Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.
Viernes 10 de julio de 2026. Yo soy Jonathan Ruiz. Esto es Parteaguas. Hoy me acompaña Juan Carlos García Barcala y tiene una gran historia de negocios, como lo hace cada semana. Bienvenidas, bienvenidos. Mi columna Parteaguas, publicada hoy en El Economista en México, dice un detallito que olvidaron del aumento a los salarios mínimos. Qué bien para la gente que aumente el salario mínimo. Qué mal que, indirectamente, ese incremento parezca estar causando una crisis en las universidades. Precisamente cuando necesitamos a los mejores mexicanos, las escuelas se quedan sin dinero para laboratorios, becas y preparación. Enfrentan un problema difícil, pero muy simple de explicar. Sus gastos crecen rápidamente y sus ingresos quedan rezagados. Hoy necesitamos gente que entienda de programación de software, pero también de generación de energía nuclear e incluso ingenieros o ingenieras de biología, de acuerdo con Jensen Huang, fundador de NVIDIA, la gigante tecnológica en la que saben lo que viene en materia de productos que pronto comenzarán a llegar al mercado. Las escuelas necesitan nuevos equipos y tecnología vigente para que los alumnos aprendan. ¿Cómo pueden comprarlos? Podrían hacerlo cobrando más cuotas, pero recuerden que a los mexicanos no nos gustan esos cobros en las universidades públicas, como si la educación no tuviera costos crecientes. Uno de los principales es el gasto de nómina. Hace cinco años, los trabajadores formales peor pagados ganaban una cifra que debería avergonzarnos: 4500 pesos mensuales. Ese sueldo lo cobraba una persona de intendencia, quien cuidaba la puerta o quien hacía la limpieza. Este año cobran al menos 9500 pesos, el salario mínimo. Es un aumento superior al 110 muy bueno para los trabajadores. En las empresas conocen ese reto y lo solventan aumentando los precios cuando el mercado lo permite. De lo contrario, sacan del estante aquellos productos en los que no pueden reflejar los incrementos. ¿Cómo lo hace una empresa pública que depende de recursos federales o estatales preestablecidos? Los recursos totales asignados a la educación pública en el país crecieron 55 también en cinco años. ¿Comparen eso con el aumento del salario mínimo que supera el 110 Cómo hace el gobierno para enfrentar la diferencia? He hablado con varios directores universitarios y me dicen que el faltante lo sacaron de los gastos de operación e inversión del dinero con el que pagan la luz, el agua, el gas, el papel de baño, las nuevas computadoras y los microscopios de nueva generación. El director no puede dejar a oscuras los salones y en lugares calientes debe impedir que se derritan los alumnos. El aire acondicionado tiene que encenderse. Resultado: pues no hay dinero para nuevas compus, tampoco, por cierto para elevar dignamente el salario de profesores que poco a poco se quedan rezagados, pues ellos no ganan el salario mínimo y su salario no sube igualmente de rápido. Esa circunstancia eleva la fricción dentro de las universidades. En medio de ese entuerto nos agarra la nueva relación con nuestro principal cliente, Estados Unidos. Ese país tiene sus propios líos, pero ha definido una misión Génesis que a partir de este verano coordinará la inteligencia y los cerebros de sus diez principales laboratorios gubernamentales bajo la conducción del Departamento de Energía. Pretende iniciar una revolución que le permita responder a una China muy bien coordinada para generar todos los nuevos productos que aparecerán en las tiendas, en los hospitales, en el mercado. Si México quiere participar, necesita a su mejor gente bien preparada. Pero la realidad impera. La Universidad Autónoma de Sinaloa, la Universidad Autónoma de Yucatán la Universidad de Guadalajara, incluso el enorme TecNM o el Tecnológico Nacional de México ejemplifican el problema presupuestario general sobre el que ha alertado la ANUIES, la Universidad Nacional de Universidades. Salarios estancados, jubilaciones pendientes y la falta de recursos para educar son reflejo de una decisión gubernamental. Empujar los salarios mínimos sin planear la manera de financiarlos dentro del propio gobierno. Hablen con los profesores que tengan cerca y ellos les explicarán qué tan delicado es el asunto. Yo, desde acá, le doy seguimiento. La principal fábrica que necesita México hoy es la de cerebros y parece estar quedándose sin luz, casi literalmente. Y ahora sí, vamos con Juan Carlos García Barcala. Todos conocemos una receta casera que solo le sale bien a una persona en la familia. A los demás, simplemente No nos queda igual. Pasa en muchas casas. Esa salsa, ese condimento, ese platillo que para ti es comida de toda la vida y para otra familia, lejos de ahí, también es comida de toda la vida, pero distinta. ¿Y un día, sin mucha complicación, alguien se hace una pregunta: Y si ese sabor llegara a más mesas sin dejar de saber a casa? Soy Juan Carlos García Barcala y esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan. Ruiz. ¡I love it! Mérida, 1913. Doña Ana Sosa de Méndez empieza con algo muy simple: condimentos y salsas artesanales. El achote, su bandera. Y por décadas, esa es toda la historia. Una marca yucateca querida en su tierra, fiel a su sabor La La Anita. Pasan los años, estamos en los 60s y se construye la primera planta, en los 70s ya vende en todo el país, ahí deja de ser solo una marca con bonita historia familiar y se convierte en una empresa que tiene que aprender a competir lejos de casa. En 2016 La La Anita implementa ya un consejo de administración, suena aburrido Lo se, pero es justo lo que explica todo lo que viene despues. Primero te organizas, luego creces, no es al revés. Y eso en negocios familiares casi nunca pasa en ese orden. En 2023, La La Anita abre su planta centro en Cuautitlán, Estado de México. No es un dato menor, significa producir más cerca del centro del país, no solo desde Yucatán. Y eso le da otro tipo de logística, otro alcance de distribución. Es la pieza que le faltaba a de pensar en algo más grande. Y en 2024 llega el paso que de verdad la transforma. La La Anita compra Alimentos 3G, la empresa dueña de Salsa Chila, marca de Nuevo León, nacida en 1996. No es una compra cualquiera ni una más del montón. Es la primera vez que La La Anita deja de crecer solamente con su propia marca y empieza a construir un grupo de varias marcas adentro. Lo que llama la atención es que fue una empresa yucateca comprando una marca del norte. No es la jugada que uno esperaría. Vaya, ni siquiera parece tener lógica geográfica, pero ahí está lo interesante del caso. Michael Porter decía algo que a Perfecto aquí. Si compites desde un solo producto, tu cancha es chica. Si compites desde un portafolio, cambias el juego completo. La La Anita ya no solo vende achiote, vende capacidad, distribución, salsas picantes, adobos, sazonadores y ahora, con salsas cremosas y aderezos. La integración subió su capacidad a más de 50 mil toneladas al año. Más de 50000 toneladas al año. 50000 Eso ya no suena a marca regional, suena a plataforma. Aquí conviene detenerse un momento, porque es el corazón estratégico de todo el caso. Peter Drucker decía algo que parece simple, pero que casi nadie aplica de verdad: el propósito de una empresa no es vender un producto, es satisfacer una necesidad del cliente. Si La La Anita se hubiera definido a sí misma como la empresa de el achiote, la compra de Salsa Chila no tendría sentido. Pero si se define como la empresa que resuelve cómo cocina y sazona una familia mexicana, entonces Salsa Chila deja de ser un producto distinto y se vuelve la respuesta lógica a la misma necesidad, solo que en otra categoría. Eso es justo lo que Drucker llama definir el negocio desde el cliente y no desde el producto. Y cuando una empresa entiende eso, deja de preguntarse qué más puede fabricar y empieza a preguntarse qué más necesita la gente que ya le compra. ¿Cuáles son los riesgos para no quedarnos solo con la parte bonita? Juntar una marca del norte con una operación yucateca no es nada más logística, es cultura, es forma de trabajar, es identidad. Si las dos marcas se confunden entre sí, el cliente deja de saber qué está comprando. Y exportar, que ya lo hacen a Estados Unidos y Canadá y otros países, no es lo mismo que vender bien en casa. Es sostenerte donde todavía nadie sabe quién eres. Lo que sí queda claro es el orden de los pasos. Primero ordenas el gobierno corporativo, luego construyes capacidad, luego compras lo que te hace falta. Ese orden, más que la compra misma, es la lección de todo este caso. ¿Pregúntate algo en tu negocio: ya tienes la estructura para crecer más allá de lo que hoy sabes hacer bien? ¿O todavía depende todo en una sola persona, en un solo producto o en un solo mercado? Las empresas que dan el salto de marca a plataforma casi nunca lo hacen por impulso. Lo hacen porque mucho antes de crecer se ordenaron por dentro. Soy Juan Carlos García Barcala. Si esto te dejó pensando en tu propio Negocio, platiquémoslo en wwwjcgbmx Si te gusta lo que escuchas, suscríbete y compártelo. Esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. Gracias por escuchar Parteaguas esta semana. Yo soy Jonathan Ruiz. A mí me encuentran en redes sociales como Parteaguas Club. Si les gusta este podcast, compártanlo, recomiéndenlo. Eso me hace un favor. Hasta el lunes. I love it.