Diccionario sonoro que recoge los nombres, historias y lugares protagonistas de la emocionante aventura que representa la música contemporánea desde su creación a la actualidad. Más información: march.es/contemporanea
Juan Hidalgo (y Zaj)
Compositor, artista conceptual y 'performer' (Las Palmas de Gran Canaria, 14 de octubre de 1927–Ayacata, Gran Canaria, 26 de febrero de 2018).
En sus primeros años en su Gran Canaria natal, Barcelona y París, Juan Hidalgo Codorniú se forma musicalmente con múltiples profesores. Recibe en 1955 el II Premio de Instrumentación del Conservatorio de Ginebra. Al año marcha a Italia. Va a estudiar el serialismo con Bruno Maderna. Y ahí, en Milán, hace amistad con Walter Marchetti, con quien va a trabajar estrechamente y a lo largo de los años.
Hidalgo es el primer español que estrena una obra serial en el Festival Internacional de Nueva Música de Darmstadt, en 1957. Se trata de 'Ukanga', la pieza que está sonando.
Al año siguiente entra en contacto con John Cage, que va a alejarle del serialismo y acercarle al zen y mostrarle nuevos caminos distantes de la estructura unidireccional espectador-intérprete. 'John Cage es mi padre, aunque me llame Hidalgo, y Duchamp es mi abuelo, aunque no se llame Cage', dice Hidalgo a partir de ahora.
1961. Viaje al París de la 'musique concrete' y la electrónica. Allí, en el estudio de la ORTF, Juan Hidalgo produce 'Etude de Stage', primera obra electroacústica española. También empieza a crear obras de acción musical, algunas no exclusivamente sonoras. De ahí marcha a Italia con Walter Marchetti. En esos tiempos consolidan las bases performativas y estéticas que van a definir su proyecto de corte neodadaísta: Zaj.
A su regreso a España en 1964, y después de dar por explorados caminos estrictamente musicales, Hidalgo y Marchetti pretenden poner en marcha un grupo estable de acción-teatro musical. Eso es Zaj. Inevitable es mencionar la influencia de Fluxus, aunque las obras de la pareja –señala Llorenç Barber– son anteriores a la llegada de George Maciunas a Europa.
El primer acto público de Zaj tiene lugar el 19 de noviembre de 1964 en Madrid: se trata de transportar tres objetos de madera de chopo desde la calle Batalla del Salado hasta la Avenida de Séneca. La ruta no es caprichosa: son los mismos 6.300 metros que caminó el anarquista Buenaventura Durruti antes de ser alcanzado por una bala enemiga.
Un músico de prestigio se les une en estos días: es Ramón Barce. Esos tres artistas sin molde son Zaj hasta 1967; año en que Barce lo deja. Poco después entra la artista Esther Ferrer. En la historia del colectivo hay otros muchos miembros y colaboradores eventuales –músicos, poetas, pintores o ‘performers’–, como Tomás Marco, José Luis Castillejo, Martin Chirino, Miguel Ángel Coria, Manolo Millares, Manuel Cortés y un largo etcétera.
El primer concierto de Zaj tiene lugar en el Colegio Mayor Menéndez Pelayo el 21 de noviembre de 1964. En el texto de la invitación, Hidalgo advierte al público: “diré enseguida que, desde un primer momento, ojos y oídos han tenido un papel en la música experimental. ¡Atención, pues! No olviden las orejas quienes tengan los ojos en primer plano”. En sintonía con Cage, la obra exhibe su no sonoridad: es música de acción y teatro para ser visto. Acción corporal que consigue hacer, en palabras del Profesor de Estética y Teoría del Arte en la Universidad de La Laguna José Díaz Cuyás, “música con los más leves rumores de lo cotidiano”.
Los conciertos Zaj están formados por los 'etcéteras', que Hidalgo define como 'documentos públicos'; son un conjunto de gestos, frases escritas, silencios y objetos exhibidos fuera de contexto.
Según los designios del 'mail art', Zaj envía por correo partituras para pluma y tablero, calendarios con agujeros en lugar de meses, servilletas y otras extravagancias. Zaj también publica libros, como 'Viaje a Argel' (de 1967), 'La caída del avión en el terreno baldío' (del mismo año) o 'La Política Zaj' (de 1968).
En 1965, Zaj organiza sus propios festivales. En 1966 –ya en contacto con artistas internacionales como Wolf Vostell, Yoko Ono, Hermann Nitsch, Dick Higgins y Alison Knowles– sale de gira por Europa. En 1967 ofrece conciertos tan polémicos como el único de los siete previstos en el Teatro Beatriz. Los otros seis se cancelan tras el escándalo.
José Antonio Sarmiento escribe: “A oscuras, y a cada compás de un horrísono estruendo musical, apagado por el que formaban los silbidos y el pateo del público, salimos anoche del Beatriz, teatro nacional de cámara y ensayo, después de hora y media de espectáculo a base de escenas mudas y sin hilación que llevaba el caprichoso título de ‘zaj’. La gente salía bastante indignada, aunque sin razón, porque se había divertido mucho diciendo todo lo que quería. Durante todo el tiempo que estuvo el telón levantado no se oían más que las intervenciones de los espectadores. A telón bajado, todo lo dominaba la imponente majestad del pateo. Como comentario final se escuchó: ‘Cuando mi madre me pregunte de dónde vengo, ¿qué le digo?’ Pregunta oportuna porque no podía decir que del teatro”.
Cada acción de Zaj trata de rechazar la sacralización del objeto artístico y los circuitos convencionales. A partir de 1972, tras participar en los Encuentros de Pamplona, Zaj opta por enfocar sus actividades al extranjero, en buena medida por las incomodidades del régimen franquista. Antes de eso, un reportaje del No-Do reporta primero con asombro el 'Concierto enguantado' (en el que la mano de Hidalgo escribe sobre una pizarra), luego se permite una pincelada de ironía cuando este manipula su piano y al final, en el momento en que se come un besugo, manifiesta toda su incomprensión.