Notas con audio

A un año de las elecciones provinciales, el gobernador se para ante frentes que se cruzan y condicionan la estrategia del oficialismo.

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Las decisiones electorales y estratégicas no se toman de un día para el otro. Si bien hay algunas aceleradas en tiempos de urnas, hay determinaciones que se cocinan más lento. El líder del oficialismo provincial Osvaldo Jaldo afronta en estos meses algunos desafíos en la antesala de la campaña electoral. Una etapa que, se prevé, estará cargada de tensiones y reacomodamientos dentro y fuera del peronismo.Falta aproximadamente un año para los comicios en los que se renovarán todos los cargos electivos provinciales y el calendario se aceleró. El gobernador deberá dividirse en tres planos: sostener la gestión, evitar la fractura del peronismo y mantener -o tender- relaciones con propios y ajenos en el plano nacionalLos ítems de la agenda del mandatario tienen dificultades porque los retos que le quedan por delante pueden implicar tensiones entre sí. Para seguir impulsando la administración necesita que la convivencia con la Nación siga en buenos términos; para preservar la unidad dentro del Partido Justicialista requiere distanciarse relativamente de la Nación al igual que para poder ligarse a alguna figura nacional del movimiento que aspire a la presidencia. Y el riesgo es que cada movimiento para fortalecer un frente puede debilitar otro. Por ello, administrar el poder provincial y el espacio político en estos momentos y los que vienen obliga a Jaldo a jugar en varios tableros a la vez.La gestiónJaldo comenzó y construyó buena parte de su capital político como titular del Ejecutivo sobre la idea de orden, de presencia y de reacción. Principalmente, en la búsqueda de una impronta que contrastara con la de su antecesor Juan Manzur. Los ejes iniciales estuvieron puestos en aspirar a la austeridad del gasto público, en mostrar un gabinete “distinto” y un énfasis especial en la seguridad.El problema es que los oficialismos provinciales dependen cada vez más de variables que no controlan.La escasez de fondos irrumpió y se acomodó en el sillón de protagonista en la Casa de Gobierno. Los vaivenes de la economía y los cambios en la manera en la que se manejan los recursos federales corrieron el eje.Los malabares para administrar en un contexto de ajuste y con un gobierno central de otro signo político se convirtieron en la médula de la gestión.El deterioro económico fue centrando las discusiones hacia las obras públicas ralentizadas y a recursos cada vez más limitados. Si bien hay algunas que avanzan como la remodelación del Aeropuerto Benjamín Matienzo o el Acueducto de Vipos, hay trabajos que quedaron fuera de los planes y otros cuyo sostenimiento la provincia tuvo que asumir con fondos propios.Ese escenario ya se refleja en el Congreso, donde repercuten las negociaciones por los recursos en los votos de los representantes tucumanos. A esto se suma que el bloque Independencia en Diputados, alineado con el gobernador, impulsa reclamos para que las autoridades nacionales reactiven trabajos paralizados, entre ellos el Acceso Sur a la capital tucumana y las plantas depuradoras de líquidos cloacales de Concepción y Aguilares.En la Casa de Gobierno saben que la actividad gubernamental seguirá siendo el principal activo electoral del oficialismo rumbo a 2027. Las provincias, sin embargo, siguen teniendo una dependencia inevitable con la Nación. Y ahí aparece uno de los principales dilemas del gobernador. Para sostener la administración provincial necesita mantener los canales abiertos con la Rosada, aunque esa convivencia genere incomodidades dentro de sectores del peronismo.La unidadEl oficialismo dio un primer paso con la intención de que sus tres principales figuras lleguen abroqueladas al 2027. Jaldo, Miguel Acevedo y Rossana Chahla pactaron tratar de confiar y mantener un diálogo más sincero entre ellos. La necesidad de llegar con gran parte del PJ unido los llevó a dejar de lado los desacuerdos para tratar de avanzar sobre pasos más firmes. Las diferencias más resonantes se dieron en los últimos meses entre el gobernador y la intendenta, por diversos motivos políticos, de vínculos y de sus gobiernos.El vicegobernador, por su parte, navegó las turbulencias entre las otras puntas del tridente y mantiene buen diálogo con ellos. Otra vez en rol de mediador o una especie de garante de paz, Acevedo cumple una función de contención de los “compañeros” no jaldistas.Hasta aquí todo indicaría que la fórmula buscará la reelección y que la jefa capitalina hará lo propio en la Ciudad.Aunque la política es dinámica y resta tiempo por delante.  En la división de tareas, Jaldo seguirá siendo la cabeza de gestión y Acevedo seguirá atendiendo las necesidades de los desencantados. Chahla, por su parte, tiene la misión de retener el municipios que concentra una amplia porción del electorado. A su vez, parte importante de esa ciudadanía ha optado en las últimas elecciones nacionales por otro color político, más específicamente, el morado.Los detalles de los lugares que se ocuparán y de cómo se organizará la campaña,sin embargo, no estuvieron en la agenda de la cumbre de esta semana. Salvo el detalle de la unidad.El actuar en bloque tiene como principal objetivo neutralizar el avance de LLA y evitar que terceros puedan agrietarlo. El miércoles, Jaldo reunió a intendentes y referentes. Esta vez y, a diferencia de una docena de oportunidades anteriores, la titular del Ejecutivo municipal fue de la partida.Las relaciones nacionales: la LLA y el PJ  En el plano nacional, son dos los frentes abiertos que aún son una incógnita. El primero tiene que ver con LLA y cómo llegará la relación hasta las elecciones, tal como venimos mencionado. Si bien Jaldo es un aliado estratégico en la región, las tiranteces con el espacio de Milei en Tucumán, que encabeza Lisandro Catalán, son frecuentes. Mantener el balance durante el mayor tiempo posible es la premisa para lo que resta del año. Con la campaña ya en ciernes, el asunto se va poniendo más complejo.Desde las elecciones del año pasado, el armado libertario tomó cuerpo y lleva adelante una agenda que irrita al peronismo porque ataca puntos que para el peronismo son “inatacables” porque representan tanto maneras de trabajar en política como prioridades que tiene arraigadas. El sistema electoral o la vigencia de las comunas son algunos de los temas cuestionados por los opositores que, a la vez, forman parte de la base de sustanciación del poder oficialista.En los pasillos del poder consideran que será fundamental para el escenario del peronismo local la marcha de la economía y cómo la Nación capee las polémicas judiciales y resuelva las diferencias internas. Avizoran condiciones más favorables que durante 2025, sobre todo, si las fechas entre las elecciones nacionales y provinciales son significativamente distantes entre sí.Si las primeras se adelantan, es altamente probable que también lo hagan más de lo previsto las del distrito.Claro está que en LLA Tucumán todas las perspectivas son diametralmente opuestas a las del PJ, tanto en lo que tiene que ver con el rendimiento propio como en la marcha de la administración federal.En cuanto al movimiento nacional, Jaldo también tiene decisiones que esperar y otras que tomar. Primero, no está definido el futuro de las PASO. Si bien la Rosada no tiene los números para eliminarlas por ahora, podrían llegar a efectuarse algunos cambios en el sistema. El gobernador prefiere que se mantenga y propuso, además, que sean financiadas por las agrupaciones que las celebren.Por otro lado, la mesa nacional del PJ no dio señales aún de cómo será la estrategia electoral ni cómo se determinará al o los candidatos. Hay varias figuras que asoman con intención de competir por la presidencia o, cuanto menos, de que sus nombres estén en consideración. Hasta aquí el mejor perfilado es el gobernador de Buenos Aires,  Axel Kicillof. El Movimiento Derecho al Futuro tiene un pie en Tucumán, con organizaciones que vienen trabajando en el territorio. Dos de los armadores clave del kicillofismo miran hacia estas tierras. Andrés “Cuervo” Larroque conoce bien el escenario y a sus protagonistas. Cuenta, además, con vínculos de años con el ex legislador Jesús Salim. Carlos "Carli" Bianco prepara una visita de la mano del Espacio Puebla. En la última semana, también Daniel Gollán estuvo en una actividad.Los que conocen al tranqueño comentan que no es de los más cercanos a su par de Buenos Aires y que tampoco comulga con sus ideas. De hecho, al comienzo de la era Milei, Jaldo buscó diferenciarse de cualquier atisbo kirchnerista y se paró en la vereda del dialoguismo. Entendía, entonces, que la mirada del otro mandatario apuntaba más al centralismo que a un trato igualitario para todas las provincias. Con el paso del tiempo y de las peleas intestinas en su provincia con La Cámpora, el propio Kicillof entró en un proceso de deskirchnerización.El referente sí tiene más contacto con dirigentes como el senador Juan Manzur o el diputado Pablo Yedlin, que pertenecen a la línea antimileísta.De todas maneras, en los entornos de ambos gobernadores consideran que el pragmatismo puede acercarlos cuando llegue el momento.Los partidos que se alinean a las figuras nacionales tienen un elemento más de posible arrastre para las campañas comarcanas y para la de las generales. Esto lo saben todas las organizaciones. Llevar en la boleta de diputados y senadores a un candidato a presidente es un plus relevante. La provincia renueva ocho bancas en el Congreso el año que viene (cinco de diputados y las tres de senadores).En el peronismo tucumano tienen la certeza de que el tiempo electoral ya empezó, aunque todavía falte un año para votar. Jaldo debe administrar una campaña antes de la campaña oficial: sostener la gestión, evitar que el PJ se fracture y convivir con una Nación de la que necesita recursos, pero de la que también deberá tomar distancia para contener a los propios. En ese delicado equilibrio se jugará buena parte del futuro político del oficialismo provincial.