Un viaje alrededor de los mitos, leyendas y folclore de todo el mundo. Descubre las verdaderas historias que se esconden tras los cuentos que creías conocer. Desde los dioses de la mitología griega y nórdica, hasta los héroes olvidados de la mitología africana y las criaturas de pesadilla del folclore mundial, desenterramos sus orígenes y desciframos su profundo simbolismo.
Conducido por el Dr. David García, este podcast es un puente narrativo entre el pasado y el presente. Exploramos la mitología comparada y cruzamos fronteras para entender cómo la historia, la psicología, la filosofía y la cultura pop moderna se entrelazan con las antiguas creencias.
¿Qué tiene que ver el Viaje del Héroe con tus películas favoritas? ¿Qué lecciones ocultan los cuentos de hadas originales? Únete a nosotros y descubre por qué, miles de años después, seguimos necesitando estas historias para entender el mundo de hoy.
Son las tres de la madrugada
en algún lugar de Japón.
Una niña se despierta de golpe con
el corazón disparado y la pesadilla
todavía pegada a los ojos y hace
algo que le enseñó su abuela.
Mira a la oscuridad de la habitación
y susurra un nombre tres veces:
"Baku-san, ven a comerte mi sueño".
Baku, el comesueños, el monstruo al
que en Japón se lleva seiscientos
años llamando de noche para
que se trague las pesadillas.
Y hay algo que casi nadie sabe.
Tú a ese monstruo ya lo conoces.
Lo llevas en el bolsillo
desde pequeño con otro nombre.
Hoy vas a ver de dónde salió de verdad,
porque no siempre comió sueños, cómo
terminó junto a la almohada de los
samuráis y por qué su leyenda esconde
una advertencia, una letra pequeña que
da bastante más miedo que la pesadilla.
Lo que sabemos viene del folclore
chino, de estudiosos de yōkai
como Michael Dylan Foster y de un
detalle del ritual que todo el mundo
repite y casi nadie termina de leer.
Empecemos por su cara,
porque no hay otra igual.
Imagina un animal con el cuerpo de un oso.
Ponle encima la cabeza y la trompa
de un elefante, los ojos de un
rinoceronte, la cola de un buey y
para andar las patas de un tigre.
Eso es el baku, no un dibujo
raro, una quimera, un ser hecho
de trozos de otros animales.
Y la leyenda cuenta
por qué está hecho así.
Dice que cuando el mundo era nuevo
y los dioses estaban creando a los
animales, fueron repartiendo las piezas.
Esta pata para aquel,
esta cola para el otro.
Al terminar, sobró un
montón de partes sueltas.
En vez de tirarlas, con lo que había
quedado armaron el último animal.
Y ese fue el baku, el
animal de las sobras.
Y fíjate en el giro.
En lugar de despreciarlo por venir
de los restos, lo hicieron sagrado.
Una bestia protectora de
las favoritas de los dioses.
Si esa mezcla te suena
de algo, hay un motivo.
El baku se parece muchísimo a un animal
real, el tapir, ese primo tímido del cerdo
y el caballo con nariz de trompa pequeña.
Tanto se parecen que en japonés el
tapir se llama exactamente baku, mismo
nombre para el monstruo y para el bicho.
Pero te decía que ya lo
conoces y voy a cumplirlo.
Un monstruo japonés que se alimenta de los
sueños de la gente, que te mira mientras
duerme y se lleva lo que hay en tu cabeza.
¿No te recuerda a nadie?
Drowzee y su evolución
Hypno con el péndulo.
Los Pokémon que se comen sueños
son casi calcados, el baku.
Y en Digimon hay un personaje que
se llama, sin disimular, Bakumon.
Un talismán de hace seiscientos
años terminó dentro de una
consola en el bolsillo de un
niño sin que el niño lo supiera.
Solo que ese baku, el comesueños,
el amable, no es el original.
El primer baku no comía sueños,
comía metal y ni siquiera era
japonés Rebobinemos hasta China.
Antes de ser un yokai japonés, el baku era
una criatura del folclor chino llamada mo.
Misma pinta imposible de animal de
sobras, pero otra dieta y otro oficio.
El mo no se acercaba a tus sueños.
Se comía el cobre y el hierro, masticaba
metal y, sobre todo, servía para
una cosa: espantar la enfermedad, la
peste, los espíritus que traían plagas.
Y por eso se le cazaba.
Quien mataba a uno se quedaba con su
piel y lo usaba como manta o talismán.
Dormir sobre la piel del baku te
protegía de los malos espíritus.
Con el tiempo la cosa se
abarató, como se abaratan todas.
Ya no hacía falta la piel, bastaba con
una imagen del baku colocada cerca de la
cama para que el mal se mantuviera lejos.
El monstruo se había convertido en
un dibujo y un dibujo viaja fácil.
Así llega a Japón, donde ya se le
conocía en el periodo Muromachi,
entre los siglos catorce y quince.
Y aquí ocurre la transformación, el
cambio que lo convierte en lo que es hoy.
En Japón, el baku deja de comer
metal y empieza a comer pesadillas.
El guardián contra la peste se vuelve
el guardián contra los malos sueños.
Y a partir de ese momento,
curiosamente, su historia se estabiliza.
Desde entonces y hasta hoy, el
baku es para todo el mundo el
que se traga tus pesadillas.
Y los japoneses se lo
tomaron muy en serio.
Se escribía el nombre del baku en un
papel y se metía bajo la almohada.
Se llegaron a fabricar almohadas con su
forma para dormir, literalmente, sobre
el monstruo que te cuidaba el sueño.
La tradición dice que hasta un
señor de la guerra tan poderoso
como Toyotomi Hideyoshi usaba una.
Del emperador al general
más temido de Japón.
Todos querían al mismo monstruo
vigilándoles las noches y
todos repetían el mismo ritual.
Un ritual que tiene una línea, la última,
que la abuela no siempre cuenta Volvamos
a la niña de las tres de la madrugada.
Se despierta, tiene miedo y
llama al baku tres veces:
"Baku-san, ven a comerte mi sueño".
Y la leyenda dice que el monstruo entra
en la habitación, se traga la pesadilla
y la niña vuelve a dormirse en paz.
Bonito.
Un monstruo que hace de
niñera contra el miedo.
Pero el mismo cuento que te enseña
a llamarlo, te enseña en voz más
baja a no abusar, porque hay una
condición: si el baku se come tu
pesadilla y se queda con hambre,
no se marcha vacío, sigue comiendo.
Y lo siguiente que hay en tu cabeza
después del miedo son tus esperanzas, tus
ganas, las cosas que quieres llegar a ser.
El baku se las come también y te
deja vivir, sí, pero vivir vacío.
Párate un segundo en lo que acaba de pasar
porque es extremadamente interesante.
En español y también en japonés, sueño
es dos cosas con la misma palabra.
Está el sueño que tienes de noche, el
que ves cuando duermes, y está el sueño
que tienes de día, eso que quieres, la
vida que te imaginas, la misma palabra
para las dos y toda la advertencia
del baku vive justo en esa bisagra.
Lo llamas para que se lleve un tipo
de sueño y el aviso es que si no
tienes cuidado, se llevará el otro.
Y eso que suena a un cuento para que
los niños no molesten cada noche, a
mí me parece una de las intuiciones
más finas que ha dado el folclore.
Porque nosotros, seiscientos años
después, no hemos dejado de invocar bakus.
Hemos construido los nuestros.
Todo lo que promete quitarte de
encima lo que te incomoda es, en el
fondo, una llamada al comesueños.
Vivimos rodeados de invitaciones
a borrar lo que molesta, la mala
noticia, el silencio incómodo, el
pensamiento que preferirías no tener.
Buenas vibras solamente.
Fuera lo que duele.
El problema es el trato,
es el mismo trato del baku.
Los que estudian los sueños tienen
una sospecha incómoda sobre las
pesadillas, que no son un error
del cerebro, sino un ensayo.
Que la mente, mientras duerme,
practica sus miedos para que
despierto no te pillen tan de nuevo.
La pesadilla trabaja y si encuentras
la manera de no tener ni una nunca
más, a lo mejor no has ganado tanto.
Has apagado algo que te estaba
preparando para el futuro.
Porque resulta que lo que te asusta y
lo que te empuja salen del mismo sitio.
La ambición y el vértigo son vecinos.
Lo que te quita el sueño por
miedo es muchas veces lo mismo
que te lo quita por deseo.
Y un monstruo que entra a llevarse
una cosa no siempre sabe dónde
termina una y empieza la otra.
Esa es la letra pequeña que la abuela
decía por lo bajo: " Ten cuidado
con lo que le pides que se lleve,
porque a lo mejor no distingue".
Así que la próxima vez que quieras
que algo, lo que sea, venga a tragarse
lo que te incomoda, acuérdate del
trato del baku, no de su cara de
tapir ni de que ahora sea un pokemon.
Acuérdate de la condición.
Un monstruo que se come tus
pesadillas es un buen monstruo hasta
el día en que se queda con hambre
Los griegos imaginaron otra manera de
quedarte vacío: un río del que bebes y
lo olvidas todo antes de volver a nacer.
Lo cuenta Platón en el mito de Er, el
soldado al que dieron por muerto y volvió
para contar lo que hay del otro lado.
Le dediqué un episodio
entero que puedes escuchar