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El caso de Marcelo Trejo, el estudiante imputado por subir una historia en Instagram, abrió una discusión entre estudiantes, psicólogos y especialistas sobre el humor universitario, el estrés académico y los límites en un contexto atravesado por el miedo.

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Una estudiante de 18 años, ingresante de Psicología oriunda del interior tucumano, se enteró del caso por un rumor que corría los pasillos de la facultad: un alumno había llevado un arma. "Pensé que tenía problemas de salud mental graves", recuerda. Cuando supo que en realidad había reposteado un meme en sus historias, su reacción fue otra: “Podría haber sido yo, es un chiste que cualquiera puede hacer con amigos".Entre esas dos lecturas del mismo hecho —la de una amenaza y la de un meme universitario más— se abrió una discusión que durante semanas atravesó aulas, grupos de WhatsApp y redes sociales. El protagonista del debate, y posterior causa judicial, fue Marcelo Trejo, estudiante de 24 años de Psicología en la UNT. Días después de desaprobar un examen libre, compartió en sus historias una publicación: una foto de una pistola en una mochila y la frase "Pierdo el parcial y el profesor pierde la vida”, acompañada por la canción “Tiempo pa’ matar”.El 9 de abril, una ayudante estudiantil de la cátedra donde había rendido vio la publicación, hizo una captura de pantalla y alertó a las autoridades. Lo que siguió fue una denuncia formal, una imputación judicial por amenazas y una prohibición de acercarse a la facultad donde cursaba tercer año.Para muchos estudiantes, era un meme más. Para otros, era imposible leerlo de esa manera. Y el contexto, como casi siempre, explicaba gran parte de la reacción.ENTRE EL HUMOR Y LA DENUNCIA. El caso del estudiante de Psicología imputado por un meme abrió un debate en la UNT. / ARCHIVO LA GACETA Policías en las puertas y un meme en el momento equivocadoEn los días previos, la provincia vivía un clima de alarma. Habían circulado amenazas de tiroteos en varios colegios de San Miguel de Tucumán, lo suficientemente serias como para que el gobernador Osvaldo Jaldo dispusiera presencia policial en las entradas de las escuelas. En ese contexto, una pistola dentro de una mochila escolar dejó de leerse como humor negro y empezó a alimentar el miedo de la comunidad educativa."En un contexto donde hay amenazas de tiroteos escolares, algo que podría ser una broma se transforma en una amenaza real. Porque ya sabemos que eso, que podría ser un chiste, también puede volverse realidad”, dice la psicóloga Carmina Varela.Pero Trejo no había creado el contenido: pertenecía a una página de humor universitario colombiana. La propia página salió a defenderlo públicamente y pidió disculpas: "No puede ser que metan a alguien preso por repostear un meme". El 7 de mayo, las seis docentes que figuraban como víctimas retiraron la denuncia. El sobreseimiento quedó encaminado, pero Trejo ya había perdido casi un mes de cursado.Retiran la denuncia por amenazas contra el estudiante de PsicologíaEstudiar bajo presión: el humor como forma de descargaPara entender por qué tantos estudiantes se identificaron con Trejo desde el primer momento, hay que entender cómo funciona hoy el humor universitario en redes sociales.La estudiante de 18 años que siguió el caso desde adentro de la facultad describe lo que vive desde que empezó la carrera. “El primer parcial lo viví llorando del miedo, aun cuando había estudiado. Me siento como un bebé aprendiendo a caminar en un lugar donde todos parecen saber correr”, cuenta.Dice que ese tipo de memes aparecen constantemente en grupos de estudiantes, historias de Instagram y cuentas universitarias. Chistes sobre desaprobar, colapsar, no dormir o “morirse” por la facultad. “Hay veces que sentís tanta presión que terminás haciendo humor con eso porque si no explotas”, resume.Varela vincula ese fenómeno con una idea desarrollada por Sigmund Freud en “El chiste y su relación con el inconsciente”: el humor como vía para expresar emociones o pensamientos que normalmente quedarían reprimidos.“Lo que no nos animaríamos a decir seriamente muchas veces aparece en forma de chiste. Los memes cumplen hoy exactamente esa función”, explica.El administrador de una página de memes de Arquitectura de la UNT coinciden en que ese tipo de humor es habitual entre estudiantes porque exagera experiencias compartidas: frustración, ansiedad, agotamiento o miedo a desaprobar. “La mayoría podía entender que era un chiste”, cuentan. Aunque también reconocen algo clave: “No era el contexto adecuado”.MEMES, MIEDO Y UNIVERSIDAD. Estudiantes y especialistas analizaron el impacto del caso Trejo en la comunidad universitaria. / ARCHIVO LA GACETA La grieta: entre la empatía y el repudioPero no todos reaccionaron igual frente al caso. Tomás Álvarez Pena, estudiante de Ciencias Políticas de la UNSTA e hijo de un docente universitario, asegura que desde el primer momento interpretó la publicación como algo grave. “Me pareció un acto repudiable. No lo vi como un meme inocente”, sostiene.Para él, el caso refleja un clima social más amplio. “Hay una violencia que se volvió cotidiana y también llegó a las universidades. Se corrieron mucho los límites de lo que se considera una broma”, dice.El psicólogo especializado en bullying Flavio Garlati cree que el caso no puede leerse únicamente desde la lógica del meme. “No se puede generalizar y decir que todo humor negro implica violencia real”, señala. Pero al mismo tiempo remarca que la publicación incluía una imagen de un arma y una referencia explícita a la muerte de un docente. “Ahí había una situación que necesitaba ser evaluada”, sostiene.Según Garlati, antes de avanzar con una denuncia penal podrían haberse considerado otros elementos: si la cuenta era privada, cómo circuló la publicación y cuál era el historial del estudiante dentro de la facultad. Aun así, entiende que el contexto modificó completamente la lectura del caso. “La institución actuó priorizando la seguridad”, resume.Compartir también tiene consecuenciasEl doctor en Filosofía Tomás Balmaceda explica la paradoja de fondo: internet funciona con lógicas colectivas de remix y circulación, pero las consecuencias siguen siendo individuales. Para él, los memes no son chistes simples: condensan tensiones sociales y permiten procesar mediante la risa lo que de otro modo sería difícil de sostener. "El meme no trivializa la realidad, sino que la vuelve digerible y el humor negro en memes es a la vez catarsis, comentario social y estrategia de posicionamiento subjetivo”, dice."Compartir es un acto performativo. No solo difunde contenido, sino que posiciona al usuario frente a ese contenido. Aunque el contenido sea de todos, la enunciación siempre es situada”, expresa Balmaceda.Trejo no creó la imagen. La reposteó. Pero fue él quien quedó imputado. Las plataformas, señala Balmaceda, no son ajenas a esto: sus algoritmos privilegian lo que genera reacción inmediata. "No crean los memes, pero deciden cuáles se ven y cuáles no", suma.En lo que tiene que ver estrictamente con lo legal, ¿Es un delito resubir un meme? La abogada María José Messina traza una distinción técnica: un posteo califica como amenaza bajo el Art. 149 bis del Código Penal cuando contiene el anuncio de un mal futuro, grave y posible, con entidad suficiente para quebrar la seguridad psicológica del destinatario. La clave, dice, está en el ánimo: el meme opera bajo lo que el derecho llama animus jocandi —la intención de hacer humor, no de causar temor. Pero esa distinción se complica en el entorno digital."El contexto funciona como un agravante de la verosimilitud", explica Messina. En un escenario ya atravesado por una psicosis digital, un posteo que en otro momento sería ruido digital se procesa como riesgo inminente: si el ecosistema ya está vulnerable, el impacto del mensaje escala y con él su relevancia penal. Y hay otro matiz que el caso Trejo pone sobre la mesa: repostear no es un acto neutral. Quien republica un contenido amplificando su alcance puede quedar encuadrado como partícipe. La plataforma distribuye; la responsabilidad, recae en quien comparte.Una pregunta que queda abiertaLa causa se encamina al cierre. Pero el episodio dejó algo más difícil de resolver: por qué tantos estudiantes reconocieron ese meme como propio sin dudar un segundo.Como dice Varela retomando a Freud, si el chiste es una manifestación del inconsciente, la pregunta no es si el meme daba risa o no. La pregunta es qué nivel de agotamiento lleva a que una imagen así resulte no sólo comprensible, sino completamente identificable.