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Mientras los narcos cambian sistemas, el Estado retrocede en la detección de vuelos narcos. De indicios a una teoría concreta.

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Los vuelos narcos en el NOA dejaron de ser una hipótesis para transformarse en una realidad. Los narcotraficantes se aprovechan de las limitaciones de los sistemas de detección para transportar cocaína en avionetas. Las organizaciones, según los expertos, no escatiman recursos para perfeccionar esta modalidad, mientras que las autoridades nacionales recortan los presupuestos destinados a la lucha contra este delito.Durante este mes, las autoridades secuestraron más de 700 kilos de cocaína en dos procedimientos realizados en Santa Fe. También encontraron una aeronave siniestrada en el chaco salteño, aunque en esta oportunidad llegaron tarde: los responsables del envío ya habían desaparecido con la carga.En los dos primeros casos, los decomisos se concretaron a partir de investigaciones judiciales que siguieron los pasos de las organizaciones sobre la base de información certera y, en ningún momento, se informó sobre un seguimiento realizado mediante el sistema de radares. En el tercero, como ocurre en la mayoría de las situaciones, el hallazgo se produjo por el aviso de pobladores que alertaron sobre la novedad.Tráfico Aéreo Irregular (TAI) es el nombre técnico que reciben los vuelos clandestinos utilizados para transportar droga, pasajeros y hasta productos químicos para fumigar campos. En el marco del Consejo de Seguridad Interior, funcionarios nacionales informaron que, en lo que va del año, se detectaron más de 190 casos de este tipo, es decir, casi uno cada 36 horas. De ese total, sólo se pudo comprobar que cinco transportaban cocaína; el resto quedó catalogado como viajes sospechosos.El transporte aéreo de droga no es una modalidad nueva, aunque sí se incrementó en los últimos meses. Fuentes del Ministerio de Seguridad de la Nación sostienen que este fenómeno responde al bloqueo terrestre implementado con el lanzamiento del Plan Güemes en la frontera salteño-boliviana.Los expertos, sin embargo, tienen otra mirada sobre esta cuestión. Explican que organizaciones criminales internacionales operan desde Bolivia y, a través de avionetas, envían droga hacia distintos puntos de la Argentina. Luego, la despachan por vía terrestre hacia los puertos -especialmente los de la hidrovía del Paraná- para finalmente embarcarla hacia mercados de Europa, Asia, África y Oceanía.Por esa razón, se sospecha que Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Chaco forman parte de la ruta narco. En esas jurisdicciones se descargaría gran parte de la cocaína que luego sería trasladada hacia el río Paraná. Catamarca también, según los investigadores, cobró protagonismo: sería una vía estratégica para el tránsito hacia el Pacífico.MejorasLos narcos tienen una notable capacidad para perfeccionar los sistemas que les permiten sostener el tráfico de drogas. La prueba más concreta es el cambio en el tipo de aeronaves utilizadas. Dejaron de recurrir al modelo Cessna 206 y comenzaron a utilizar el Cessna 210 Centurion. Las características técnicas de estas aeronaves les permiten realizar vuelos de hasta 1.600 kilómetros.“La principal ventaja es que cuentan con tren de aterrizaje retráctil. Eso reduce la resistencia aerodinámica y les da mayor velocidad. Pueden llegar mucho más lejos, volar por lugares que antes eran complicados y concretar maniobras de aterrizaje más sencillas”, sostuvo un especialista en una entrevista con LA GACETA. “Una avioneta de estas características puede aterrizar en una pista de apenas 400 metros. Y cuando hablo de una pista, me refiero incluso a un camino consolidado, que puede ser de ripio”, añadió.Los expertos también estimaron cuál es la capacidad de carga de estas naves. Aclararon, primero, que depende de distintos factores, como la cantidad de ocupantes o si deben realizar recargas de combustible. En los últimos procedimientos detectados, los narcos utilizaron un piloto y un acompañante encargado de cargar combustible transportado en bidones. Bajo esas condiciones, las aeronaves podrían trasladar hasta 400 kilos de droga.Aunque la capacidad de envío es menor, las avionetas pueden llegar sin inconvenientes a campos de Santa Fe, Entre Ríos o el norte de la provincia de Buenos Aires, zonas cercanas a puertos. En cambio, si el vuelo tiene como destino el sur de Salta, Tucumán o Santiago del Estero, podrían transportar hasta 150 kilos adicionales de estupefacientes, ya que no sería necesario reabastecerse durante el trayecto. Sin embargo, las organizaciones deben diseñar otra logística para trasladar posteriormente la droga hacia los puntos de exportación.Más pruebasEn una entrevista realizada por Santiago Mendieta, el fiscal federal salteño Ricardo Toranzos aportó a LA GACETA más precisiones sobre el fenómeno. “Hoy vemos que ya no sólo bombardean, sino que las avionetas aterrizan en provincias del interior de Argentina. Esto implica un mayor riesgo, pero les permite ganar tiempo en la logística porque, una vez superados los controles fronterizos, pueden circular sin mayores verificaciones”, sostuvo.“Aparecen así procedimientos de 300 o 400 kilos en avionetas que aterrizan en campos o rutas del interior de las provincias. Esto significa que invierten más en corrupción para blindar el contacto físico entre el piloto y el receptor”, destacó.El representante del Ministerio Público también describió el mecanismo utilizado por estas organizaciones. “Por causas judiciales y GPS secuestrados, sabemos que captan pilotos jóvenes en Santa Cruz (Bolivia), utilizan avionetas muchas veces robadas con matrículas duplicadas, buscan la droga en el sur de Perú o el norte de Bolivia y luego ingresan al territorio argentino”, explicó. “Si bombardean en zonas como Anta o Rosario de la Frontera, tienen autonomía para regresar sin aterrizar. A partir de ahí surgen múltiples rutas hacia el noreste -Chaco y Corrientes- para salir por Brasil o Paraguay, o hacia el sur por caminos provinciales de Santiago del Estero, Tucumán o la ruta 34, que funciona como eje troncal”, concluyó.