Notas con audio

A lo largo del siglo pasado, el coeficiente intelectual promedio creció. Esa tendencia se cortó y comenzó el proceso inverso más o menos en consonancia con la aparición de las redes sociales y de los teléfonos inteligentes ¿Qué tiene que ver el Mundial con todo esto?

What is Notas con audio?

Exclusivas de La Gaceta

Durante todo el siglo XX y principios del XXI, el coeficiente intelectual (CI) promedio de la población mundial creció ininterrumpidamente a un ritmo de tres puntos por década. Lo impulsaron las mejoras en la educación, en la alimentación y en el acceso a los libros. Sin embargo, esa tendencia se ha quebrado. Y existen situaciones en nuestra vida cotidiana que nos dan algunas pistas del escenario dramático al que nos enfrentamos.El declive intelectual comenzó a observarse con fuerza a principios de la década de 2010, es decir, en coincidencia con la aparición masiva de los smartphones y de las redes sociales. La inteligencia artificial es un fenómeno demasiado reciente para explicar esta caída, aunque -cuidado- amenaza con profundizarla.Aquel proceso de mejora en el CI global se conoce como el Efecto Flynn, en referencia al investigador neozelandes James Flynn, quien detectó e indagó en aquella curva positiva. Lo que nos ocurre actualmente se denomina el Efecto Flynn Inverso y se sostiene en estudios realizados por universidades y por centros de investigación en distintos puntos del planeta, especialmente en el hemisferio norte.La hormona del placerEs posible que la clave para entender todo este problema se encuentre en los dispositivos tecnológicos y en las redes sociales, tal como señalamos más arriba. Sucede que la exposición constante al estímulo que generan aplicaciones como YouTube, TikTok e Instagram ha acostumbrado al cerebro a "escrolear" constantemente y eso reduce el rango de atención a apenas un minuto o un minuto y medio ¿Cómo vamos a pretender que alguien lea un libro o vea una película si encuentra el resumen del argumento en un short o en un reel? Por supuesto que hay excepciones, pero la búsqueda del estímulo constante -y su consecuente descarga de dopamina en el cerebro, la hormona del placer- se está volviendo una de las grandes adicciones de nuestro tiempo. Y si esto ocurre con las cabezas de los adultos, no es difícil imaginar lo que sucede en las de los adolescentes o en las de los chicos que se encuentran en pleno desarrollo.El neurocientífico Mariano Sigman y el empresario y comunicador Santiago Bilinkis acuñaron un término interesante: el sedentarismo cognitivo. Lo definen como el acto de delegar tareas de pensamiento en herramientas tecnológicas, como los algoritmos o la IA, lo que debilita nuestra capacidad intelectual. Del mismo modo que ocurre con los músculos cuando dejamos de entrenar, si evitamos la duda y el esfuerzo mental, nuestra capacidad de pensar por cuenta propia se debilita. Esto afecta directamente el desarrollo del pensamiento crítico y la generación de ideas propias y originales. Frente a este escenario todo parece indicar que vamos camino a una distopía digna del cine. Bilinkis y Sigman ponen como ejemplo la película Wall-E. No es nueva, pero vale la pena buscarla.El mundial de los conspiranoicosTodo lo anterior puede servir para entender ciertos fenómenos que hoy nos sacuden. Ahí aparece el Mundial y buena parte de sus derivaciones. En las últimas semanas -cada vez con menos intensidad, por suerte- una serie de teorías conspirativas (una más seductora e inquietante que la otra, pero todas incomprobables) se tejieron alrededor del vestuario de la Selección Argentina. No vale la pena detallarlas, porque todos las conocemos. Más allá de lo disparatado de algunas de ellas, lo preocupante es que se volvieron verdades irrefutables para miles de personas. Estamos hablando, en muchos casos, de hombres y de mujeres que fueron a la universidad, que han desarrollado sus pensamientos críticos, que cuentan con capacidades de discernimiento, que conocen cómo verificar un dato para descartarlo si llegara a ser falso y que, sin embargo, han sucumbido a la influencia de los algoritmos. Porque de eso se trata: de una combinación perversa de teorías conspirativas, de manipulaciones deliberadas y de algoritmos, algoritmos y más algoritmos. Veamos por qué.El sesgo de confirmación es la tendencia a preferir y a recordar sólo la información que apoya y fortalece nuestras ideas previas y a rechazar aquellas que las contradicen. No es un fenómeno nuevo, pero ha sido potenciado al extremo por las redes sociales.Los algoritmos que están detrás de Facebook, de Instagram, de TikTok y de Youtube -y que, según los especialistas, constituyen una de las causas del Efecto de Flynn Inverso del que hablamos antes- tienden a mostrarnos posteos e información que están vinculados con nuestras acciones previas. Es decir: si nosotros nos demoramos viendo videos o contenidos relacionados con tal o cual tema, o si le dimos like a determinada persona, canal o temática, nuestro feed se inundará rápidamente con posteos sobre esas cuestiones. Es decir, se nos muestra aquello que se supone que nos interesa o con lo que nos sentimos identificados. El gran problema es que se invisibiliza el resto. Sin que nos demos cuenta, se nos cercena la posibilidad de contrastar la información, los datos, las versiones, etc. Esto es peligroso, porque nos vuelve vulnerables: en una era en la que la información es más accesible que nunca, nos encontramos expuestos a la manipulación como en ningún otro momento de la historia.Hay cada vez más gente (y no únicamente jóvenes) que admiten que sólo se informan a través de las redes sociales. Este dato es central y nos permite entender por qué disparates como los que hemos escuchado en las últimas semanas han prendido con tanta fuerza en personas de todos los niveles sociales y culturales. Y por qué se vuelve tan difícil discutir con ellos: se habla y se polemiza desde el sesgo de confirmación. Y contra eso es complicado avanzar. Si no, que lo digan los británicos, que fueron al Brexit en medio de una de las campañas de manipulación masiva a través de las redes sociales más escandalosas de la historia.Muestran la hilachaOjo: no estamos solos en esto. El Mundial ha servido para mostrar que todos, inclusive aquellos de los que uno espera cierta cordura, son vulnerables a estas cuestiones. Artistas de la talla de Samuel L. Jackson, Javier Bardem, Rosalía e inclusive el presidente Javier Milei (que sin revelar ninguna prueba dijo que Brasil financió el 25% de la campaña antiargentina) mostraron la hilacha.LA SELECCIÓN. Messi, De Paul, Dibu Martínez, Enzo Fernández y otros jugadores, durante el Mundial 2026 ARCHIVOArgentina jugó mal y España fue la mejor dentro de la cancha; eso es indiscutible. Pero como nos cuesta asumirlo abrimos el resquicio de la sospecha. Y ahí entra como una tromba todo lo anterior. Por suerte, existen preguntas que nos pueden ayudar a desempolvar el pensamiento crítico. Repasemos algunas: ¿quién postula la hipótesis que nos llega a través de las redes? ¿Alguien se hace cargo de todo ello o nos encontramos frente a individuos que, en un reel de Instagram, por ejemplo, dicen “se supo…” o “me pasaron un dato…”? ¿Alguien muestra alguna prueba, algún documento, una grabación, cualquier elemento que nos permita inducir que lo que se dice posee algún asidero con la realidad? ¿Quienes difunden estas cuestiones son personas que a lo largo de su trayectoria han mostrado seriedad y acceso a información verificada, o estamos frente a personajes semi anónimos o que se han hecho conocidos en streamings, por ejemplo, en los que se dice cualquier barbaridad sin remordimientos ni consecuencias? ¿Qué tan editados están los contenidos que consumimos? Hoy todavía es posible advertir con cierta facilidad si un video está hecho con IA, y eso es una ventaja para la sociedad. La aprovechemos.