Diccionario sonoro que recoge los nombres, historias y lugares protagonistas de la emocionante aventura que representa la música contemporánea desde su creación a la actualidad. Más información: march.es/contemporanea
Bernard Parmegiani
Compositor (París, 27 de octubre de 1927 – París, 21 de noviembre de 2013).
Su padre, editor del Gautier-Languereau –sello editorial de literatura infantil– y autor de algunas tiras cómicas de Bécassine –uno de los primeros personajes protagonistas femeninos del cómic francés– muere dos meses antes de nacer Bernard. Tras el segundo matrimonio de su madre, él crece entre dos pianos: el de su suegro –un virtuoso– y el de su madre (maestra). Desde su dormitorio escucha las escalas diarias y las sonatas de Muzio Clementi, y el repertorio de Fauré y Debussy. Así entrena el oído el joven Bernard Parmegiani.
En el Servicio de Cine del Ejército aprende diversas técnicas de grabación de sonido que le vienen muy bien cuando, en 1954, empieza a trabajar en la radio. Ya le gustaban los montajes y el collage –que acostumbra a practicar a la manera surrealista con recortes de periódicos–; ahora los aplica al sonido. Practica con cortinillas radiofónicas. Y pronto se convierte en ingeniero de sonido en televisión. Por si fuera poco, en estos días aprende mimo con los actores Étienne Decroux y Jacques Lecoq.
Parmegiani está trabajando con el productor radiofónico y músico André Almuro cuando Pierre Schaeffer viene a visitar a este y le invita a su Club d'Essai. Providencial encuentro a partir del cual Parmegiani termina incorporado como técnico de sonido en el Grupo de Investigación de Música Concreta y como ayudante de los compositores que allí trabajan. Iannis Xenakis, sin ir más lejos. Esto ocurre en 1959.
Tras componer en 1962 ‘Phonosophobe’, pieza que busca juntar la música y el mimo, Schaeffer le dice –lo recuerda Bernard con estas palabras–, “Parme, tienes que elegir”. Y le invita a participar en el 'Concierto colectivo' junto a los compositores de los que ha sido asistente. El violinista Devy Erlih le pide que escriba una pieza para violín y cinta. Él acepta, y trabaja durante más de un año con sonidos de violín reelaborados, transpuestos y mezclados: un “trabajo de bordado”, como denomina Parmegiani a su primera obra canónica, ‘Violostries’.
Nombrado director del área de Sonido/Imagen por Schaeffer, conoce a una gran cantidad de cineastas; compone música para ellos. Y para productores de radio. Compone para espectáculos y anuncios. Compone jingles para todo tipo de formatos; desde la televisión nacional hasta la Terminal 1 del aeropuerto Charles de Gaulle, donde su característico ‘Indicatif’ suena hasta 2005. Todo soporte es una superficie de provecho para la acusmática de Parmegiani.
Durante una visita a Estados Unidos a finales de los 60 lleva a cabo una investigación sobre las relaciones entre música y vídeo; a su regreso produce varios vídeos musicales, incluyendo ‘L'Œil écoute’ y ‘L’Écran transparent’ (1973), durante su residencia en la Westdeutscher Rundfunk alemana. En los 70 trabaja en Londres con la Third Ear Band, interpretando jazz en directo. Por cierto, está sonando ‘Jazzex’. Sonidos pregrabados en cinta enfrentados a músicos de free jazz en directo; una obra estrenada en abril de 1966 en el Festival de Royan.
En estos años empieza a escribir piezas acusmáticas para representar en salas de concierto. Es el caso de ‘Capture éphémère’ (del 67) o ‘L’Enfer’ (del 72), colaboración con el compositor Françoise Bayle basada en la Divina Comedia de Dante. Parmegiani se ocupa del Infierno; Bayle del Purgatorio.
Tras su viaje de ida y vuelta al infierno de Dante, se toma un descanso de su abundante producción musical y se centra más profunda y metódicamente en la naturaleza del sonido mismo. Este enfoque casi entomológico en el que la exploración atenta del sonido –ahora descrito por él como un “ser sonoro”– se convierte en parte de su estilo.
A este período corresponde la pieza que ahora suena, ‘De Natura Sonorum’ (1975-76); comprende 12 movimientos separados en dos secciones. Y marca un momento determinante en la música electroacústica por representar un nuevo método de composición. Parmegiani comienza a invertir el papel de la música como acompañamiento de las imágenes creadas por otros. La música ya no está sujeta a lo visual: ahora lo precede.
“En las piezas que había compuesto antes estaba bajo el hechizo de los sonidos que había creado. Pero los sonidos bellos no crean necesariamente belleza o piezas de música interesantes. En ‘De Natura Sonorum’ me puse muchas más restricciones: elaboré listas de sonidos que clasifiqué por forma, sustancia o color”, cuenta Parmegiani en una entrevista a Evelyn Gayou.
Las piezas de concierto de los '80 y primera mitad de los '90 responden a la necesidad de emprendimientos más vastos, y se dividen en capítulos: les ‘Exercismes’ I, II, III, IV. ‘La Création du Monde’, saga de 73 minutos compuesta por tres piezas. ‘Plain-temps’ una trilogía entre 1991 y 1993. Después de estos trabajos Parmegiani se concentra en composiciones cortas. La última, por cierto, es ‘Rêveries’, con la que abrimos este episodio.
Lo cerramos con ‘En phase / hors phase’, pieza incluida en su disco ‘Dedans-dehors’ de 1979. Sirva de representación de una carrera que une la ‘musique concrète’ con la electrónica contemporánea, obra de un autor que –escribe Francisco Ramos en su libro La música del siglo XX– “concibió la música electroacústica como un medio autosuficiente capaz de adquirir un aliento casi sinfónico”.