Un podcast desde las sombras. El Inquieto® narra memorias, secretos y choques culturales — desde un campo en Puerto Rico hasta la vida corporativa en la diáspora. Historias crudas, ochentosas, contadas como si fueran un cassette prestado. Nunca quieto. Nunca callao.
Ese día,
me acuerdo, yo venía del catecismo. Era un viernes.
Sol, calor, el mismo camino,
subiendo por la farmacia, pasando el parque, pasando la cancha.
Y lo pensé dos veces pero me monté un carro,
un pón de un hombre que yo sabía que no era seguro montarme con él es hombre
engañó a mi abuela pero hacía un calor cabrón,
y eso le ganó al rincón que yo le mantenía al hombre.
Y vamos subiendo,
y lo veo,
veo el tope de la cuesta,
veo unas luces,
y está una ambulancia,
Chocarlo gente,
y me entra esta ansiedad,
y no sé cómo decirle a este hombre, no sé cómo hablar de que avanzara.
El corazón se me acelera y...
Y sí, sí, y eso en casa. ¿Y qué está pasando?
Yo quería seguir corriendo, yo no... No sabía qué hacer.
Y cada muertito, cada paso, cada segundo que pasa, parecía una eternidad.
Y me bajo del carro desesperado y,
paso por el portón y,
veo caras largas y,
una camilla.
Y mamá,
ahí estaba mi abuelo, en la camilla, pero él no estaba ahí,
con su camisilla blanca, sus pantalones docker grises, medias negras.
Lo más cabrón es que antes de yo irme para el catecismo,
él me pide ayuda para que le ayudara a lavar el carro.
Claro, tenía yo otra cosa que hacer.
Siempre ocupado.
Y ahí estaba él,
lavando su garrito.
Y ahí cuando,
se lo llevan, mi mamá se olvidó de mí.
Ella se montó en la ambulancia y se fue.
A mi abuela hay que cuidarla.
Y yo,
yo no sabía qué hacer.
Yo estoy perdido,
con un miedo y con una inseguridad y ¿qué carajo hago yo?
¿Yo tengo qué, 11 años?
Y estoy yo ahí, debo al palo, de palo grande que estaba allí al lado de la casa de mi abuelo.
Están los periquitos, periquitos que,
dependían de mi abuelo. Él los alimentaba y ellos cantaban buscando,
buscando la atención de alguien, de alguien que les diera de comer.
Hambriento.
Y yo llorando,
espaciado,
de momento siento,
siento este abrazo de este primo, pero,
este hombre que Que se crió al lado de casa.
Acuerdo el olor a palo viejo, cigarrillo, este primo mío que se pasaba en la
barra todo el tiempo, la persona que yo menos esperaba que me viniera a consolar,
el hombre Toff,
diciéndome, Tranquilo, hijo, tranquilo.
Tienes que ser fuerte ahora, o tu abuelo va a estar bien.
Y ese abrazo que yo necesitaba vino de la persona menos esperada.
Y así es la vida.
Pero así mismo escuché yo.
Porque ese día, algo se formó. Mira que se formó, chachito.
Pero nadie te enseña cómo uno aprende.
Tienen que aguantar, a cargar y a inventársela, a seguir para adelante, a ver.
¿qué la vida te trae?
¡Ah, cabrón! Seis pies de hombre, demasiado temprano mi vida.
A once años tomando decisiones de hombre.
Teniendo que...
Ven, si mi abuela comió,
sin saber cuándo mi madre va a llegar y si va a llegar, porque yo sabía que,
algo mucho más importante estaba pasando.
Hoy lo entiendo. Ser fuerte, no siempre aguantar.
A veces es dejarse caer. Y darte permiso a llorar.
A sentir ese sentimiento. A darte el permiso a ser humano.
Gracias, mi gente. Nunca quieto.
Y acabas de escuchar El Inquieto.
La historia sigue contigo. Compártela, pásala como un casé prestado.
Inquieto. Nunca quieto gente. Siempre cabrón.
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Hasta la próxima, inquieto.