Notas con audio

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Exclusivas de La Gaceta

Los congresales que declararon la Independencia habitaban un territorio convulsionado por la guerra, dividido por intereses regionales, acosado por dificultades económicas y atravesado por profundas incertidumbres políticas. En el Congreso reunido en Tucumán se disputaban la hegemonía tres facciones: los porteños por un lado, los cordobeses y cuyanos por el otro, los norteños flotando en el medio. Del Litoral ni siquiera habían venido.Y no obstante, en ese escenario precario, incierto, arriesgado, asumieron la extraordinaria responsabilidad de declararse libres. Una decisión que no garantizaba el éxito; apenas abría una posibilidad. ¿La verdad? No sabían si el nuevo Estado lograría sobrevivir. Pero comprendían algo esencial: hay momentos en los que una comunidad debe tomar decisiones oteando en el horizonte un bien común.Fotos, internas y definiciones: las cinco claves políticas que dejó el 9 de Julio en TucumánSin planearlo, impelidos por esa urgencia histórica, se convirtieron en patriotas.* * *Pasaron 210 años. Aquí estamos. Las escuelas organizan actos, los edificios públicos se visten de celeste y blanco, las autoridades pronuncian discursos y las redes sociales se llenan de mensajes. Está todo bien, porque sin memoria no hay identidad. Pero la pregunta sigue firme: ¿qué significa hoy ser patriota?* * *Pocas palabras han sufrido en la Argentina un desgaste semejante al de “patria”. Invocada por gobiernos de todos los signos, apropiada por movimientos políticos enfrentados entre sí, utilizada con frecuencia como un recurso retórico antes que como una convicción ética. Nadie sabe muy bien qué es la patria, pero todos dicen defenderla, aseguran hablar en su nombre y reclaman para sí el monopolio de su interpretación.Todo eso lleva a desconfiar del presunto celo patriótico que emerge en fechas como esta. De quienes cantan el Himno a los gritos o se embanderan para quedar bien con la efeméride. Nada de eso tiene que ver con el patriotismo. Será, como escribió Rainer Maria Rilke, porque la patria es la infancia.* * *Hannah Arendt sostuvo en “La condición humana” que la política sólo puede existir allí donde los ciudadanos construyen un “mundo común”, ese espacio compartido que no pertenece exclusivamente a nadie y del cual todos son responsables. Ese mundo común está hecho de instituciones, de leyes, de memoria, de lenguaje, de tradiciones y de acuerdos. Es el lugar donde conviven quienes piensan distinto. La patria puede definirse como una de las formas más profundas de ese mundo común del que hablaba la filósofa.A 32 años de una postal inolvidable: así fue el desfile del 9 de Julio de 1994 en Tucumán* * *Arendt desconfiaba de las palabras convertidas en propaganda. Sabía, por experiencia propia, que los totalitarismos vacían de contenido nociones como pueblo, nación, libertad o patria hasta transformarlas en instrumentos de dominación. A saber: las diferencias siguen siendo decisivas; quien ama a su país puede criticarlo; quien ama a una República puede denunciar la corrupción; quien respeta las instituciones puede exigir que funcionen mejor.* * *En cambio, hay un concepto que interpreta toda crítica como una traición. Es el patrioterismo, palabra tan particular que otros idiomas apenas consiguen traducirla. El patrioterismo es el patriotismo reducido a una gesticulación. Es la exaltación permanente de los símbolos sin el correspondiente compromiso con los valores que esos símbolos representan. El patrioterismo necesita exhibirse, como una escarapela en la solapa, y habla constantemente de la patria, pero pocas veces se pregunta qué exige realmente vivir para ella. El patrioterismo puede emocionarse frente al Himno mientras desprecia las instituciones republicanas. Puede cubrirse con la bandera mientras mira para otro lado cuando se topa con el sufrimiento ajeno. Puede proclamar un nacionalismo exaltado y, al mismo tiempo, en el día a día, antepone el interés personal  sobre el bien común.* * *La historia ofrece demasiados ejemplos y la Argentina conoció esas tentaciones. A lo largo de su historia, distintos sectores pretendieron apropiarse de la palabra “patria” para convertirla en un patrimonio partidario. Pero una patria que excluye deja de ser patria. El historiador José Luis Romero dedicó buena parte de su obra a desmontar las visiones simplificadoras del pasado argentino. Para él, la historia nacional es un proceso complejo, lleno de tensiones, avances, retrocesos y conflictos entre proyectos distintos de país. Por eso, quizás el mayor legado del Congreso de Tucumán no haya sido únicamente la declaración de la Independencia, sino demostrar que era posible anteponer un objetivo común a las diferencias particulares.* * *Dos siglos después, esa enseñanza conserva una actualidad incómoda. ¿Puede llamarse patriota quien sólo concibe el país como el territorio de los que piensan igual que él?* * *Desde Juan Bautista Alberdi hasta Natalio Botana entendieron que la patria es una promesa de convivencia organizada por la ley. Allí comienza otra manera de pensar el patriotismo, menos ligada a las emociones y más vinculada con la responsabilidad cívica. Ese es el hilo que conecta el invierno de 1816 con la Argentina de 2026.Alberdi nunca confundió el patriotismo con la exaltación patriótica. Su intuición era profundamente moderna, consciente de que una patria no se sostiene por la intensidad de los sentimientos, sino por la calidad de sus reglas de convivencia. Por eso, cuando hablaba de patria, hablaba también de Constitución. Y cuando hablaba de libertad, hablaba de ley. Si la nación es una construcción permanente, entonces ser patriota no puede consistir únicamente en venerar el pasado.* * *Buena parte de las crisis argentinas nació cuando distintos actores políticos confundieron mayoría con unanimidad, gobierno con Estado o partido con patria. Natalia Botana suele recordar que la Constitución no fue concebida para proteger a los gobernantes de los ciudadanos, sino exactamente al revés. Ese principio constituye una de las expresiones más elevadas del patriotismo republicano.* * *Hay una palabra que atraviesa el pensamiento de Alberdi, de Romero y de Botana, aunque cada uno la formule de manera distinta. Esa palabra es ciudadanía. No existe patriotismo posible allí donde los habitantes renuncian a ejercer plenamente su condición de ciudadanos. La democracia contemporánea enfrenta un riesgo silencioso, que es transformar a las personas en simples espectadoras de la vida pública. Entonces las noticias se consumen como entretenimiento, la política se sigue como si fuera un partido del Mundial, los dirigentes aparecen convertidos en celebridades y los debates públicos terminan reducidos a consignas de 140 caracteres o a videos de TikTok. En ese contexto no hay ciudadanos, sino consumidores. Y una República necesita ciudadanos capaces de deliberar, de controlar al poder, de informarse críticamente y de asumir responsabilidades compartidas. No consumidores.Conducir nuestro propio destino: el mandato del 9 de Julio* * *Y algo más. Durante buena parte del siglo XIX, el patriotismo estuvo asociado al sacrificio militar, concepción que respondía a una realidad histórica. El siglo XXI plantea desafíos diferentes. Hoy la supervivencia de la Nación depende de la calidad de sus instituciones, de su sistema educativo, de su desarrollo científico, de la confianza social, de la fortaleza de su cultura democrática y de su capacidad para construir acuerdos. No de los tanques ni de los fusiles. En síntesis: la Independencia no fue el final de una empresa histórica, sino el comienzo de una obligación que nunca concluye. Hoy heroísmo no es morir por la patria; es vivir para ella.