Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.
¿Ya conocen el negocio de Arturo Elías… Slim?
Su padre es famoso en México. Arturo Elías Ayub no solo es miembro de una de las familias mexicanas más poderosas, lo que le brinda ya suficientes reflectores.
A él le gustan las redes sociales, las domina. Podría bastar eso también, pero además se convirtió en la estrella de Shark Tank México, la versión nacional de ese show en el que los emprendedores buscan fortuna con sus ideas, mismas que exponen a potenciales inversionistas como él.
Pero ayer conocí al otro Arturo Elías, Arturo Elías Slim, el hijo mayor de la citada celebridad mediática y de Johanna Slim Domit. Este treintañero es un ingeniero industrial por la Universidad Anáhuac y es nieto de Carlos Slim Helú.
Elías Slim está en Las Vegas. Ayer, en uno de los salones del centro de convenciones del hotel Venetian, presentó el nuevo negocio de la familia: T1.
Ante mis ojos abrió el sitio t1.com y escribió dos renglones de instrucciones para obtener una tienda en línea con el propósito ficticio de vender sandalias y bolsos. En 40 segundos la tienda virtual quedó lista.
Quiero decir que ya contenía imágenes de muestra, un catálogo y un sistema para cobrar precisamente en el sistema virtual de T1. El marketplace completo.
Cualquiera que haya desarrollado un sitio web sabe que, en condiciones habituales, eso toma al menos un día a la persona más hábil. Además hay que programar el sistema de cobro y, ni hablar, de las redes sociales.
T1 ofrece esa ventaja. Vincula la tienda con su contenido en Instagram, Facebook y otros, de modo tal que la gente puede llegar desde esas plataformas a cerrar la venta.
Arturo Elías Slim presume que no hay una herramienta igual en el mundo y, como aval de la hazaña, tuvo al director de AWS en México, Rubén Mugártegui, la compañía líder global del mercado de esos centros de datos que llamamos “nube”.
Lo que T1 utiliza es tecnología: un montón de agentes o robots virtuales que reciben instrucciones para desarrollar permanentemente tareas específicas y tomar decisiones, como la de seleccionar o mejorar imágenes y montarlas en el sitio web de una tienda virtual.
Si sueno sorprendido es porque lo estoy. En mis redes sociales de Parteaguas Club pueden ver la presentación.
De fondo está la inteligencia artificial que ha servido de catapulta, miren nomás, al centenario Grupo Sanborns.
De ese negocio nació la idea, explicó el fundador de la plataforma presentada ayer a medios de comunicación convocados por AWS en la ciudad del juego.
Sanborns necesita aire fresco. Sus ventas cayeron 2.7 por ciento en un año contado hasta junio. Es golpeada por menores ventas a crédito, lo que complica las cuentas ante un escenario de incrementos salariales para sus empleados, por órdenes gubernamentales que empujan los sueldos hacia arriba de manera directa o indirecta.
Ahí nació, en Sanborns, pero no necesariamente del propósito de crear una fábrica de marketplaces, sino de fomentar una tecnología que evitara fraudes en las transacciones de comercio electrónico de los negocios de la familia Slim, en este país que es una máquina de romper reglas.
Una cosa llevó a la otra mientras en los centros de datos nacían los agentes, que son una suerte de genio de la lámpara, a los que es posible pedirles deseos que desarrollan en minutos u horas, después de iterar.
¿No les gusta ese verbo? La IA puso de moda el intentar, el volver a hacer lo que se había hecho hasta que quede mejor lo que uno quería al inicio, pero ahora a la velocidad de la escritura.
A eso le puso empeño el director de la nueva T1, en un ambiente de negocios que de a poco sube a la nueva generación de familias de empresarios, pero ahora en el terreno de la inteligencia artificial, lo que supone nuevos destinos para las empresas.
Tomen nota: ahí está José Antonio Fernández Garza Lagüera, que le dio la vuelta al negocio del OXXO para volverlo “fintech”; o Anuar Chapur, que eleva la rentabilidad del hotelero Grupo Palace por la vía de nuevas aplicaciones internas.
Ojo, que la innovación se abarató y se está juntando con la creatividad mexicana. Seguimos.