Exclusivas de La Gaceta
Imagine que su barrio crece repentinamente. El lugar donde vive, con el que tiene lazos emocionales y se identifica, se expande ante la llegada de nuevos vecinos. El crecimiento no es menor: la zona se ha ampliado casi un 20% en apenas un año. Aumentaron las casas y se crearon nuevas cuadras, pero en el proceso, el encanto de ese recinto familiar empieza a desdibujarse. Lo inquietante no es la expansión en sí, sino descubrir que gran parte de esos nuevos habitantes son robots. Entes autónomos, sin rostro ni sentimientos, que deambulan por las mismas veredas por las que usted camina para ir al almacén.Esta escena, un poco bizarra y que parece sacada de la ciencia ficción, es lo que está ocurriendo hoy en la web. Según el informe anual de Cloudflare, 2025 fue un año de crecimiento exponencial para el tráfico de internet, con una aceleración marcada durante el segundo semestre que alcanzó un aumento del 19% en comparación con 2024. El cambio de tendencia fue drástico a partir de agosto: desde ese mes, el volumen de datos en la red subió de forma constante hasta superar el ritmo de crecimiento del año anterior.Este fenómeno no es casual; responde a una combinación de factores técnicos y estacionales. Por un lado, el informe asocia este salto con el inicio del ciclo escolar en Estados Unidos, el lanzamiento de nuevos dispositivos y la transmisión de eventos masivos. Sin embargo, estos factores se repiten cada año. El verdadero diferencial de 2025 fue la intensificación de los bots de inteligencia artificial (IA) desplegados por toda la red.Estos "robots" se encargan de rastrear millones de páginas web, plataformas de video, redes sociales y sitios de noticias para entrenar modelos que ya tenemos integrados en nuestra rutina, como ChatGPT, Gemini o Claude. Actúan, en cierta medida, como humanos: entran a un sitio, buscan información, la procesan y saltan al siguiente. Son una suerte de censistas digitales que, con cada visita, actualizan el conocimiento de sus modelos.El tráfico no humano no es una novedad; Google indexa la web desde sus inicios para ofrecernos resultados de búsqueda. Pero este año marcó un hito en la configuración de internet. Estamos ante una competencia feroz por el ancho de banda, donde el tráfico generado por bots llegó a superar al humano en momentos clave. En promedio, los bots convencionales generaron un volumen de solicitudes un 7% superior al de las personas, una balanza que solo se equilibró hacia diciembre (47% de tráfico humano frente al 44% de bots). Es la radiografía de una infraestructura cada vez más automatizada, donde los sistemas de recolección de datos operan de forma ininterrumpida.No solo está cambiando la estructura de internet, sino también las reglas del juego para quienes crean contenido. Cloudflare introdujo este año el concepto de la tasa de "rastreo vs. referencia", señalando casos como el de Anthropic, que rastrea masivamente pero devuelve muy poco tráfico a los sitios originales. El cambio de paradigma es evidente: el usuario consulta a la IA, obtiene una respuesta extraída de una fuente humana, pero nunca llega a visitar esa fuente. Ante este escenario, muchos sitios comenzaron a bloquear a estos visitantes invisibles que extraen valor sin ofrecer nada a cambio.Históricamente, la relación entre buscadores y sitios web era simbiótica: "yo te indexo, vos me das tráfico". Hoy, el modelo se volvió, en muchos casos, parasitario. El crecimiento del tráfico en 2025, empujado por bots que rastrean pero no refieren, obliga a una reconfiguración total de las estrategias de visibilidad. Si la respuesta ya está en el chat, ¿cuál será el valor de visitar un sitio web?Para sobrevivir, los modelos de IA deberán ofrecer mayor transparencia y visibilidad sobre sus fuentes; no solo como una señal de respeto al creador, sino como una garantía de confianza para el usuario. Por su parte, los medios, empresas e instituciones se enfrentan a un dilema: bloquear a los robots para proteger su patrimonio o aceptar el desafío de ofrecer un valor que la IA no pueda replicar. Al final, serán las conversaciones auténticas y el contenido con identidad —como esa charla cara a cara con un vecino real— lo que nos devuelva el sentido de pertenencia y la auténtica conexión en un vecindario cada vez más sintético.