Expediente Umbral

Algunos de los que compartían tertulia con Umbral en el Café Gijón llegaron a decir que el escritor amenazó con suicidarse cuando su padre literario, Camilo José Cela, entregó el premio de su editorial a un adversario. Ese Umbral, el que ya había vivido la crueldad del fracaso, es el que pelea para conseguir la beca. En este capítulo, se reconstruye la psicología de Umbral. Hablan su biógrafa, Anna Caballé, y uno de sus primeros directores, Juan Luis Cebrián. 

What is Expediente Umbral?

¿Quién era Francisco Umbral? En 1971, escribió una de sus mejores novelas autobiográficas gracias a una beca de la Fundación Juan March. En su expediente, hasta ahora inédito, puede comprobarse que falsificó datos personales como su nombre y su fecha de nacimiento. Nadie supo que la verdad sobre su identidad se encontraba oculta en la novela. Y la mentira, en su solicitud. A través de entrevistas con quienes mejor lo conocieron –su viuda, Pedro J. Ramírez, Juan Luis Cebrián o Anna Caballé–, el periodista y escritor Daniel Ramírez reconstruye el origen proscrito de Umbral: la convivencia de una identidad falsa con una fama desbordante.

Expediente Umbral, por Daniel Ramírez García-Mina.
Segundo episodio: El suicidio: ¿amenaza real o impostura?
1965, cinco años antes de la concesión de la beca. Estamos en una clínica,
salimos de esa clínica. Regresamos de nuevo a la clínica, salimos de la clínica.
Vemos a Paco Umbral en la cama, con la mirada en el techo. Pasa un médico,
otro médico, otro médico. Ninguno sabe que le pasa. ¿Ansiedad? ¿Depresión?
Al final, escriben en el diagnóstico: “Crisis neurótica”.
Rebobinemos unos meses. Qué ha pasado, por qué Umbral tolera tan mal el
fracaso, por qué Umbral necesitará la beca y verá un negro vacío ante la mera
posibilidad del rechazo. No tendría que ser para tanto, ¡cuántos artistas y de
cuánto talento se quedaban cada año sin su beca de la March!
En aquel 1965, apenas cinco años de cumplimentar la solicitud, Umbral creyó
que su padre literario, Camilo José Cela, le daría el premio Nadal que concedía
su editorial, Alfaguara. Pero, en última instancia, Cela eligió a un coetáneo de
Umbral, Jesús Torbado. Aquello le hundió. Le sumió en un proceso de
neurosis. Algunos de sus compañeros de tertulia llegaron a decir que Umbral
mencionó en el Café Gijón la idea del suicidio.
Aquellos dos años, 1965-1967, fueron de una terrible crisis mental. Médicos en
distintas ciudades, ingresos, paseos a la Jiménez Díaz… Juan Luis Cebrián
nos cuenta que lo conoció así, recién dado de alta. Se lo llevó a la redacción de
Pueblo Jesús Hermida para proponerle que lo fichara, pero pronto Cebrián
cambió de periódico. Lo ficharía después, mediados los setenta, para el diario
El País. Era un Umbral recuperado, fiero, dispuesto a todo. Incluso a arruinar la
relación del director de El País con la empresa de El País. Pero el Umbral que
conoció Cebrián era el que acababa de salir de la clínica.
“El primer problema que tuve con la empresa de El País fue Umbral, por lo de
Pitita, porque él empezó a meterse con Pitita Ridruejo, que era la mujer del
embajador de Filipinas, y el mayor de José Ortega y Gasset, Miguel Ortega,
que era miembro del consejo, me montó un pollo de la hostia”.
Así era Umbral con sus directores, a los que provocaba amagos de infarto con
sus adjetivos.
“En dos o tres ocasiones que, de repente, igual pensaba yo que se pasaba, le
llamaba y le decía: "Oye Paco, ¿te lo piensas mejor? Y me mandaba a la
mierda. "Eres tú el que se lo tiene que pensar mejor". Coincidía mucho con él
en los estrenos de teatro, que entonces iba mucho, y era un personaje
verdaderamente fantástico”.
La relación de Umbral con El País, su primer gran periódico nacional, que
empezó en 1976, llegaría a su fin por un artículo titulado “Los laínes”, publicado
diez años después, donde ponía a caldo a Laín Entralgo y a ese grupo de
intelectuales predilecto para la familia Ortega y resto de dirigentes de la
empresa de El País.

“Eso fue, como te digo, de eso me acuerdo muy bien porque llegó un momento
que yo pensé que Umbral era tan importante que tenía que ser más importante,
y le di la última página del periódico semanal, una página semanal, pero entera
para él. Y él estaba encantado. Pero a la 4.ª o 5ª vez publicó un artículo que se
llamaba "Los laínes", y era un cachondeo sobre Laín Entralgo, Aranguren...
Sobre toda esa gente. Eso me generó unos problemas tremendos y un cabreo
de Javier Pradera total, porque Javier Pradera no era muy partidario de Umbral.
Y claro, Laín Entralgo era alguien importante para José Ortega y para el grupo
fundador de El País y para... no sé. Y era amigo mío también... Lo de "Los
laínes" fue tremendo. Y entonces hablé con Umbral, le conté lo que había
pasado y le dije que había pensado que debía seguir con la página entera en
los términos que él quisiera, pero que no iba a ser la misma página, sino que
iba a ser la misma página, pero una página del interior. Ya vería si en la de
Opinión o tal. Y eso no la admitió y se fue a ABC, que ya le estaba... pero
ABC...en ABC no duró nada”.
Pero no nos desviemos. Hemos venido a conocer a Francisco Pérez Martínez,
aquel niño hecho de dolor y que poco tuvo que ver con Francisco Umbral, el
escritor dispuesto a todo con tal de alcanzar el éxito.
Para comenzar a desenredar el hilo del misterio vamos a ver a Anna Caballé,
que viviendo Umbral publicó ‘El frío de una vida’, la primera biografía que
ahondaba en el origen proscrito del escritor. Iba a ser una biografía
autorizada… hasta que Umbral se enteró de lo que allí se desvelaba y levantó
un muro frente a la investigadora. La propia Caballé nos confiesa el dilema
moral que, en algún momento, asalta a todo biógrafo: ¿hasta dónde se debe
contar? ¿Quién es el biógrafo para revelar la identidad del biografiado si el
biografiado no quiere hacerlo? ¿Por qué deben conocer los lectores ese fondo
tanto tiempo oculto si eso va a provocar un torrente de dolor en el biografiado?
Ese dilema, ahora, es fácil de resolver. Sobre todo, para nosotros, que
hacemos esta investigación con investigaciones de los demás. Sobre todo,
ahora que Francisco Umbral está muerto y no hay dolor que se le pueda
causar. Sobre todo, ahora que han pasado más de quince años desde su
última columna. Sobre todo, ahora que España, la guardiana de sus secretos,
nos abre la puerta de su casa para hablar de esto con naturalidad porque
comprende que el mal sagrado de Paco es clave para entender la obra de
Umbral.
Pero ninguna de estas circunstancias operaba cuando Caballé publicó su libro.
Nos explica que decidió seguir adelante porque consideró que el mal sagrado
de Umbral era indispensable para comprender en su plenitud la obra del
escritor más influyente del país. ¿Qué habrías hecho tú? ¿Qué habría hecho
yo? ¿Lo habríamos publicado? Qué difícil responder a esa pregunta.
Él estaba ocultando sus orígenes, su procedencia. Pero, en cambio, y esta es
la tesis de mi biografía, por una parte, la oculta y por la otra, en los años 70, él
necesita escribir de lo que está viviendo como un auténtico secreto, una herida
abierta. 'Los males sagrados' es un libro donde él, yo creo que, sin ser
consciente, se abre el pecho y es una literatura o es una escritura muy

confesional donde él habla de su mal sagrado. Y su mal sagrado es su origen
proscrito.
Caballé ya había quedado varias veces con Umbral cuando la relación se
rompió. De hecho, habían trazado cierta complicidad. En un momento dado, la
biógrafa se preguntó por el fondo de esos textos tan ficticios que sonaban tan
verdaderos. Todos esos párrafos de un lirismo crudo, cruel, esa verosimilitud
contando la vida de un niño de provincias que no sabe quién es su padre, que
no sabe quién es su madre, que vive en una casa donde el pasillo es largo,
oscuro y se aparecen a cada paso retratos de muertos. El argumento se repite
una y otra vez en lo que Umbral publica como novelas.
Eran novelas que no alcanzaban el éxito de la crítica porque no tenían
argumento. Tan sólo eran escenas inconexas, imágenes, poemas en prosa,
música sin partitura. Un jazz cadencioso y desgarrador que, aparentemente, no
llevaba a ninguna parte más que a la contemplación de esas estrellas fugaces
que son los párrafos de Umbral. Pero ¿y si esas escenas fueran de verdad?
Esa pregunta se hizo Caballé y, tratando de contestarla, se dio cuenta de que
sí: eran de verdad.
La primera pista fue muy novelesca. La peripecia de Caballé con Umbral
empieza de la siguiente manera. Una universidad en Barcelona. La
investigadora ha invitado a Francisco Umbral a dar una conferencia. Estando
todavía allí el escritor, para poder tramitar el pago, Caballé le pide el DNI, que
Umbral en un principio le entrega, pero que, de pronto, arrebata de sus manos
dándose cuenta de lo que eso significa.
“Él en el carné de identidad que yo finalmente no llegué a ver, lo tuve en las
manos muy rápidamente, muy fugazmente, no lo vi completo. Pero yo entiendo
que en el carné de identidad todos los datos eran reales, cuando cobraba sus
derechos de autor en Planeta y en Destino, había unos acuerdos con las
editoriales y tal y simplemente se mantenían en secreto. Pero entiendo que él a
la hora de liquidar sus facturas utilizaba el carné de identidad. Otra cosa es que
en todas sus biografías "oficiales" él borraba las huellas de ese hecho. Por eso
insisto, para mí la palabra es ocultación. Él tiene un carné de identidad donde
pone sus apellidos reales. Pero, por otra parte, él se crea un personaje y este
personaje se encarga de ocultar las huellas”.
Umbral vuelve a Madrid, pero da largas a Anna Caballé. Caballé quiere
pagarle, pero no puede. Caballé quiere seguir haciéndole preguntas para
escribir el libro, pero Umbral no contesta. De pronto, se alza un muro ante ella.
Las fuentes amigas de Paco Umbral callan. Quieren proteger a su compañero.
Quieren librarle del dolor que lleva sufriendo toda una vida pero que, temen,
pueda expandirse como una metástasis si ese “mal sagrado se hace público”.
Caballé viaja a Valladolid y encuentra la partida de matrimonio de Francisco
Umbral con María España. Se topa con la primera parte del misterio desvelada.
Umbral no es Umbral. Umbral es solo un apellido melodioso, una firma de dos
sílabas para un nombre de tres sílabas. Otra vez la música. Los apellidos del

escritor son “Pérez Martínez” y es hijo de Ana María Pérez Martínez, madre
soltera.
“Bueno, fui a Valladolid, durante un curso de doctorado que daba en
Salamanca, como tenía mucho tiempo libre, me fui a Valladolid varios días
seguidos al Registro Civil, y fue cuando, localizando la partida de matrimonio
de Umbral, entendí todo. Porque entonces comprendí la resistencia que había
a facilitar su identidad. Se crea una confusión enorme, porque, y esto lo
comento en el libro, incluso en los archivos de la Administración del Estado en
Alcalá de Henares, dudaban del segundo apellido de Francisco Umbral. O sea,
en un expediente ponen Francisco Umbral Martínez, en otro Francisco Umbral
Pérez. O sea, todo el mundo se hacía un lío”.
¿Pero qué encontraste en la partida de matrimonio de Umbral en Valladolid?
“En la partida de matrimonio decía claramente: Francisco Pérez Martínez, hijo
natural de Ana María Pérez Martínez”.
En ese momento, la identidad de la madre de Umbral sólo la conocían su
familia, su mujer y Delibes. Quizá, sólo quizá y muy improbablemente, algunos
pocos más. Muy pocos. Nos lo cuenta España en un sillón de la Dacha de
Majadahonda, muy cerca de donde el escritor recibió la llamada del Premio
Cervantes. Es curiosa la sensación. Miramos al sillón y revivimos al autor
implacable. Escuchamos a España y vemos al niño que intentaba protegerse.
“Paco me contó en un momento determinado, pues claro, lógicamente me tenía
que hablar. Yo sabía que su madre era una mujer soltera, pues me tenía que
hablar de su padre, y efectivamente me explicó quién era. Y efectivamente,
claro, él heredaría algo, porque era un hombre también dedicado a las letras.
Como es su hijo, que sería sobrino de Paco, que es profesor de esto y
efectivamente él se podría haber apellidado de otra manera sí hubiera sido
posible. Pero entonces no era así, se tuvo que quedar con el apellido de su
madre, que era muy corriente. Pérez Martínez es lo más corriente que puede
haber”.
Las revelaciones de Caballé levantan un auténtico huracán. En ese mismo
documento, advierte que Umbral no nació en 1935, sino en 1932. La tesis de
Caballé señala que el escritor no se quitó años, como su idolatrado Gómez de
la Serna, por una cuestión de coquetería. Lo hizo porque nacer en 1935, y no
en 1932, le permitía dibujar a una familia que huyó en 1936 desde Madrid hasta
Valladolid para instalarse en una ciudad más tranquila, lejos del frente.
Caballé siguió tirando del hilo. Habló con dos primos de Umbral, hijos de las
hermanas de la madre, que se criaron con él de niño. Todos en la misma casa.
Iba a adentrarse en la habitación más sagrada de Umbral: su madre.