Un podcast desde las sombras. El Inquieto® narra memorias, secretos y choques culturales — desde un campo en Puerto Rico hasta la vida corporativa en la diáspora. Historias crudas, ochentosas, contadas como si fueran un cassette prestado. Nunca quieto. Nunca callao.
En ese momento,
me di cuenta que yo necesitaba algo.
Yo necesitaba un nuevo comienzo.
A pesar de todo lo que yo he creado, si yo soy honesto conmigo, hay más.
Porque, caramba, mírate el espacio de BBQ que yo creé.
Mírate cómo la gente viene y le gusta mi comida.
Mira cómo la pasan bien en mi casa.
Pero yo nunca, nunca consideré esto como algo mío.
Tal vez porque no me lo creía.
Vamos a ser honestos, todavía no me lo creo.
Lo veo como algo pequeño No como algo que Va a crecer.
Y me da como esta idea de comprar ocho cubos.
Eight buckets. Sin un plan.
Pero algo quiere hacer. Algo tiene que llenar esos cubos.
Y viviendo en el Pacific Northwest, mirando todos estos paisajes bellos, todos estos,
viñedos, todas estas uvas, y digo, hmm, vamos a llenar estos baldes de uva.
Esto es lo que hay aquí. Vamos a ver qué sale con esto. Vamos a inventar.
Y esos baldes, de momento crean seis galones.
Seis galones que se están fermentando y creando a su vez estas dos recetas únicas.
Y ahí es que empieza, ahí es que empieza el revolú en mi casa.
Yo no tengo espacio, así que tengo todo ahí en la sala.
Esas recetas burbujeando, fermentándose, creciendo.
Porque, pues, yo no sé lo que estoy haciendo y, pues, los cubos eran como que
muy pequeños para lo que yo estaba creando. ¡Qué se joda!
Esa mierda está viva y huele cabrón.
Ese olor los primeros días a un pan sobao como los de la patita hecha. allá en Morovi.
Ese cantazo de panadería a las cinco de la mañana en el viejo San Juan. Uf, bello.
Mi sala de momento tenía este olor a levadura que me traía a casa.
Pero ¿cómo? Si son uvas.
Esa transformación que se está creando me estaba activando otras memorias que yo no me esperaba.
Cuando eso cogió vida, ahí fue cuando algo cambió.
Algo cambió en mi mente que dijo maybe,
pero también empezó la pelea. ¿Cómo que dices yo voy a romper este algoritmo?
¿Cómo voy a romper con todo lo que está pasando a mi alrededor?
Este chamaquito morobi, ¿en serio? ¿Crear algo acá en el Pacific Northwest?
Yo estoy en Corporate America, esto tiene regla. Yo no estoy aquí para estar,
vendiendo juguito y cosas.
Estoy aquí para estar en boardrooms, hablando con ejecutivos.
¿Y qué carajo yo hago inventando otra vez, distraído.
Y eso pesa. Pesa porque no es solo por mí.
Es por lo que prometí. Yo vine aquí buscando el sueño americano.
¿Y ahora qué? Y que juguito y receta. Déjate de cosas, mijo.
Pero, cabrón, no. Esto tiene que ser real.
I owe it to myself.
Así que seguí, seguí tomando notas, midiendo, como en mi trabajo. Pero ahora para mí,
mirando videítos de YouTube, intentando, botando desastres que se iban a la
mierda, pues porque no todo sale bien.
Si no fuera por GBT, uff, dijito.
Pero por qué no usar las herramientas que tengo a mi alrededor Si lo uso todos
los días, por qué no crear con esto.
Y ahí fue que vine a entender algo. Yo no sabía lo que estaba haciendo.
Pero sí he aprendido. ¿Cómo es que yo aprendo?
Y admito que sea algo de sabor. De comida. De lo que a mí me gusta.
Que no se consiga aquí.
Y entonces.
Me pongo a pensar en toda esa uva y pienso, ¿ahora qué?
Porque después de acabar con esas dos recetas,
daba pena botar todo eso. Y en Puerto Rico uno no bota nada.
Uno se la ingenia y se la inventa.
Y ahí eso dejó de ser vino y empieza a ser algo más.
Nunca quieto, mi gente. Siempre con sabor.
Y acabas de escuchar el inquieto.
La historia sigue contigo. Compártela, pásala como un cassette prestado.
Inquieto. Nunca quieto, gente. Siempre cabrón.
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Hasta la próxima, inquieto.