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¿Virginia Mercado encubrió a él o a los asesinos de Paulina Lebbos a lo largo de más de 20 años? Quien era la mejor amiga de la estudiante de Ciencias de la Comunicación ¿fue parte de un plan orquestado para que quien haya acabado con la vida de la joven quedara impune y concretara el crimen perfecto? Por estas horas, estas preguntas resuenan en los escritorios judiciales. Es que la mujer, que hace años volvió a su Aguaray natal en Salta comenzó a ser juzgada hoy en otro debate que se desprende del expediente principal que aún hoy, a más de dos décadas de aquel infausto 26 de febrero de 2006, no pudo determinar quién o quienes cometieron el crimen. Y aunque aún queda la etapa de alegatos, a partir de los testimonios que se escucharon en la audiencia que presidió el juez Eduardo Romero Lascano, no pareciera haber indicios que permitan determinar si realmente existió ese encubrimiento por lo que, de ser así, la causa se encaminaría a un sobreseimiento.No es que Virginia fue la última persona que vio con vida a Paulina. Ese fue el homicida. Pero sí fue quien compartió sus últimos momentos y con quien estuvo hasta el último instante en el que se conoció una ubicación fija: calle La Rioja al 600, casi General Paz, donde residía la joven salteña. Ambas habían estado junto a otros amigos en el boliche Gitana de la zona de El Abasto y cuando salieron, después de las 6, tomaron un remise en la esquina de avenida Alem y pasaje Gutiérrez. Nunca estuvo claro si fue un Fiat Duna o un Renault 9 y lo más concreto que pudo aportar la testigo fue el color: bordó. Desde allí fueron al departamento de Mercado, quien se bajó, buscó una mochila que Paulina había dejado en la residencia, se la entregó y luego la vio partir. Durante su charla en el auto Paulina le había dicho que iba a la casa de su pareja y padre de su hija, César Soto. Eso, en síntesis, fue todo lo que a lo largo de los años pudo aportar Mercado a la causa.En 2019, y luego de que su declaración incurriera en contradicciones y olvidos, los jueces Carlos Caramutti, Rafael Macoritto y Dante Ibáñez ordenaron que se la investigara por falso testimonio y encubrimiento. En febrero de este año, sus abogados llegaron a un acuerdo con la fiscalía para que se realice un juicio abreviado en el que Mercado admitiría que mintió en sus declaraciones, con una pena de prisión condicional. Entre las principales contradicciones se señaló la variación en los horarios de salida del departamento que compartía con Paulina, el momento exacto en que ingresaron al boliche Gitana y el lapso que permanecieron allí. También se verificaron versiones opuestas sobre si había visto o no de frente al remisero que las trasladó tras salir del local nocturno, pese a que en declaraciones anteriores había brindado una descripción física detallada del conductor. Pero luego de escuchar a la imputada, el juez Patricio Prado rechazó el acuerdo. “En el caso bajo examen -afirmó -, la imputada incurrió en respuestas evasivas y absoluta falta de precisión respecto de los extremos fácticos que constituyen el núcleo de la acusación. Dicho de otro modo, en las dos oportunidades que tuvo de expresarse ante este Tribunal (el 12 y el 27/02/2026), y tras ser informada por este magistrado sobre la garantía contra la autoincriminación que la amparaba, Virginia Mercado indicó comprender todo y que declararía. Dijo no recordar nada, aunque se declaraba culpable”. Y agregó: “en resumidas cuentas, la respuesta de la imputada fue admitir que había cometido un hecho cuyas circunstancias más elementales no recordaba. No fue capaz de evocar qué hizo, cómo lo hizo, a quién favoreció o perjudicó con su proceder, etc. La postura de la acusada resulta, como puede apreciarse, incompatible con elementales reglas de la lógica y las máximas de la experiencia: ¿cómo se puede admitir haber cometido un hecho que, en realidad, no se recuerda haber cometido?”. Tras esto, se decidió que se haría un juicio oral, que comenzó hoy.La falta de querellaEn la sala estuvieron el juez, la secretaria, la fiscal Jerez y su auxiliar, Lebbos y su abogado Mussi. La audiencia tuvo dos momentos importantes antes de que comenzara el desfile de testigos. Por un lado, el juez Romero Lascano le negó a Alberto Lebbos, padre de Paulina, y a su abogado, Juan Mussi, la posibilidad de constituirse en querellantes ya que el delito que se investiga es contra la administración pública y el Estado no se presentó para ocupar ese rol. Y por otro, Mercado, amparándose en sus derechos, se negó a declarar y a contestar preguntas.Luego pasaron ante el estrado y vía zoom Gisella Remis, Diego Martín, Claudia Cequeira, Jimena Mercado (hermana de la acusada) y Alejandro Aramayo. Ese fue el grupo que junto a Paulina y a Virginia fueron a bailar ese 26 de febrero. Pero ninguno pudo aportar algún dato que, por un lado, comprobara que Mercado había encubierto, ni mucho menos, que posibilitara dilucidar qué pasó con la joven Lebbos. También declaró el licenciado en psicología Christian Raddi, quien habló sobre los procesos de la memoria y las razones por las que alguien puede olvidar las cosas. Así, tras esto, el juez decidió dar por concluida la etapa de testimonios y de incorporación de pruebas y ordenó un cuarto intermedio hasta el lunes. Ese día la fiscal Marta Jerez y el defensor Elías Abi Cheble presentarán los alegatos finales y luego la resolución del caso quedará en manos de Romero Lascano. Pero, hasta aquí, nada hace prever que habrá una condena y así el caso sumará un nuevo acto fallido para acercar la causa a la verdad, tal como ya sucedió con las imputaciones a Sergio Kaleñuk, a quien finalmente no se acusó por falta de pruebas por el delito de encubrimiento agravado, y de César Soto, quien fue absuelto por falta de pruebas.Mercado, a principio de año, admitió que no había dicho la verdad, pero nunca pudo explicar cuál fue esa mentira ni a quien protegía. En su entorno advirtieron que lo único que realmente quería era dar por terminado un proceso que, según ella mismo dijo, le arruinó la vida a tal punto que hoy sufre una delicada enfermedad. Alberto Lebbos, en cambio, sostiene que efectivamente ella fue parte de un plan para ocultar la identidad de quien mató a su hija y se quejó airadamente de que no le permitieron ser parte del proceso para aportar pruebas. El lunes se sabrá si este otro juicio de un caso aberrante termina sin culpables, culpa de una investigación deficitaria y tendenciosa, y sin pistas que permitan responder la pregunta más importante de todas y que lleva 20 años y cinco meses sin respuesta: ¿quién es el asesino?