Parteaguas Diario

El Mundial no llenó todos los restaurantes por igual. Mientras algunos partidos dispararon las ventas, otros dejaron mesas vacías. El dato más revelador ocurrió durante México vs. Ecuador: los restaurantes de ticket alto vendieron hasta 78% más, mientras los negocios económicos apenas sintieron el efecto. ¿Qué explica esta diferencia? En este episodio, Jonathan Ruiz analiza cómo el consumo está cambiando y por qué las personas con mayor poder adquisitivo ya no buscan acumular más objetos, sino vivir experiencias difíciles de repetir: viajes remotos, cenas exclusivas, conciertos, deportes y lugares a los que pocos pueden acceder.
El lujo ya no siempre se presume en un reloj, un automóvil o una bolsa. Una conversación sobre futbol, restaurantes y el nuevo negocio de vender recuerdos inolvidables.

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Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.

# El de México vs. Ecuador fue el mejor día

Ya quedó atrás, pero eso permite hacer un análisis. ¿Cuál creen que fue el mejor día para los restaurantes de México? No, no fue el del partido de México contra Inglaterra. El mejor, en términos de movimiento e ingresos durante el Mundial, fue el de México vs. Ecuador, el 30 de junio.

Ese día, los restaurantes tuvieron 51% más ventas que en una jornada habitual.

¿El partido que menos dinero dejó? Precisamente el juego contra los ingleses, cuando estos establecimientos vendieron 9% menos que en un día común. ¿Por qué? Porque muchos lo vieron en casa, al haberse disputado en domingo, cuando mucha gente descansa.

Son datos que surgen de la Copa del Mundo y de un análisis de la facturación durante esas recientes jornadas deportivas, elaborado por Soft Restaurant, la empresa que permite que la comanda llegue a la cocina y la dolorosa cuenta, a la mesa.

Atención, porque ese reporte, llamado “El Mundial llenó los restaurantes. Pero no a todos por igual”, revela algo más que la manera en que ustedes afilaron su tarjeta de crédito pagando rondas de cervezas.

Una señal clara es que la gente con mayor poder adquisitivo se apropia cada vez más del mercado de las experiencias, como los viajes, los conciertos, las cenas y los deportes.

Un ejemplo surge también del partido que más mesas llenó: el que enfrentó a las selecciones mexicana y ecuatoriana de futbol.

Los restaurantes de ticket bajo casi no sintieron el Mundial, explicó Soft Restaurant en su informe. Los de servicio completo, con mesa, barra y ticket alto, fueron los que se llenaron.

Los negocios cuyo ticket promedio va de 500 a 800 pesos tuvieron 78% más ventas ese 30 de junio que en un día habitual.

Aquellos con tickets superiores a 800 pesos vendieron 63% más. Es una cifra que contrasta con la de los establecimientos que cobran menos de 300 pesos por ticket, entre los que se encuentran muchas cantinas y que apenas registraron 13% más ventas.

Es solo una estampa de un fenómeno global que también quedó a la vista con el precio de los boletos en los estadios del Mundial.

La consultora Bain & Company y la Fondazione Altagamma colaboran en la elaboración de un estudio sobre el mercado mundial de artículos de lujo. De acuerdo con Bain-Altagamma, los grandes consumidores del lujo global pasaron de representar 30% del gasto total en 2019 a 47% en 2025.

Euromonitor documenta que el “lujo experiencial” creció 10% en el último año, mientras que los bienes personales de lujo apenas avanzaron 5%. El segmento de la gastronomía de lujo proyecta una expansión de 37% en cinco años. El dinero está migrando, y no de forma marginal.

La lógica es clara: cuando ya tienes todo lo que se puede tener, lo que marca la diferencia es aquello que muy pocos pueden vivir.

El estatus dejó de medirse por lo que acumulas y empezó a medirse por lo que experimentas. Antes eran el reloj, el auto y la bolsa; ahora son la mesa a la que te sentaste y el lugar al que llegaste.

Tres frentes ilustran cómo se mueve este mercado.

Primero, los viajes. Lindblad Expeditions, una empresa estadounidense de viajes y cruceros de aventura especializada en expediciones a lugares remotos, reportó 771 millones de dólares en ingresos durante 2025, un crecimiento anual de 20%, junto con los niveles más altos de satisfacción de su historia.

Su CEO, Natalya Leahy, explica que sus clientes ya no coleccionan destinos: buscan experiencias que los hagan ver el mundo de una manera distinta.

Expediciones privadas a lugares remotos, itinerarios diseñados para una sola familia y yates que no son un medio de transporte, sino el lienzo completo de la experiencia.

Después viene, nuevamente, la gastronomía. El mercado de las experiencias culinarias de nicho crece a una velocidad que ya llama la atención de industrias adyacentes, como la moda, que lo reconoce como su próxima frontera.

Cenas con chefs en residencia, mesas únicas en locaciones secretas, menús de degustación en los que la narrativa importa tanto como el sabor y acceso directo a productores y territorios. El chef es el espectáculo. La mesa es el escenario. La experiencia, efímera e intransferible, es el producto.

Y, a veces, también lo es un Mundial con un México vs. Ecuador.