Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.
Viernes 26 de junio de 2026. Oigan, me está muy buena esta historia que les va a contar Juan Carlos García Barcarla en torno a los derechos de transmisión de fútbol justo ahora, en estos días futboleros. Y otra cosa que también es interesante en este asunto que tenemos que ver al margen de la pelota. Es una oportunidad enorme de negocio para grandes inversionistas en México y tiene que ver con refinación, pero no de la que ustedes piensan. Yo soy Jonathan Ruiz, esto es para. Bienvenidas, bienvenidos. I love it. En mi columna Parteaguas publicada hoy en El Economista, la verdad, sí necesitamos más refinerías. Si la intención es seguir en el mercado de América del Norte, una jugada hábil para inversionistas mexicanos debería estar en la refinación. Esto es es un reconocimiento a las estrategias de un conocido político. El país necesita refinerías, pero precisamente de las que no se han construido recientemente: las petroquímicas o, más interesante aún, las de minerales críticos. La gente piensa que un país con reservas de minerales debería ser una nación rica y próspera por ese solo hecho. Pero, pues, muéstrenme una, una sola que lo sea. Jeffrey Sachs le dice a eso la maldición de los recursos, The Resource Course. En fin, el negocio en verdad está en refinar minerales, pero esta vez de los raros, de los que sirven para hacer baterías o chips que se integran a un smartphone, a una computadora o a un centro de datos: litio, cobalto, níquel, grafito, neodimio, disprocio, silicio, incluso galio. Sí, sí, silicio, incluso galio y germanio. Metales críticos utilizados en la producción de semiconductores, microprocesadores avanzados y tecnología militar. Todo de lo que Estados Unidos necesita. Algunos políticos caen en la tentación de presentar al país como una futura Arabia Saudita de tierras raras. Es una exageración. México no figura como potencia mundial en reservas o minería de estos materiales. Tampoco existe a Donde permiten ver los datos públicos, una gran refinería mexicana de tierras raras. Ahí está la oportunidad nacional: convertirse en el taller químico e industrial de Norteamérica. Las necesidades de los vecinos provocaron que Estados Unidos y México abrieran recientemente una mesa formal sobre minerales críticos. El plan bilateral contempla precios mínimos, estándares regulatorios, cooperación técnica intercambio de información geológica, ojo, intercambio de información de lo que está debajo de la tierra, acopio de reservas y, más importante, la identificación de proyectos de minería, procesamiento y manufactura. No es detalle menor que la palabra procesamiento aparezca junto a minería. Ahí está la puerta. En otros continentes, Estados Unidos está promoviendo entre sus socios del G7, es decir, Los siete países más poderosos del mundo, un mecanismo para sostener precios mediante subsidios, compras garantizadas y aranceles ajustables. El objetivo es reducir la depresión de China, que domina eslabones clave del procesamiento global. Quieren asegurar una cadena de suministro confiable y bajo control. Hoy, la cadena no se rompe solamente en la mina, sino en la refinación. Una tonelada de mineral no sirve de mucho si tiene que viajar a China para convertirse en insumo industrial. Lo que necesita Norteamérica no es solo más extracción, necesita separación, purificación, refinanciación reciclaje, metalurgia, química fina y manufactura de derivados. No hay suficiente. Ahí está la clave. México no tendría que esperar a descubrir el yacimiento perfecto para entrar en el negocio. Podría atraer plantas que procesen concentrados provenientes de Canadá, Estados Unidos, Brasil, Chile, Perú, Argentina o Australia y convertirlos en materiales cercanos al mercado industrial estadounidense. El TEMEC, es decir, el Tratado MéxicoPerú Unidos y Canadá, la frontera, los parques industriales, la experiencia manufacturera y la demanda automotriz juegan en favor de México. Conviene no vender humo. Una refinería de minerales críticos no es como tal una maquiladora impecable. Puede requerir agua, energía abundante, reactivos químicos, manejo de residuos peligrosos y controles ambientales estrictos. En tierras raras, además, hay Algunos procesos pueden arrastrar residuos complejos. Si México quiere esa industria, no puede improvisarla con permisos expres ni con discurso nacionalista. Una planta de procesamiento en un corredor industrial bien elegido luce oportuna. Si no necesita una nueva concesión minera, si opera con insumos importados o reciclados, si se instala donde ya hay energía, agua tratada, logística, proveedores químicos y supervisión ambiental, un Proyecto así puede competir y ser rentable. Ese es el punto que debería ocupar a la Secretaría de Economía a cargo de Marcelo Ebrar. Ahí no se trata de perseguir minas, sino refinerías, laboratorios, plantas piloto, reciclaje de baterías, de agua, producción de materiales para imanes y acuerdos de compra de largo plazo. El riesgo de no hacerlo es caer en la historia latinoamericana de toda la. Latinoamérica, exportar concentrados baratos e importar tecnología cara. La oportunidad es precisamente romper esa historia. Yo soy Jonathan Ruiz y ahora sí vamos con Juan Carlos García Barcala y su historia futbolera. México ganó sus tres partidos de la fase de grupo, los tres, algo que nunca había pasado en toda la historia de los mundiales. El país está eufórico todos estamos muy felices y con razón. Pero mientras todos celebramos los goles, hay algo más que está ocurriendo con el fútbol mexicano: algo que no se ve en la cancha, algo que tiene que ver con lo que las grandes ligas del mundo, la Premier League, la Liga, la Bundesliga, entendieron hace años y convirtieron en una ventaja enorme: quien controla los derechos controla el negocio. Y la Liga MX acaba de decidir que ya es hora de jugar ese partido también. Soy Juan Carlos García Barcala y esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. I love it. El Mundial es el evento deportivo más visto del planeta. Cada cuatro años, miles de millones de personas se detienen a ver lo mismo al mismo tiempo. Y cada cuatro años, las ligas domésticas de todo el mundo reciben algo que no se compra: visibilidad global gratuita. Los jugadores brillan, los clubes aparecen en pantalla y el fútbol como producto sube de valor en todo el mundo. Eso es exactamente el momento que la Liga MX eligió para mover una ficha que lleva años sobre la mesa. La Liga anunció su intención de acudir a los mercados financieros. La evaluación oficial ronda los 13 mil millones de dólares. Hay inversionistas interesados en tomar hasta el 10 de la entidad y los Clubes aprobaron que la liga tenga por primera vez personalidad jurídica propia, separada de la Federación Mexicana de Fútbol. Eso es lo que dice el comunicado. Lo que el comunicado no dice es lo que importa. La Liga MX está intentando dejar de ser una asociación de clubes para convertirse en una empresa de medios y contenidos. Durante décadas, el fútbol mexicano operó de una forma que, visto desde fuera, parece difícil de creer. Cada club negociaba por su cuenta sus contratos de televisión, sus patrocinios, su estrategia comercial. El América por un lado, las Chivas por el otro, el Cruz Azul actual campeón, el Monterrey. Cada quien con lo suyo. El resultado fue exactamente lo que produce esa fragmentación: enorme disparidad de ingresos entre clubes, audiencias divididas, aficionados obligados a pagar dos o tres plataformas distintas para ver la misma jornada y una posición débil frente a las televisoras a la hora de negociar. Conecta eso con lo que estás viendo en el Mundial. FIFA negocia los derechos del torneo como un solo paquete global, un solo comprador, un solo precio, una sola experiencia. Por eso puede mover cifras que ninguna liga nacional ha alcanzado negociar por separado. No porque el producto sea tan superior, sino porque el poder de negociación está concentrado en un solo lado de la mesa. Porter lo describió con precisión: cuando los vendedores están dispersos, el comprador está concentrado, el poder se vuelca hacia el comprador. Eso es lo que vivió la liga. MX durante décadas. Las televisoras lo sabían y aprovechaban esa fragmentación durante años. La nueva estructura intenta voltear esa lógica: centralizar los derechos audiovisuales, negociar como bloque, crear competencia entre plataformas por un paquete integrado que vale mucho más que la suma de los contratos individuales. Ahora bien, hay algo más profundo que eso. Las ligas más valiosas del mundo la NFL en Estados Unidos, la Premier League en Inglaterra, la Liga en España, no solo centralizan sus derechos, usaron esa centralización como primer paso para convertirse en plataformas de contenido. Y las plataformas de contenido ya no compiten solo contra otras ligas, compiten contra Netflix, contra Spotify, contra cualquier cosa que quiera tiempo de atención del consumidor. El negocio del deporte ya no se define solo por el mar se define por quien controla la relación directa con el aficionado, quien tiene sus datos, quien puede venderle una experiencia, una suscripción o un producto. La cancha genera el contenido, pero la plataforma es la que captura el valor. Precisamente eso es lo que el Mundial le muestra hoy a todo el mundo y lo hace cada cuatro años. No solo que el fútbol convoca, sino que quien controla la transmisión, los datos Y la distribución capturan a proporción del valor que los clubes por sí solos nunca podrán alcanzar. La Liga MX está apostando a replicar esa lógica en escala mexicana. El financiamiento que busca no es para pagar deudas, es para recomprar derechos que hoy siguen en manos de los clubes, construir una infraestructura comercial y tener músculo para ejecutar esa transformación. Suena muy bien y puede serlo. Hay que decir lo que puede salir mal. El mayor riesgo no es externo, es interno. Los clubes con mayor audiencia van a preguntarse, con mucha razón, por qué deben compartir lo que generan con equipos que producen mucho menos valor comercial. Ese conflicto bloqueó iniciativas similares durante años. No desaparece con una nueva personalidad jurídica. Súmale la complejidad de ejecutar, armonizar contratos vigentes, redistribuir ingresos, construir órganos de gobierno que resuelvan disputas sin paralizar todo. Eso es una operación política y operativa de primer nivel, y la evaluación de 13 mil millones de dólares necesita sostenerse con ingresos reales, no solo con proyecciones. Si el financiamiento llega antes que los resultados, la presión sobre la gobernanza puede volverse insostenible. La nueva estructura jurídica resuelve el problema legal, el problema político todavía está en la mesa. Pregunta esto: en tu empresa o en tu industria, hay activos que cada área, cada socio o cada unidad negocia por separado, cuando juntos valdrían mucho más. El Mundial nos recuerda cada cuatro años que el mayor valor no lo produce quien mete el gol, lo produce quien controla cómo ese gol llega a los ojos del mundo. Soy Juan Carlos García Barcala. Para más análisis y conversación directa, sígueme en wwwtvcom wwwjcgbmx Esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. Gracias por escuchar Parteaguas, eso fue todo por esta semana, nos escuchamos el lunes. A mí me encuentran en redes sociales como Parteaguas Club. Hasta el lunes.