Notas con audio

En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

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Exclusivas de La Gaceta

“Feos pero muy útiles”. El antetítulo de la nota del 30 de enero de 2000 que daba cuenta de que había 12 millones de murciélagos viviendo bajo el paredón de Escaba anticipaba el fenómeno. Era la segunda colonia más grande de Sudamérica de estos animalitos del tipo tadarida brasiliensis, conocidos como “cola de ratón. Cada uno come 300 insectos por noche, principalmente mosquitos. Son útiles controladores de plagas.El dique, cuya construcción terminó en 1947 (se inauguró en 1951) tiene bajo su paredón unos túneles llamados vanos donde se alojó rápidamente la colonia, que encontró, en la selva de Escaba, el lugar ideal: está llena de mosquitos.La gente de la presa advirtió su presencia hacia 1992 y desde entonces se convirtió en un atractivo para quien visita Escaba. Es un espectáculo sobrecogedor ver a la colonia salir al anochecer en busca de alimento,Hace unos 15 años, la hidroeléctrica que administra la presa cerró uno de los dos vanos donde estaban instalados los murciélagos, para evitar riesgos en la estructura, y eso redujo su número, por una cuestión de espacio, de 12 millones a entre 1,5 millones y 2 millones.La licenciada en Ciencias Biológicas Melanie Rodríguez De La Fuente, becaria doctoral del Conicet y delegada del Programa de Conservación de Murciélagos de Argentina (PCMA), que los está estudiando, nos cuenta algunos datos:° La colonia está protegida por ley nacional y por ley provincial.° La especie que está en el dique es insectívora y es migratoria.Recuerdos fotográficos: la “calle ancha” de los “yuteros”° Es una colonia maternal, mayormente formada por hembras. Hay poquitos machos. Vienen a parir acá; llegan a fines de septiembre y, a fines de marzo, se vuelven para el norte a buscar zonas más cálidas, presumiblemente el sur de Brasil. Algunos se quedan acá pero la mayor parte migra por el tema del alimento: en invierno no tienen mosquitos que comer.