Notas con audio

En tiempos electorales las discusiones y las peleas se imponen. Paralelamente, las buenas imágenes de los políticos no aparecen. En la Justicia las cosas no ayudan para aportar algo.

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Exclusivas de La Gaceta

Cuando septiembre se despidió, dejó a su paso un estudio de la Universidad de San Andrés. Un 69% de los encuestados se mostró insatisfecho con la marcha del país. Los problemas que generan ese estado de ánimo son principalmente la falta de trabajo (39%), los bajos salarios (36%), la corrupción (29%) y la pobreza (29%). Al escudriñar en la gestión presidencial llamaron la atención cuatro palabras. Entre el 61% que lo rechazó se pronunció con dos vocablos muy duros: asco y decepción. En cambio, aquellos que están satisfechos con la tarea realizada, el 35%, la definen con estos dos términos: esperanza y confianza.Que la referencia política transmita más la sensación de asco que la de esperanza es una advertencia brutal. Da la sensación de un futuro incierto. Sin embargo, ese antagonismo es el nuevo escenario en el que se desenvuelve la vida pública. Sensaciones tan disímiles son la energía que pone en movimiento a los principales actores en la actualidad. “Todo es más tragicómico que épico. La furia de los líderes se parece más al cachascán que a la guerra. Los golpes espectaculares tienen algo de farsa que encanta al auditorio”, explican Jaime Durán Barba y Santiago Nieto en su último libro (¿Qué diablos nos pasó?)En ese escenario se van a desarrollar los comicios el año que viene. Tucumán no está ajeno a ello. Los autores de aquel trabajo resaltan un estudio publicado por el British Journal of Psychology que precisa que hoy la sociedad es más propensa a votar a los políticos populistas cuando los considera entretenidos. “La tristeza no comunica esperanza, se vincula con el aburrimiento, la fatalidad y el nihilismo. El discurso de líderes ricos que dicen que van a hacer reuniones austeras por solidaridad con los pobres suena a falsedad y avaricia”, sostienen los autores. Ellos sostienen que hay un triunfo del juego sobre las instituciones. Y consideran que “el problema de la política está en la incapacidad para jugar y conectar con los sentimientos de la ciudadanía”.Durán Barba y Nieto insisten en su libro con que “hoy ganan más fácilmente los candidatos que se parecen menos a los políticos de siempre”. “Suelen ser personajes nuevos, a veces carecen de experiencia en la función pública, tienen actitudes que generan conversación, aunque muchas veces son más pintorescas que profundas”, precisan.En base a estas dos consideraciones anteriores es difícil entender algunos movimientos de la política comarcana. De repente, ver alrededor de una mesa a referentes de la oposición, ¿qué significa?Seguro, no es un mensaje que entretiene. ¿Es una propuesta nueva?, seguramente se preguntarían los consultores citados. No, es la respuesta inmediata. Sin embargo, es novedoso ver el agua y el aceite alrededor de una mesa. Podría ser algo que genera preocupación en el oficialismo. Sin embargo, no lo es. Es que falta un ingrediente muy importante: La Libertad Avanza.Ni Durán Barba ni Nieto pueden sentirse desilusionados con el comportamiento de estos actores políticos. Si algo muestra la foto en cuestión son sentimientos propios de la ciudadanía. El miedo y el egoísmo son figuras fantasmagóricas que asoman en esa imagen registrada durante esta semana.Mitad partida en dosEl amontonamiento opositor deja claramente el mensaje de que si no se juntan se los llevarán puestos en el torrente electoral. Hasta ahora el peronismo encabezado por el gobernador Osvaldo Jaldo tenía claramente un rival: el candidato a gobernador de La Libertad Avanza. No había más. La vida política parecía dividida en dos mitades. Después de la foto esa mitad opositora aparece partida en dos.Si así fuera, el único que puede sonreír es el mismísimo Jaldo, quien sin mucho esfuerzo, puede ver la oposición dividida que le allana el camino a una reelección. De ahí que surgen las acusaciones cruzadas del lado opositor. Desde La Libertad Avanza se acusa a los demás de estar jugando con el oficialismo, lo que no ocurriría si se allanan a las reglas que ellos imponen. Del otro lado, piensan igual y sostienen que si La Libertad Avanza no se sienta en la mesa es porque le está haciendo el juego al oficialismo en connivencia con los guiños del gobierno nacional.En la búsqueda de contraargumentar, radicales, bussistas, Creo y actores de otros partidos de la oposición, consensuaron hacer una presentación judicial para entorpecer la candidatura a gobernador de Jaldo. Tal vez la única cuestión que puede preocuparle al titular del Poder Ejecutivo, ya que la postulación de Juan Manzur no le hace cosquillas. Al menos, hasta ahora. El planteo no es directamente en contra del mandatario. Apunta a la Constitución provincial que tiene demasiadas heridas. El planteo jurídico que pergeñan los escuderos del autoproclamado candidato a gobernador Mariano Campero es ir por la inconstitucionalidad del artículo 90 de la carta magna provincial. El argumento será frenar la perpetuidad en el poder. Un mensaje de que no siempre son las mismas caras.En el ajedrez opositor creen que con esta movida podrán en jaque a Lisandro Catalán que deberá decir si pone la firma en esta presentación. Hace tiempo avisó que esa movida está en estudio. Sin embargo, a juzgar por los procederes políticos de La Libertad Avanza es difícil que se haga algo que no sea encabezado por ella. Responden a una lógica muy mileísta: o todos se subordinan a ellos o todos se subordinan a ellos. No hay opciones.La foto de todos juntos también encierra una incógnita que no es fácil despejar. Los que estaban en esa reunión lo hacen por una ambición de poder y por un deseo irrefrenable de triunfar y sacarle el sillón de Lucas Córdoba al peronismo o simplemente para ser la claque electoral de un candidato a gobernador pero sacar el rédito de mantener un carguito para seguir conchabado en la política. De esto los opositores muchos tienen varios diplomas colgados en la pared.Igual a ChiquiEl estudio que dejó la Universidad de San Andrés destaca una muy baja valoración de los poderes públicos. El que mejor imagen tiene es el Poder Ejecutivo que llegó a un 23%. El Senado tiene un 15% y la Cámara de Diputados tiene sólo un 14% de imagen positiva. El Poder Judicial tiene más, aunque no alcanza ni para sentirse orgulloso ni para presumir. La ciudadanía que lo respalda sólo llega al 17%. Con guarismos como este no se entiende lo que está pasando en Tucumán con la Asociación de Magistrados. Mejor dicho, tal vez explique el porqué del deterioro institucional.Si un organismo integrado por magistrados que debería ser la tranquilidad y la paz del ciudadano, no son capaces de mostrar transparencia, flaco favor le están haciendo a la Justicia tucumana. En lugar de mostrar si gastaron o por qué gastaron los millones que dicen haber erogado, terminan recusando al juez que le pidió los informes. Al planteo además no lo hizo un ciudadano más sino un magistrado. Fue el juez penal Gonzalo Javier Ortega quien planteó que se explique el gasto de 22 millones de pesos en el rubro “comestibles y cafetería” y de otros más de 50 millones que se gastaron en obras sociales además de unos 7 millones que se transfirieron a la Unsta y unos 10 millones de gastos de farmacia. La institución que preside la camarista Marcela Ruiz no se sentó a abrir sus carpetas sino a ningunear a Ortega o rechazar al juez Pedro Yane Mana, que hizo lugar al pedido de investigación.Parte de la mala imagen que tiene el Poder Judicial es porque se ha visto colonizado por la política. Los valores jurídicos terminan cediendo ante las chicanas políticas que rápido aprenden a vivir en el Palacio. Por eso ante estos degradantes sucesos no surge la explicación sino la búsqueda de culpables. Y, en ese juego, el comentario es que no son buenas las relaciones entre Ruiz y el titular de la Corte Suprema de Justicia de la provincia, Daniel Leiva.Pero este tipo de explicaciones que cuajan en la política no pueden ser justificativos en la casa donde a cada minuto se juzga las conductas de los ciudadanos. Esconder papeles, amenazar con sanciones, apurar asambleas para convalidar lo que no es fácil explicar no son actos de buen ejemplo. “Están a nivel de Chiqui Tapia”, soltó un magistrado poco tolerante. “Los magistrados son seres humanos igual a vos o a mi. No sé por qué se espera más de ellos”, le contestó un abogado que no por pasillear es menos tolerante.