Parteaguas Diario

En este episodio Jonathan aterriza el arranque del Innova Fest en Cuernavaca, el intento del gobierno mexicano por convertir ciencia en negocios reales. Revisamos las oportunidades de inversión, el papel de figuras como Andrey Zarur y Gustavo Medina Tanco, y el desafío central: que la innovación mexicana deje de ser solo discurso y empiece a oler a dinero. ¿Podrá el nuevo enfoque científico-empresarial transformar algo más que la narrativa?

What is Parteaguas Diario?

Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.

Sin dinero, no sirve, Marcelo
Atención, no pretendo desdeñar el trabajo científico. Pero nuestra historia es lamentable: mucha ciencia y pocos productos.
Hoy Marcelo Ebrard, secretario de Economía, pretende darle la vuelta a la narrativa en algo que el gobierno llamó Innova Fest, una fiesta que reúne a gente de 22 países, principalmente latinoamericanos, a los que debe unir la intención de hacer negocio con su creatividad.
Todos ellos dormirán esta noche en Cuernavaca, Morelos, México, esa ciudad a la que se llega siguiendo el aroma a sopa de hongos y a quecas de Tres Marías: en Cuernavaca, Morelos, México.
El imán del encuentro es un foro importado de Japón, el STS Forum, en su versión latinoamericana, del que les he hablado previamente: Science and Technology in Society Forum.
Más allá de burocracias, hay una meta: conseguir que distintos proyectos obtengan en conjunto el equivalente a unos 50 millones de dólares en inversiones que los conviertan en negocio. La cifra la puso el secretario de Economía.
¿Recuerdan el formato de Shark Tank? Hoy emprendedores basados en la ciencia expondrán sus proyectos a gente con capital, no solo ante las cámaras, sino en pasillos, restaurantes. Encontrarán a mexicanos de todos lados, pero también a colombianos, panameños y argentinos…
Entre todos ellos busquen dos nombres que aparecen en la agenda del día: Andrey Zarur y Gustavo Medina Tanco.
Son del perfil que conviene. El primero estuvo en el frente de batalla en la creación de vacunas basadas en RNA durante la pandemia por Covid-19. Estableció en Boston GreenLight Biosciences, una empresa previamente dedicada a generar productos agrícolas que sustituyan los químicos habituales que están restando años de vida a la tierra de la que sale nuestra comida.
Medina Tanco es un argentino, mexicano por decisión, que es la única persona en la UNAM que puede hablar de un proyecto nacional que alcanzó la órbita de la Luna. Se llamó proyecto Colmena, consistente en pequeños robots que tendrían la misión de alunizar para explorar recursos minerales.
La nave que los transportaba, Peregrine, perdió una válvula antes de completar el viaje y solo pudo orbitar el satélite antes de perderse por completo. Medina va por la segunda prueba y busca capital.
Porque así es la cosa. Para ganar la historia hay que arriesgar dinero que probablemente vale menos que los años que los emprendedores de ciencia invierten en prueba y error en el laboratorio.
Pero son estos científicos los que queremos, los que entienden el mercado. Uno, el agrícola; otro, el naciente mercado de la minería espacial.
En México nos hemos llenado de ideas nacionales, pero gastamos nuestro dinero en los productos importados. Ustedes deciden con su dinero los proyectos que valen la pena. Todos olvidan nacionalidades cuando se trata de comprar un smartphone o medicinas que urgen.
Las empresas que venden esas cosas invirtieron en científicos. Se adueñaron del mercado y cobran los precios que quieren. Por eso sus naciones son ricas.
Por eso también me gusta el enfoque del gobierno: menos ideas de semiconductores y más trabajo en proyectos para electromovilidad barata, como el Olinia. Porque de eso sí sabemos los mexicanos, que nos hemos pasado décadas haciendo coches para que otros hagan negocio. De ahí puede salir algo que sirva para empezar y luego seguir con negocios biológicos o espaciales.
No es que no podamos hacer semiconductores. Guadalajara los diseña, los produce o los ensambla en servidores que llenan centros de datos que valen miles de millones de dólares.
Pero en eso vamos tarde. Conviene empezar en donde ya estamos encarrerados.
Hoy Marcelo arranca la fiesta de Cuernavaca y la presidenta Claudia Sheinbaum se prepara para dar un mensaje en la noche. Ella, que prometió hacer de México una potencia científica, debe decir algo revelador, pero en materia de negocios. Ha prometido presentar el plan México, país de Innovación; no veo un mejor momento.
Pero por favor, que incluya olor a dinero. Si no, no sirve.