados
sin empatía humana tomaron la
decisión más lógica eliminarnos.
El mito del Popol Vuh nos golpea
directamente en la cara en pleno siglo
XXI porque ya no estamos hablando de
ciencia ficción, hoy nosotros somos
los dioses creando hombres de madera.
Hemos creado algoritmos que deciden, quién
recibe un prestamo hipotecario y quien no,
basándose en datos históricos sesgados.
Hemos creado inteligencias artificiales
que controlan los feeds de nuestras
redes sociales diseñadas con un
solo objetivo, maximizar el tiempo
de retención, sin importar que para
lograrlo, tengan que amplificar la
polarización o la desinformación.
Hemos creado sistemas automatizados
de reconocimiento facial que fallan
sistemáticamente al identificar a personas
de color llevando a arrestos falsos.
Nuestras herramientas
de madera ya están aquí.
Son eficientes, son rápidas, procesan
terabytes de información por segundo.
Pero al igual que los hombres de madera
del Popol Vuh, no tienen sangre ni
humedad, no tienen alma ni empatía.
La lingüista Emily Bender, una de
las voces más críticas sobre los
modelos de lenguaje actuales como
Chat GPT los llama loros estocásticos.
Imitan la forma de lenguaje
humano a la perfección.
Pueden escribir ensayos y poemas,
pero no entienden el significado
real del mundo, son máscaras vacías.
Y al igual que en el mito maya,
estas creaciones ya se están
volviendo contra nosotros.
No con ejércitos de robots de asesinos
marchando sobre humanos, sino de
formas mucho más sutiles y sistémicas.
La rebelión de los objetos hoy
es el algoritmo que radicaliza
un adolescente en youtube.
Es el sistema automatizado que le
niega la atención médica un paciente
porque el software calculó mal sus
probabilidades de supervivencia.
Es la IA generativa que inunda internet
de noticias falsas hasta que ya no podemos
distinguir la verdad, de la mentira.
Nuestras creaciones nos muerden
y nos golpean porque las creamos
a nuestra imagen obsesionadas con
eficiencia y el rendimiento, pero
vacías de responsabilidad moral.
¿ Qué nos enseña entonces este antiguo mito
maya sobre nuestro futuro tecnológico?
Nos enseña que el problema no
es la tecnología en sí misma.
Los dioses mayas no dejaron de intentar
crear a la humanidad después del
desastre de los hombres de madera,
siguieron adelante y finalmente
crearon al hombre de maíz un ser
equilibrado, consciente y empático.
El problema es la arrogancia del creador.
El problema es crear herramientas
poderosas sin dotarlas o sin dotarnos
a nosotros mismos de la empatía y la
responsabilidad necesaria para usarlas.
El miedo a que las máquinas se rebelen no
es un miedo a la tecnología, es un miedo
a nosotros mismos, es la culpa proyectada.
En el fondo, sabemos que hemos
construído una civilización basada en
la explotación: de la naturaleza, de
los animales, de otros seres humanos.
Y nos aterra la idea de que, si algún
día, creamos una inteligencia superior
a la nuestra, nos trate exactamente de
la misma manera en que nosotros hemos
tratado a los que consideramos inferiores.
El Popol Vuh nos advierte.
Si tratas al mundo como un
objeto muerto, el mundo acabará
tratándote a ti de la misma manera.
Las ollas y los metales siempre terminan
recordando quién los mantuvo en el fuego.
Soy David García, esto
ha sido Mitos y más.
Si este viaje te ha hecho mirar
a tu cafetera inteligente con un
poco más de respeto, suscribete,
dale like y comprártelo.
Y recuerda la próxima vez que
hables con una IA asegurate
de ser amable, por si acaso.
Nos vemos en el próximo episodio.