Notas con audio

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Hay tantos tipos de vacaciones como tamaños de “huevos grandes” en un maple. No todos buscamos lo mismo, ni vamos a encontrar lo que esperamos. En primer lugar, el que no pueda viajar por razones económicas puede ver a Marley, por ejemplo, ya que hay toda una industria del espectáculo del ver turismo y casi no hace falta moverse (Marley tiene un humor que hace del hecho de que esté lejos algo soportable ). Al igual que, por caso, se puede juntar con amigos a ver un buen asado de wagyu en Locos. No dude que hay más gente viendo al Laucha que haciendo asado. Encontrará en estos párrafos algunos argumentos para quedarse que no supongan mostrar lo poco que usted usa la cuenta en dólares de su banco.Por otro lado, si está en el rango de los que pueden hacerlo, dele nomás aunque no anda pidiendo permiso. Sepan y eventualmente argumenten que los romanos ya planeaban vacaciones, sólo que, atentos a esto, no salían todos para la misma época. Era visto como un asunto fundamentalmente terapéutico salir de la locura de Roma un par de días y, por ejemplo, seguían el tour de sus gladiadores favoritos o de sus corredores de cuadrigas, es decir, lo que vendría a ser desde Messi a Colapinto para abajo, según le dé el presupuesto. Plinio el Joven sostiene famosamente en el primer siglo DC: “Por naturaleza, los hombres gustan de ver cosas nuevas y de viajar”. Tan es así que estuvo durante la erupción del Vesubio: “era de día en cualquier parte del mundo, pero allí la oscuridad era más oscura y espesa que cualquier otra noche…”. Ojo con la naturaleza humana neófita..Hay también una parte negativa del viaje, que no es accidental sino cada vez más frecuente. No soportar la vacante. Samuel Schkolnik solía insistir con esta familia semántica angustiante de “vacaciones” con “vacio” y “vacante”: “¿Quién no ha sentido, durante dominicales tardes de retreta, ahondarse en la boca del estómago la desventura de existir?” decía en este diario en su artículo “El sentido de la vida”. No tolerar el tiempo sin tarea, el día sin plan, el rato sin compañía. Así, muchos viajan no para abrir un intervalo, sino para llenarlo. ¿Quién no ha recibido una llamada de estos “pequeños Sartre” que quieren reunirse en vacaciones cuando nos vimos todo el año?David Foster Wallace, ensayista, tenista y filósofo, escribió Una cosa supuestamente divertida que nunca volveré a hacer, libro muy recomendado luego de una semana en un crucero de lujo, decidido a no hacer absolutamente nada. El texto es genial y la idea es, un poco, que cuando el viaje está diseñado para que nada falte, aparece la culpa de no disfrutar. Si todo invita al goce, no gozar se vuelve una falla personal. El malestar deja de ser parte de la experiencia y pasa a ser un error. Hay que sonreír, participar, agradecer, mostrarse conforme: la diversión es obligatoria.Ahora bien, ya puede entonces quedarse con orgullo a disfrutar del vacío y del calor de Tucumán, cualquier cosa se ve un viaje o un asado.  Todo esto es con aire acondicionado. Se le llega o romper entonces la cosa cambia. Entonces la experiencia de Plinio el Joven en las proximidades de Pompeya no le será extraña; y las críticas David Foster Wallace a la opresión del crucero de lujo que no deja margen a la creatividad le parecerá al menos cuestionable.