Notas con audio

El consultor e investigador afirma que, en los dos primeros años, el Presidente supo vender el futuro, pero en la actualidad está obligado a responder a la demanda social, inquieta por los bajos salarios y el desempleo.

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Exclusivas de La Gaceta

La Libertad Avanza o el Partido Justicialista. La microeconomía o los casos de corrupción. El pragmatismo o lo dogmático. Las expectativas o la realidad. La Argentina se acostumbró a los dilemas. Y eso forma parte de lo cotidiano. La sociedad se encuentra siempre en una elección, sea de autoridades o de planes económicos. Pero la realidad también plantea dilemas al presidente Javier Milei: si opta por intervenir para que, más temprano que tarde, la microeconomía arranque o si, por el contrario, esperará que el mercado ordene, plantea Diego Reynoso, doctor en Ciencias Sociales y docente de la Universidad de San Andrés. El investigador del Conicet vino a esta ciudad para disertar en la Escuela de Liderazgo y Comunicación Política de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. En la oportunidad, el director de la Encuesta de Satisfacción y Opinión Pública dio la siguiente entrevista a LA GACETA.-¿Cómo llega la imagen de Milei en 30 meses de mandato?-Milei llegó al poder con un 57% de los votos, con un 56% de aprobación. Fue su máximo. No tuvo los 72 puntos de Mauricio Macri o los 70 de Alberto Fernández. Al actual Presidente nunca lo aprobaron aquellos que no lo votaron. Desde entonces, ha perdido casi 20 puntos en la consideración de la opinión pública, pero no fue tan abrupta como la de Macri o la de Fernández. Fue cediendo lentamente por una cuestión directa: la caída de las expectativas. En los primeros dos años del actual mandato le preguntabas a la gente cómo creía que iba a estar un año después y te respondía que mejor. Pero como dice la canción de Los Redondos, el futuro llegó, la gente no estaba mejor y eso volcó aquellas expectativas, porque la mayoría ahora cree que no va a estar mejor. Además, tiene una mirada retrospectiva sobre cómo estoy yo respecto de hace un año, y dice que está peor.-¿Por qué sostiene que la erosión de aquella aprobación ha sido más lenta que los anteriores mandatarios?-Porque Milei, en los dos primeros años de mandato, supo vender mucho futuro, con expectativas enormes. Había una percepción general de que era una persona diferente y le daba crédito. Hoy una parte le empezó a restar eso, en un escenario en el que casi cuatro de cada 10 está dispuesto a renovarlo. La emoción que predomina en ellos sigue siendo esperanza. Entre los otros 60% es asco, bronca, miedo y terror. Las dos cosas que comenzaron a emerger y que explica por qué la gente pierde su optimismo futuro son la preocupación porque los salarios no alcanzan y el desempleo asoma; es el miedo a perder el trabajo que fue, en los últimos siete meses, la principal causa porque la gente comenzó a mirar distinto al gobierno. La baja de inflación ayudó a la baja de expectativas futuras, pero ahora se necesitan otros tipos de políticas.-¿Qué debe hacer frente a esas demandas?-Intervenir. Lo que vamos a ver en estos días es si el Presidente es tan ideológico como para no hacerlo porque el mercado lo debería acomodar solo o se pondrá los guantes y hará algo keynesiano para intervenir sobre la demanda agregada.-¿Cree que el Presidente puede peronizarse en ese sentido?-Uno nunca sabe, pero él íntimamente, creo que no lo hará. Es muy dogmático como también lo son varios de sus ministros. Me parece que ese es su límite. En definitiva, Milei es el que toma las decisiones, pero me parece que cada vez más hay otros criterios que están influyendo en esas decisiones-Por ejemplo...-Gente más pragmática que le dice “necesitamos ganar”. No obstante, él hizo comentarios que van en la dirección contraria, sin importarle si pierde o si gana elecciones, por aquello de “sigo con la mía”. Si es ese Milei, será un problema, ya que, si no atendés las dos principales preocupaciones, la gente no le corresponderá.-¿Cuánto han incidido en la imagen de la gestión las denuncias que pesan sobre el jefe de gabinete, Manuel Adorni?-El año pasado se expuso un montón de presuntos casos de corrupción. Fue como una cadena de hechos y denuncias. Durante seis meses del año pasado, la imagen del gobierno fue cayendo, desde la marcha de los grupos LGBTIQ+; después vino el caso Libra y más tarde Andis, las denuncias del 3% de coima y también las que pesaron sobre José Luis Espert. Todo eso llevó a que Milei llegara a una elección de medio término más cerca de 30 que de 40 puntos, con un gobierno que tenía el 15% de la composición en Diputados y el 9% en el Senado; estaba contra las cuerdas. Lo que se preveía era un escenario crítico, porque con menor representación legislativa se quedaba a las puertas del juicio político. Y eso no sucedió. De los 50 llegó a caer hasta 39 puntos de aprobación. Históricamente, la aprobación siempre era más que los votos y sacó casi 40 puntos, cerca de la aprobación. Al mes siguiente de la elección tuvo un pico por aquello de la pasta del campeón que te levanta. Y después empezó a caer sistemáticamente. Se mantuvo eso hasta mayo. El caso Adorni estalló en marzo. Era el ministro con mejor imagen, un 42%; hoy está en 15 puntos; en dos meses se derrumbó. Sin embargo, la aprobación del gobierno no cayó linealmente por el “efecto Adorni”. Mi conclusión estadística es que Adorni no tuvo efecto. Las cuestiones microeconómicas afectan más que Adorni en aquella aprobación.-Hoy se ve a un Gobierno nacional con la necesidad de avanzar en las reformas estructurales para que el país crezca. ¿Cómo puede incidir este objetivo en la relación con el resto de las fuerzas políticas?-El año pasado hubo dos momentos: uno con el Congreso en la que la negociación era característica esencial, aunque las otras fuerzas actuaron refractariamente frente al Gobierno. Observamos que en un período de tres meses hubo insistencia de proyectos, no se los aprobaron, sacaron sus propias iniciativas y el Presidente recurrió al veto. Pese a eso hubo más insistencia. Fue un momento difícil. Luego cambiaron los contingentes legislativos producto del recambio electoral de medio término. Pese a que La Libertad Avanza sigue estando en minoría, me imagino que el oficialismo intentará focalizarse en la construcción de acciones cooperativas, de cooptación, de acuerdos o como los quieran llamar, enfocándose en algunas provincias específicas que le prestaron respaldo dentro del recinto del Congreso. Claro que en el medio se intentarán tender puentes, aunque allí también se dividen las aguas y las necesidades si se trata de una estrategia de largo y no de corto plazo. Negociar siempre es de corto plazo, ya que, si las expectativas de reelección son bajas, el resto de las fuerzas se preguntará qué setnido tiene cooperar con un gobierno que se resiste a brindar ayudas.-En el medio de estas cuestiones, asomó Mauricio Macri en el tablero político...-Creo que Mauricio Macri está poniendo en valor la marca PRO. Pero, tal como está actualmente el cuadro de situación, cabe otra pregunta: ¿cuántos dirigentes macristas se pasaron a la Libertad Avanza y cuántos están dispuestos a volver al lado de su líder inicial? De todas maneras, la cuestión central es aquella: recuperar la marca PRO. Entonces, habrá que ver cuántos dirigentes están dispuestos a retornar y hasta qué punto el macrismo querrá negociar con LLA. En eso están. Hay una hipótesis que dice que si Milei cae en la consideración electoral, los votos no van al peronismo y allí está el PRO como alternativa para ese electorado potencialmente desencantado. De todas maneras todo eso se verá con el transcurrir del tiempo. Mientras tanto, el PRO acompañará a la actual administración del Gobierno nacional.-También está Patricia Bullrich...-Ella tiene un proyecto personal.-¿Y qué pasa con el Peronismo?-Lo dije en la época de la pandemia de la Covid-19 cuando empezó a sufrir una crisis de reputación y la consecuente caída del respaldo popular. Si hacemos una analogía, en una empresa tenés momentos que vendés bien y otros mal, pero cuando la reputación está en dudas, no hay marketing posible que haga que vendas tus productos. Entonces, por más que traigas al mejor asesor de imagen o a un mago para intentar ganar una elección, el electorado desconfía. El PJ está en una crisis de reputación por mérito propio. Es culpable de su propia reputación, de sus errores. Si mirás ejemplos internacionales, el Partido Socialista español ha cambiado tes veces de dirigencia política nacional. En el caso de los laboristas y los conservadores británicos también perdieron la cuenta de tanto cambiar primeros ministros. La cúpula del peronismo es prácticamente la misma desde 2003. No hay renovación, ni de ideas ni de dirigentes. En consecuencia, estás en un serio problema desde el punto de vista sobre qué le ofreces de alternativa a la sociedad.-Pero el PJ siempre trata de retornar al poder...-Dicho lo anterior, por default, el PJ siempre ha sido la opción ante el posible fracaso de los otros gobiernos. El problema de fondo sigue siendo qué le ofreces a la gente. En las encuestas, hay tres referentes que canalizan el voto de aquellos que no aprueban al actual gobierno. Cristina asoma con 32 puntos pero, por razones obvias, ella no tiene chances de competir. Su reputación está tan comprometida que no se puede pensar en ampliar la base de electores. El bonaerense Axel Kicillof representa algo de renovación, pero la misma sociedad recuerda que el actual gobernador ha sido el ministro de Economía de Cristina. Entonces, cuesta verlo como renovación. La tercera figura no es peronista, sino de izquierda: Myriam Bregman. Tiene una imagen positiva del 32%, con una fuerza que ha llegado a canalizar el 5% del total de votos a nivel nacional. Haciendo un ejercicio estadístico, si la izquierda, en un hipotético caso, llega a 10 puntos en una elección compromete la primera vuelta, porque no te van a dar los números para ganar. En el horizonte justicialista, finalmente, asoman otros nombres como el de Sergio Massa, al que la gente ya conoce, y el sanjuanino Sergio Uñac, que le cuesta instalarse. Esas son dos figuras que levantaron la mano para decir que tienen intenciones de presentarse. No hay otros que emerjan.-¿Es el sistema político el culpable de la falta de renovación de dirigentes?-No sé si culpa, pero sí me parece que el diseño institucional de los partidos políticos y los sistemas electorales provinciales dificultan mucho la renovación política de dirigentes. La falta de fuerza de los partidos llevan, por caso, a que en una interna se pierde y esa corriente agarra otro sello y te rompe en la elección general. Hay poca institucionalización política y así cuesta la renovación. Argentina siempre fue así; depende mucho de los personalismos. En el PJ, como en otras fuerzas políticas, sabemos que primero se piensa en quiénes van a ser los candidatos y luego se da lugar a las ideas y a los diagnósticos precisos. Nunca se deja para después la discusión de los nombres. Insisto, no es un problema solo de los peronistas, de los radicales o de los libertarios. Es un problema institucional, de diseño de los partidos por aquello de que nadie quiere abandonar su equilibrio (entendido como zona de confort político) para cuidar lo mucho o lo poco que pueda tener. La fragmentación de la política impide que emerjan dirigentes políticos nuevos. Tenés 33 partidos nacionales y 600 partidos de distrito. ¿Acaso hay 600 versiones de la Argentina circulando? Claramente que no. Los partidos deberían organizar eso, para que los que compitan no siempre sean los mismos.-¿Se están acelerando los tiempos electorales en un año par que, generalmente, se focaliza en lo institucional?-Eso pasa siempre, pero también es cierto que, a estas alturas del año, nunca pudimos saber quién era el próximo Presidente. En mayo de 2018, ni embroma se pensaba que Alberto Fernández iba a ser el candidato de la coalición peronista. En 2014, Mauricio Macri venía de no perder en el armado de la lista en provincia de Buenos Aires y sus diputados colgados en la nómina del Frente Renovador de Sergio Massa, y terminó postulándose para Presidente. A estas alturas del ciclo electoral anterior, todos pensábamos que el candidato era Horacio Rodríguez Larreta, pero el ex alcalde de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires perdió la interna contra Patricia Bullrich. Así, el economista libertario Javier Milei los pasó a todos por encima y se convirtió en presidente de la Nación en diciembre de 2023. En los momentos actuales, todos se están organizando, pero en la Argentina de tanta volatilidad política y económica, es difícil asegurar cual será el resultado final.PERFILDiego Reynoso es Investigador Independiente del Conicet y Profesor Principal de la Universidad de San Andrés. Doctor en Ciencias Sociales con especialización en Ciencia Política (Flacso-México), realizó estudios de posgrado en Quantitative Methods and Social Research (Universidad de Michigan), en Política Latinoamericana (Universidad de Salamanca), en Opinión Pública (Flacso e Idaes), y es Licenciado en Ciencia Política (UBA). Es director del Laboratorio de Observación de la Opinión Pública (LOOP) y de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (Espop) de la Universidad de San Andrés. El investigador llegó a Tucumán para exponer en la Unsta, en el mercado del programa que dicta la Escuela de Liderazgo y Comunicación Política de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán.