Notas con audio

La crisis del transporte es una cuestión que se hunde por la impericia de la conducción y no de los choferes, precisamente. El conflicto ya no sorprende porque se volvió una rutina del fracaso. Empieza la coreografía electoral sin propuestas, pero con griteríos.

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“No le dediquen tiempo al tema del transporte. Es como Juancito (el pastorcito): 'Ahí viene el lobo'. Lo hace tantas veces que uno al final ya no le lleva el apunte” Con estas mismísimas palabras comenzaba un análisis de esta columna escrita el 24 de septiembre de 2024 apoyándose en el pensamiento de un lector. Se trata de un texto vetusto que mantiene vigencia. El lector de LA GACETA podría habernos mandado ese mensaje esta semana y tendría razón. Es como si la semana en lugar de no volver nunca más estuviera ensañada en retornar, en no irse jamás.Y, es cierto que ya no sorprende a nadie. La historia es conocida por todos. “Siempre pasa lo mismo. Y, mientras todos los actores se preparan para repetir el mismo parlamento de siempre, en otros escenarios los taxistas y los que manejan un Uber “van a borderó” con las ganancias”. Así concluía el segundo párrafo del enfoque del domingo de hace dos años.Mucho tiempo más atrás la historia era la misma, pero el ómnibus todavía era algo imprescindible, tenía la competencia del taxi que seguía, por entonces seguía siendo una forma de viajar un poco -muy poquito y si la suerte ayudaba- más cómodo. Pero en la actualidad Uber pasea orondo por las calles tucumanas.En estos tiempos de Inteligencia artificial y de aplicaciones la vagancia, la inutilidad y la eficacia humanas están de huelga.La intendenta Rossana Chahla es una médica que llegó a la política por su gestión durante la pandemia. Fue durante ese lapso de ostracismo humano cuando su autoridad creció. La cosecha le alcanzó para obtener triunfos electorales. Por eso ella no quiere parecerse a nadie que venga de la política. Haber sido la primera intendenta de San Miguel de Tucumán electa hace que sienta que todo comienza a partir de su llegada. Produce su propia película y los cortos se pueden ver en las redes sociales como una suerte de spoiler de la vida real.Sin embargo, la crisis del transporte la trae a la realidad como si fuera la propia Ley de la Gravedad. El gabinete municipal parece ser parte del álbum del mundial. La intendenta cambia figuritas como los chicos pero eso no asegura triunfos.El ómnibus es el transporte del fracaso. No ha habido ni un intendente, ni un concejal, ni un funcionario municipal ni un funcionario provincial que haya salido airoso de este conflicto. Ninguno ha encontrado la salida de este laberinto. Han sacado el carnet de fracasados y de inútiles.Los ciudadanos han aprendido que nadie afronta el problema pensando en ellos. La discusión siempre es cuánto subirá el viaje en ómnibus y luego las discusiones de siempre sobre los recorridos, los estados de las unidades y otras cuestiones que una vez solucionadas sólo benefician a los empresarios.Presas de los nuevos paradigmas, los actores de esta nueva serie, son protagonistas de una película muda. No pueden dialogar. No saben hacerlo. Por eso esta semana que nunca más volverá -salvo que se suba a un ómnibus- llovieron cartas documentos. El presidente de Aetat (la organización que nuclea a los empresarios del sector), Roberto Orell, maltrató al flamante secretario de Movilidad Urbana, Carlos Arnedo. Le pidió que actúe como un funcionario probo y que cumpla con sus funciones.El final seguramente será el mismo de siempre. En pocos días -si es durante el mundial de fútbol, mejor- el Concejo Deliberante se reunirá y una mayoría de concejales encontrarán argumentos “irrefutables” para que aumente el precio del viaje en ómnibus. Si no consiguen las mejores palabras para sus parlamentos habrá que esperar que los trabajadores amenacen o hagan un paro y si eso ocurre será más fácil justificar el incremento. Si se da, habrá tiempo para pensar cómo será el próximo capítulo de esta serie. “Ya se puso en marcha la coreografía de la suba del boleto”, advirtió en estos días el Dúo Dinámico de la ciudad. Los ediles José Canelada y Gustavo Cobos insisten en una solución de fondo.Si bien la política tucumana ya empezó la campaña electoral, el tema del aumento del boleto no está incluido en ninguna plataforma ni tampoco es una cuestión que se quiera debatir a fondo. Tal vez el lector del comienzo de esta nota y de la del 24 de septiembre de 2024 tenía razón. Nadie le lleva el apunte porque les ganó el cansancio de ser espectadores de la incapacidad dirigencial tanto pública como privada para hacer andar de una vez por todas el ómnibus.Discusiones y agraviosLa campaña que está en marcha tampoco es un gran escaparate de ideas ni de proyectos que dejen embelesado al votante. Transita por los caminos más desagradables de la discusión y del agravio. Ningún dirigente hasta ahora aparece desplegando sus ideas para transformar una provincia que se desluce ante sus vecinos. Por el contrario, oficialistas y opositores sólo son escuchas atentos para responder con una agresión lo que escucharon.En una entrevista que se le hizo en la plataforma televisiva de LA GACETA, el analista político Andrés Malamud trató de desdramatizar estas cuestiones advirtiendo que a la democracia no hay que “romantizarla” tanto. Y también destacó que este destrato con el que pretenden seducir la dirigencia actual es un virus que tiene alcance de pandemia. Es un problema en todo el mundo, destacó Malamud.Tanto es un tema mundial que el propio León XIV lo explicitó el lunes que ya pasó en su encíclica “Magnificas humanitas”. “La guerra no sólo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo. Cuando se atenúa la memoria histórica y se debilitan los criterios éticos que protegen a los civiles y a los más frágiles, se vuelve más fácil presentar la violencia como necesaria, inevitable o incluso limpia”, señaló el Pontífice en una de las 110 páginas que desarrolló. Mientras esto se conocía el tristemente célebre “Pichón” Segura salía a la calle prometiendo ser buenito por tres años y no tomar ni una cerveza. Y, en Buenos Aires directamente se negaba la existencia de nada menos que la vicepresidenta de la Nación, alguien que la votaron los argentinos, pero la eligió el Presidente para ocupar el lugar en el que está.Moviendo la tropaEn las tiendas de campaña de los comicios que aún no se ven en el horizonte las preocupaciones de los diferentes generales es acomodar las huestes. El gobernador dejó señales en los días que pasaron. Una foto en la que se lo ve junto a la intendenta Chahla y con el vicegobernador Miguel Acevedo sirven de indicio para empezar a alinear a la tropa peronista. La interpretación en el idioma verticalista de los peronistas es que habrá reelecciones por doquier. En El Cadillal se desgañitó gritando el nombre de Chahla y recordando que estaba allí, con ellos. Obviamente, estaba subrayando sin decirlo que no estaba con otros dirigentes peronistas.Las caras repetidas entusiasman al campamento de la Libertad Avanza. Allí Lisandro Catalán tiene el dedo mágico que habilita y cierra el paso en el fuerte mileísta. El radical Mariano Campero lleva el estandarte de Patricia Bullrich y con él intenta ingresar a la fortaleza, pero las puertas no sólo están cerradas sino que cualquier aproximación pone en alerta a los guardias que levantan los arcabuces listos para disparar.El radicalismo residual, en tanto, se ha puesto en marcha en la búsqueda de normalizar su partido que en los próximos tres meses debe normalizar esa agrupación.Todos estos movimientos con sus diferentes corrientes internas se hacen sentir en el recinto de la Legislatura donde los diferentes representantes empezaron a olfatear los comicios y ya sacaron cuchillo y tenedor. Por eso aparecen algunos temas, aunque para los de reducción de gastos, transparencias de los emolumentos, eliminación de impuestos y otros tópicos por el estilo hacen falta bisturíes.En la vereda, universitaria, en tanto, hay una cuenta regresiva y pareciera que las autoridades han quedado encerradas en una plaza y creen que sólo la puede abrir la Justicia y no ellos mismos. Es comprensible, ya lo advirtió el mismísimo Papa.