Notas con audio

El interminable escándalo que rodea al jefe de Gabinete se convirtió en una serie por entregas donde cada capítulo agrega personajes, contradicciones y símbolos de una época. El Gobierno enfrenta una pregunta incómoda: si el problema es el periodismo o la trama que sus propios protagonistas ayudaron a construir.

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El protagonista de la película The Truman show, interpretado por Jim Carrey -a quien Manuel Adorni se parece bastante cuando sonríe-, desde que nace es la estrella inconsciente de un programa de televisión que sigue su vida, con cámaras ocultas, durante las 24 horas, y a lo largo de los años. Truman ignora que su mundo es un gigantesco estudio cerrado en el que sus padres, sus compañeros de colegio, luego sus compañeros de trabajo y todos aquellos con los que se cruza son actores. Un día, mientras busca los límites de ese mundo, se sube a un velero que finalmente choca con una pared de ese estudio. Se le revela, de pronto, la ficción dentro de la cual se ha desarrollado toda su existencia. Y también una puerta para salir de esa caverna platónica. Una puerta que representa un dilema entre la permanencia en el universo armónico y seguro en el que ha vivido y el salto a la incertidumbre y la libertad de lo desconocido.El jefe de Gabinete está parado en un umbral equivalente. Después de vivir muchos meses bajo la intensidad de los reflectores, el llano al que puede volver no sería el mismo, para él, que el que durante casi toda su vida habitó. Las luces ahora lo enceguecen; le cuesta identificar con claridad qué es real y qué es conveniente en las relaciones y los discursos. La gloria es efímera, repetía un esclavo a los generales que entraban triunfantes en Roma. Ahora, él lo sabe. Pero ignora si la tormenta se aquietará.Para entender mejor la trama de esta historia, vale la pena repasar su desarrollo tratando de identificar sus motores.Vuelo al ocasoHace exactamente un año, el despacho de la Casa Rosada del entonces vocero presidencial tenía un almanaque en el que su principal ocupante, cada mañana, tachaba con una cruz roja los días a medida que transcurrían. Faltaban nueve para el final de la campaña de la elección legislativa en la ciudad de Buenos Aires que lo tenía como principal candidato de La Libertad Avanza. Adorni padeció cada una de esas interminables jornadas: las recorridas, los actos partidarios, el folclore proselitista. Ese candidato incómodo, imantado por Javier Milei y empujado por la audacia del karinismo a dar la pelea en el bastión del PRO, dio un inesperado batacazo el 18 de mayo. Desde ese día, el vocero quedó posicionado como un futuro candidato a jefe de Gobierno porteño para 2027. Antes de esa jefatura asumió, el 5 de noviembre, la de Gabinete, en los primeros días de la segunda luna de miel que el oficialismo vivía desde el triunfo en las legislativas nacionales del 26 de octubre.Milei blindó a Adorni ante el resto de su gabineteAnte una oposición groggy, el Gobierno concluyó el año con la sanción del Presupuesto, un crecimiento del PBI del 4,4% y la macro ordenada. En el último tramo del “veranito” político, el 6 de marzo el oficialismo promulgaba la postergada reforma laboral mientras la cúpula gubernamental preparaba su viaje en el Tango 01 a Nueva York. El lunes 9 arrancaba la Argentina Week, evento destinado a exhibir a inversores internacionales el potencial de nuestro país. Ese lunes neoyorquino, más luminoso de lo habitual por el cambio horario que se produce cada segundo domingo de marzo, tuvo como contrapartida una noche intensamente oscura para el Gobierno en el otro extremo del continente. El periodista Carlos Pagni mencionó, como nota al pie del editorial de su programa Odisea argentina, un posible vuelo del jefe de Gabinete en un avión privado, junto a su familia, a Punta del Este.La mención de ese vuelo, unida al hallazgo de la presencia de la esposa de Adorni en el avión presidencial, alimentó la curiosidad del periodismo y de las audiencias.Un manual para ManuelEn un intento de frenar en seco la incipiente bola de nieve, al conceder una entrevista periodística, el jefe de Gabinete aceleró la inercia. La frase “vengo una semana a deslomarme a Nueva York” lo transformó en meme. Ya no era solo el voyeurismo televisivo el que impulsaba la saga sino el sarcasmo propio de las redes que tanto entusiasmaban al oficialismo.Cristina Pérez, enfrentada con Manuel Adorni: "Mucha gente que te votó también se siente traicionada"En esa semana de marzo ya se registraba un daño significativo para el Gobierno pero no una avalancha. La discusión sobre el “turismo de Estado” había opacado el balance de la Argentina week, en la que se habían anunciado inversiones por miles de millones de dólares. Semanas después, el Gobierno perdería la capacidad de fijar la agenda pública y experimentaría un notorio deterioro en su imagen.En marzo se discutía, sobre todo, la contradicción entre el discurso “anti casta” y los lujos aeronáuticos de un funcionario. El foco estaba en una inconsistencia narrativa, que podía neutralizarse con un convincente pedido de disculpas -que existió pero sonó a poco- y en un vuelo de 40 minutos al Uruguay, con un precio de mercado de 4.500 dólares, que requería aclaraciones presupuestarias poco confortables pero manejables.La cocina del ratingEn la era de las series de plataformas de streaming, los guionistas y también los espectadores sabemos que la clave es dosificar la trama.El presidente Milei hizo una lectura conspirativa de los hechos adjudicando al periodismo el montaje de la obra. La hipótesis se cae cuando revisamos la estructura de los capítulos. El guion, en términos generales, fue urdido progresivamente por el protagonista y sus allegados. Declaraciones inconvenientes y contradictorias del jefe de Gabinete abonaron la historia. Negó la existencia de viajes familiares que después salieron a la luz, dijo que su casa del country estaba consignada en una declaración que no había sido presentada, anunció una claridad en sus papeles que no se pudo constatar. El archivo le jugó en contra cuando apareció diciendo que todos los funcionarios llevaban el mismo nivel de vida que en el pasado.Caputo defendió el rumbo económico y relativizó el impacto político del caso Adorni en las inversionesLos canales de televisión no impusieron la “novela”. Siguieron la demanda de audiencias ansiosas por conocer detalles que combinaban hoteles neoyorquinos, jets privados, vuelos en primera clase, refacciones suntuarias, incongruencias contables, personajes llamativos, internas políticas y el detrás de escena del ejercicio del poder. Todos ingredientes para una producción de Netflix.Con amigos así…Su amigo Marcelo Grandio, a quien Adorni identificó como la persona que se había encargado de organizar su vuelo a Punta del Este, brindó una entrevista en la que ofrecía detalles confusos sobre la naturaleza del dinero empleado en esos pagos. A eso se sumaría la existencia de contratos de Grandio con la Televisión Pública, dependiente de la Secretaría de Comunicación que encabezaba en su momento Adorni.Luego apareció la escribana Adriana Nechevenko, a la que el jefe de Gabinete conoce hace 15 años, quien en una entrevista televisiva dijo con una risa nerviosa “Se le dio todo junto”, cuando le preguntaron por la acumulación de operaciones inmobiliarias de su cliente. También ofreció información sobre dos jubiladas que prestaron al funcionario US$ 200.000 para comprar su departamento.Manuel Adorni, ante una gestión bajo la lupa: las principales frases del jefe de GabineteFue la persona que Adorni contrató para la remodelación de su casa en Exaltación de la Cruz la que reveló gastos en efectivo por US$ 245.000, y dentro de ellos los de la “cascada” que se transformó en símbolo de una liquidez que se resiste a ser mensurada. A esta altura, la contabilidad de los gastos de Adorni durante el ejercicio de la función pública había superado los US$ 365.000 a los que se suman USD 335.000 de deudas, en general en movimientos abruptos, en efectivo y sin registros claros.Finalmente, el fuego amigo alimentó el debate. Como el generado por el biógrafo presidencial Nicolás Márquez llamando “patán” y exigiendo la renuncia del funcionario. O, según contó el propio Adorni, un/a conductor/a de un noticiero que se “horrorizó” al aire por uno de sus viajes y estuvo a punto de viajar con él.Un fusible electrificado“Milei no consiente / que se mate así a un valiente”, pareció gritar el Presidente, parafraseando a Cruz en el Martín Fierro. Primero lo acompañó a la sesión informativa en el Congreso. Ajustado a un libreto, el jefe de Gabinete terminó de pie ese round. Pero el Presidente ató más su imagen a la del funcionario que debería actuar como fusible y no como ancla. El escándalo desvió la atención de logros como el fallo de YPF o, esta semana, la baja del riesgo país, la suba de las acciones argentinas o el anuncio de una inversión de USS 10.000 de Chevron.Fue una ex ministra del Gabinete, Patricia Bullrich, la que hizo sonar las alarmas al decir que Adorni no podía seguir procrastinando la presentación de las aclaraciones pertinentes. El antecesor de Adorni, Guillermo Francos, luego abonaría esa posición. Javier Milei, con un pie en el avión, improvisó una entrevista telefónica en la que dijo que no entregaría a un funcionario honesto al “altar del ego de los periodistas”. “Los periodistas son simplemente periodistas, no están por encima de la Constitución”, sentenció. Y retomó su tesis de que tiene derecho a insultar a quienes él considera que lo agravian.Adorni esquivó definiciones sobre la causa en su contra: "No puedo hablar para no obstruir el trabajo de la Justicia"La Corte Suprema es la encargada de establecer qué está por encima y qué está dentro del orden constitucional. Su jurisprudencia ha señalado que los funcionarios tienen un umbral distinto de protección de su vida privada y una vara contra críticas y agravios más baja que la del resto de los ciudadanos. Es una forma de equilibrar parcialmente la distancia existente entre quien puede apelar a recursos inaccesibles para un ciudadano común. Y, en particular, un modo de tutelar el interés público.¿Hay una carta guardada?El jefe de Gabinete sostiene que no habla para no obstruir a la justicia. “No hay obstáculo legal para que conteste las preguntas que le están haciendo”, dijo el constitucionalista Alejandro Carrió sobre el supuesto ataque de republicanismo del funcionario. El silencio, políticamente, puede ser suicida.La pregunta de estas horas es si hay una carta guardada que pueda derivar en un desenlace positivo para la crisis de Adorni. Una explicación contable tardía, apoyada en la presentación de una serie de movimientos respaldatorios de los activos, gastos y operaciones del funcionario, podría funcionar como coartada jurídica. Pero no será fácil recuperar la credibilidad en una ciudadanía que lleva dos meses siguiendo una trama con inconsistencias y lagunas en el discurso del jefe de Gabinete. ¿La apuesta estará concentrada en el paso del tiempo combinado con un eventual cambio del humor social por la reversión del clima económico?El sparring mudoMilei, políticamente, es el producto de su capacidad de atraer la atención del público televisivo, aptitud amplificada luego por las redes. El Presidente reconoce a Mauro Viale como su precoz mentor. “La televisión es como el boxeo. En cada minuto hay que meter una buena piña. Una frase, un zócalo”, lo aleccionó el conductor.Milei lanza sus golpes a través de impugnaciones e insultos. Pero la atención del público sigue concentrada en los rounds de la pelea que exhibe las fragilidades de su segundo, convertido en un sparring mudo. ¿Será un “Muhammad Alí de Kinshasa” recibiendo los golpes de su oponente para luego noquearlo cuando esté extenuado?Mauro Viale dominó el “periodismo reality” de la televisión de los 90, un género que combinaba agresiones verbales reales e impostadas. Una tarde de 2002 perdió el control en una discusión con Alberto Samid que desembocó, en vivo, en una grotesca pelea a trompadas que quedó grabada en la memoria de los argentinos. Ese día, para muchos, marcó el final de una forma de hacer televisión.