Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.
Viernes 3 de julio de 2026. Hoy está aquí Juan Carlos García Barcala para contarle una de sus grandes historias de negocios. Yo soy Jonathan Ruiz, esto es Parteaguas. Bienvenidas, bienvenidos. I love it. Estuve, como se Estuve, como saben, en Washington DC esta semana y de verdad es que valió totalmente la pena la vuelta y todo lo que escuché, la gente con la que platiqué, todo eso se los estoy conversando en mi columna Parteaguas publicada en El Economista, cuyo título hoy es Eso raro que vamos a hacer ahora. La partido y lo que sigue ya es extra. ¿Qué vamos a hacer los no futbolistas con esa vibra? Prácticamente en cualquier carrera de negocios vamos atrás de los estadounidenses o de los ingleses que ahora vienen a cuento. ¿Podemos ganarles o competirles, pues? Hay una pesada forma, pero sí la hay. En este nuevo mundo raro en el que ahora todos somos expertos en inteligencia artificial, una nueva fábrica renace. La del Doc Emmett Brown. ¿Se acuerdan? De Volver al Futuro o de decir opera loca para los más grandes. Es la era de los inventores. Ojo, el iPhone es un invento y todo lo que está dentro de la computadora también, ni hablar de los focos y la electricidad. Inventar no es algo nuevo, pero hacerlo en serie, como en una fábrica, sí. Busquen al más listo de su familia y pregúntenle qué es un TRL. Para quienes no somos inventores, puede resumirse como un escalón. El TRL 1 puede ser la idea de un tipo que piensa que puede fabricarse una computadora de mano. El TRL 9 sería el nuevo iPhone que está en esa mesa o estante a la venta. Pasar del 1 al 9 es el proceso de fabricación de esa idea. En esos escalones hay tres que son la clave para que una ocurrencia se convierta en una idea millonaria. Van del TRL 4 al TRL 9. Va del TRL 4 al TRL 6. Es pasar de la teoría y el entorno controlado de laboratorio a la validación de un prototipo en condiciones reales o representativas del mundo real. TRL viene por Technology Readiness Levels. Es una escala estándar de medición que evalúa qué tan madura está una tecnología. Fue creada originalmente por la NASA en los 70. Los estadounidenses, que habían dormido en sus laureles por décadas se despertaron para ver que los chinos se organizaron y ahora amenazan con llenar no solo las tiendas de smartphones y coches eléctricos, encontraron la manera de meterse en nuestras venas, pues van también por productos biológicos y espaciales que hoy no sabemos que necesitamos. Si ellos corren más rápido, ustedes, o el IMSS, la La Comer, Chedraui, ya no van a necesitar dólares para comprar mercancía, van a requerir yuanes. El dólar podría depreciarse todavía más. Evidentemente, los estadounidenses no quieren eso. ¿Qué deben hacer? Inventar cosas nuevas, pero a la velocidad de un taquero. De eso hablaron esta semana en Washington DC, líderes del gobierno estadounidense y de AWS, el brazo tecnológico de Amazon, que se convirtió en la base más poderosa de inteligencia artificial de ese país y apuesta con dinero propio en proyectos junto con otras empresas. En su nube descansa Anthropic, entre miles de compañías. Empresarios, empresarias y funcionarios hablaron mucho del proyecto. Génesis, ojalá se graben ese nombre, nacido en noviembre de 2025 en el seno del Departamento de Energía de los Estados Unidos. ¿Por qué surgió en ese ministerio? Porque administra los 17 laboratorios más importantes de ese país, surgidos porque de la energía parte todo. No hay manera de que una máquina se mueva sin fuerza animal, si no quema combustible o si no la conectan al enchufe. Y eso es ciencia. ¿Bueno, y los mexicanos qué? Una opción es nomás sentarse a ver. Pero eso sale caro. Dense 10 segundos para pensar en todo el dinero que ya pagan a extranjeros: el iPhone, la Compu, la nube, el Netflix, Prime, Disney, Spotify, ChatGPT, las aspirinas, la carne. Todas vienen con marcas de afuera. ¿Y de este lado qué vendemos? Horas de trabajo, básicamente. Son poquitas las marcas nacionales que provocan prosperidad. A los mexicanos. Vaya, hasta la vieja cerveza Corona y Don Julio reparten ganancias accionistas de afuera antes de pagar sueldos en México. La opción es crear cosas acá y dejar empresas acá antes de que el inventor cruce la frontera. Aquí el TecNM está preparando a 600 mil ingenieras e ingenieros. Hay buenos laboratorios en Puebla y en la Ciudad de México. El CIATEC tiene también presencia en Jalisco y Yucatán. Vaya, no es fatal seguir como vamos, pero no más salgan a ver cómo andan los salarios. Este país está rezagado, no muerto. Unir los puntos del TRL 4 Al TRL 6 puede ser incluso más fácil aquí que para los estadounidenses, por el tamaño de ese monstruo. Es un asunto de organización, liderazgo y voluntad, más que de recursos, sin menospreciarlos, claro. Y es un llamado del nuevo mundo para todos los que festejaron el gol de Quiñones. Eso incluye al que sirve los tacos, pero también al dueño del Califa o del Oxo. Soy Jonathan Ruiz, esto es Parteaguas. Ahora sí vamos con Juan Carlos García Barcala. Imposto. Imposible no pensarlo. Este martes por la noche, con el Azteca lleno hasta la última grada, gol de Quiñones, gol de Jiménez, y ahí, en las gradas, en el chat familiar, en la calle, la misma frase repitiéndose sin parar. ¿Y si sí? ¿Llegamos más lejos de lo que nos atrevíamos a soñar? Alguien la vio venir antes que nadie y la convirtió en publicidad en cuestión de horas. Pero mientras todo mundo hablaba del comercial, la jugada estratégica de verdad estaba pasando en otro lado. Uno que casi nadie volteó a ver. Soy Juan Carlos García Barcala y esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. La empresa que subió el ICC a sus anuncios es Huevos San Juan. No inventó la frase, la capitalizó. Detectó una emoción que ya circulaba en redes y la montó sobre su patrocinio a la selección antes que cualquier otra marca. Eso también es estrategia y merece su propia reflexión. Las mejores campañas no inventan conversaciones, encuentran una que ya está pasando y le dan casa. Pero detrás de Huevos San Juan hay una empresa que se llama Proan y ahí es donde se pone interesante. Proan nació en 1954 en San Juan de los Lagos, Jalisco como negocio familiar de huevos, Huevos San Juan. 70 años después, la familia Romo construyó algo mucho más grande que una marca de desayuno: incubación propia, alimento balanceado, granjas, procesamiento, empaque, cadena en frío, logística nacional. Todo el camino de principio a fin bajo un mismo techo. Y en 2023, sin ruido, sin camión campaña mundialista, lanzaron MACA, comida para mascotas. A simple vista, parece diversificación. Un huevero que ahora también vende croquetas. Pero fíjate en esto: en 2025, esa división creció alrededor del 30 muy por encima del resto de la industria. Y este año ya están empujando hacia alimento fresco cocinado para mascotas, una categoría que casi no existe en México. Ojo con lo que realmente pasó ahí. Proan no decidió vender otra cosa, decidió dejar de definirse por lo que vende y empezar a definirse por lo que sabe hacer mejor que nadie. Piensa en una taquería familiar que lleva 20 años perfeccionando su salsa, su níx tamal, su método de cocción, todos los días sin fallar. ¿Un día alguien pregunta: por qué no embotellan esa salsa y la venden en el súper? De ahí la familia entiende algo. Nunca vendió tacos. Vendió una manera de cocinar bien, consistente y repetible. Los tacos solo fueron la primera forma de mostrarlo. Eso es lo que hizo Proan: proteína de calidad. Formulación nutricional, inocuidad, trazabilidad, cadena de frío, logística nacional y una marca confiable. Es casi el mismo juego que ya dominan con el huevo, solo que ahora lo juegan con otro producto. Porter lo explicaría con dos palabras: integración vertical. Casi ningún competidor controla tantos eslabones de su cadena y eso les da algo que no se compra rápido: control de calidad, costos más bajos, velocidad para innovar. Prahalad y Hamel dirían algo parecido con otro nombre: competencias centrales. Las empresas que crecen de verdad no lo hacen por tener un producto exitoso, lo hacen porque desarrollan una capacidad que pueden reutilizar una y otra vez. Jay Barney añadiría el detalle que más importa aquí: el recurso difícil de copiar nunca fue el huevo, fue el sistema industrial completo detrás del huevo. Eso es lo que ninguna marca de mascotas nueva puede construir de un día para otro. Ahora bien, no todo es ventaja garantizada. El mercado premium de mascotas ya tiene jugadores internacionales consolidados con marca y presupuesto. Educar al consumidor mexicano sobre comida fresca para perros y gatos toma tiempo. Y sostener una cadena de frío nacional para dos categorías a la vez, sin que una le robe recursos a la otra, no es trivial. Escalar rápido y mantener el estándar sanitario al mismo tiempo es quizá el riesgo más real de todos. Súmale esto: la pregunta que de verdad vale la pena no es por qué ProAn entró al negocio de las mascotas, es por qué no lo hizo antes. La infraestructura ya existía, la experiencia en proteína ya estaba ahí. Lo único que cambió fue la manera en que decidieron interpretar lo que llevaban 70 años haciendo. Pregúntate algo: si describieras tu negocio en una sola frase, la armarías alrededor de lo que vendes o alrededor de lo que sabes hacer mejor que la mayoría. Las empresas que abren mercados nuevos casi nunca parten de cero. Parten de una capacidad que ya Tenían esperando que alguien se atreviera a mirarla distinto. Soy Juan Carlos García Barcala y si sí, si esto te dejó pensando en tu propio negocio, platiquémoslo en wwwjcgbmx Si te gusta lo que escuchas, suscríbete. Esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. Gracias por escuchar Parteaguas esta semana. Yo soy Jonathan Ruiz, nos escuchamos en Hasta entonces.