Bienvenido a CHANGELOG, el videocast de INUSUAL para quienes entienden que el cambio no es una opción, sino una constante. En cada episodio, exploramos cómo el cambio impulsa el desarrollo profesional y organizacional, ofreciendo reflexiones, aprendizajes reales y estrategias que te inspirarán a crecer como líder y transformar tu entorno.
A través de historias del proyecto INUSUAL, compartimos nuestra evolución desde los inicios hasta nuestra visión de futuro. Recordamos experiencias que nos han marcado, imaginamos lo que está por venir y desvelamos herramientas prácticas para afrontar los desafíos del cambio con confianza e innovación.
Este espacio está diseñado para quienes quieren convertir la incertidumbre en progreso, liderar con propósito y marcar una diferencia real en su vida y en sus organizaciones. Si te apasiona el crecimiento, este es tu lugar.
Hace poco, en una sesión de coaching, un directivo me dijo una frase que me dejó pensando. Es que creo que la lié por querer hacerlo bien, me dijo, con una mezcla rara entre vergüenza y, yo diría, cansancio. No parecía alguien que hubiera actuado mal, más bien parecía alguien que había intentado cuidar a su equipo y había terminado creando justo lo contrario. Me explicó que su empresa estaba en medio de una reorganización normal y corriente estos días, ¿no? No había nada cerrado todavía, nada que pudiera anunciarse con una fecha concreta o un organigrama o con un correo oficial, pero el caso es que se notaba, se notaba en el ambiente, se notaba en las reuniones, aparecían de repente cosas en la agenda, en los correos con copia a personas nuevas que nadie conocía, en los silencios del pasillo, un poco raro, en esa forma tan extraña que tienen algunas organizaciones de empezar a cambiar antes de decir que están cambiando.
Pere Rosales:Se nota antes de que digan nada. Él lideraba un equipo de 12 personas, un buen equipo me decía, gente que era responsable, adulta, gente que no necesitaba frases de manual, pero que tampoco se merecía enterarse de las cosas por rumores. Y ahí era donde estaba el problema que él tenía, ¿no? Él había vivido años atrás, en otra empresa en la que estuvo, una experiencia en la que se enteró que su departamento iba a desaparecer por una compañera de finanzas casualmente, ni por su jefe ni tan solo, en una reunión ni en una conversación cuidada. Se enteró por una frase medio dicha junto a la máquina del café de esa persona.
Pere Rosales:Aquello le creó como una promesa interna, y se dijo a sí mismo, si algún día lidero un equipo, yo no voy a hacer esto. Y esas promesas, la verdad es que pesan mucho, y además está muy bien que lo que lo hagan así, ¿no? Porque no nacen de una idea bonita, nacen de una herida. Así que cuando empezó a notar que ahora era él quien sabía cosas que su equipo no sabía, empezó a ponerse nervioso. No quería parecer opaco y no quería repetir la historia que él había padecido.
Pere Rosales:No quería que nadie pudiera decir, lo sabías y no nos dijiste nada, ya te vale. Así que convocó una reunión, un martes a las 9 y media de la mañana, con la sala acristalada, mesa blanca, todo impoluto, cafés encima de la mesa, y alguien entró con el portátil y preguntó, ¿va a hacer falta el ordenador? Él contestó, no, mejor sin ordenador. Y claro, cuando alguien dice eso, el cuerpo ya entiende algo antes que la cabeza, esto va a ir en serio. El caso es que esta persona empezó a hablar, contó que dirección estaba revisando prioridades, que su área podía verse afectada, así un poco como prudentemente hablaba, ¿no?
Pere Rosales:Que todavía no había decisiones cerradas, que había varios escenarios, que quizá cambiarían las cosas, que cambiarían algunas responsabilidades, que prefería no decirlo él antes de que se generaran rumores. Mientras hablaba, se sentía honesto, incluso se sentía valiente, me decía. Pero el aire en la sala empezó a cambiar. Primero fue un gesto de una persona, otra dejó el bolígrafo encima de la libreta, otra dejó de mirar la pantalla y se quedó mirando la mesa. Luego llegó la primera pregunta, 1 de los más atrevidos.
Pere Rosales:Cuando dices que puedes que pueden haber cambios, ¿hablas de personas? Respondió, no lo sé. Y era verdad, no lo sabía, no tenía ni idea de si eso iba a afectar personas o no. Otra persona de la mesa preguntó, ¿esto afecta al proyecto de septiembre? Se quedó pensando, podría ser.
Pere Rosales:También era verdad. Bueno, la gente se miraba unos a otros, ¿no? Luego alguien dijo, ¿nos estás informando o nos estás preparando para algo? Ahí se hizo silencio. Un silencio de esos que no se arreglan con una frase ingeniosa.
Pere Rosales:La reunión terminó mal. No hubieron gritos, no hubieron enfados, nadie se enojó, nadie se enfadó, nadie se molestó. Terminó mal porque todos salieron con más peso del que tenían al entrar. A los 10 minutos, ya tenía 2 mensajes privados. Oye, ¿crees que debería cancelar la reunión con operaciones, entonces?
Pere Rosales:Otro decía, podemos hablar luego, me he quedado un poco preocupada. Y una hora después le escribió a alguien de otro departamento. Ahí, dice, ahí alucinaba yo ya. Oye, me ha llegado que hay cambios fuertes en vuestra área. ¿Todo bien?
Pere Rosales:Cuando me lo contó, se quedó callado unos segundos, me miraba y decía, lo peor es que yo no mentí, pera, yo no dije ninguna mentira. Y seguramente era cierto. No mintió para nada, pero una verdad sin forma puede hacer daño. Es como si fuera como una madera recién cortada. Voy a poner este ejemplo, ¿no?
Pere Rosales:La madera puede ser buena, puede ser buenísima, la intención puede ser buena, pero si no la lijas, deja astillas y te puedes hacer daño. El fondo es bueno, pero el tratamiento que se le da no. Le pregunté, ¿qué necesitabas tú al convocar esa reunión? No contestó rápido, eso suele ser buena señal. Al cabo de un rato, dijo, necesitaba no sentir que estaba ocultando algo como me pasó a mí.
Pere Rosales:Ahí estaba la clave. La reunión era para el equipo, sí, pero también era para él, para aliviar su propia incomodidad, su conciencia, para demostrarse que no era como aquel jefe que lo dejó fuera de la verdad, para poder decirse, yo no soy de los que hacen eso. Eso salió después. Y esto nos pasa, a veces comunicamos para cuidar y otras veces comunicamos para soltar algo que ya no podemos sostener solos. Desde fuera, se parece bastante, desde dentro son completamente distintas las 2 maneras.
Pere Rosales:Porque cuando comunico para cuidar, pienso en lo que el otro necesita entender. Sin embargo, cuando comunico para aliviarme yo, le entrego al otro lo que yo necesito, sacarme de encima, le entrego el mochuelo. Y en el caso es que un equipo no siempre puede hacer algo útil con eso, tú te lo sacas, pero el equipo se queda con eso. A la semana siguiente, tenía otra reunión con las mismas personas. La situación no había cambiado mucho.
Pere Rosales:Seguía sin saber si había una decisión cerrada, seguía sin tener ninguna fecha, seguía habiendo prácticamente la misma incertidumbre. Pero esta vez preparó la conversación de otra manera. Yo le pedí que escribiera previamente 3 cosas en una hoja. ¿Qué es lo que yo sé? La primera.
Pere Rosales:¿Qué es lo que yo no sé? Lo que yo puedo prometer es La hoja quedó bastante vacía. Y eso fue interesante, porque la semana anterior había dado durante, pues, 40 minutos una chapa impresionante de algo que, bien ordenado, cabía apenas en media página. Volvió a la sala, mismo equipo, misma mesa, mismo café con los vasos de cartón de la máquina, probablemente igual de malo. Y empezó así, quiero daros novedades sobre la situación.
Pere Rosales:La semana pasada creo que mezclé demasiadas cosas, y os dejé con más preocupación que claridad, que no era la intención que yo tenía. Asumió eso. No se castigó, no hizo teatro, reconoció lo justo. Y luego dijo, esto es lo que sabemos, dirección está revisando prioridades y nuestra área forma parte de esa revisión. Hizo una pausa.
Pere Rosales:A día de hoy, no hay ninguna decisión cerrada sobre personas. Otra pausa. Esto es lo que no sabemos, fecha final, cambios concretos y posibles impactos en los proyectos que tenemos abiertos. Y después vino lo importante. Lo que sí os puedo prometer es que cada jueves os diré si hay novedades.
Pere Rosales:Si no las hay, también os lo voy a decir. Y si aparece algo que os afecta directamente, lo hablaremos antes de que circule por otros sitios. No dijo mucho más. Y ahí es donde estuvo la diferencia. No intentó llenar la niebla con palabras, puso una cuerda dentro de la niebla.
Pere Rosales:Una cuerda no despeja el camino, pero ayuda a avanzar sin caerte y sin que tengas claridad. Al terminar, una persona se le acercó y le dijo, oye, gracias, ahora al menos sé dónde estamos. Fíjate en la frase, no dijo, ahora estoy tranquilo, porque no lo estaba. Dijo, ahora sé dónde estamos. A veces eso es un mundo, cambia todo absolutamente.
Pere Rosales:Un equipo puede soportar bastante incertidumbre si siente que alguien está poniendo suelo, si está sosteniendo. Un suelo pequeño, pero al final un suelo donde te puedes sentir firme. Creo que este error aparece mucho en líderes honestos, que lo quieren ser, y lo son normalmente, gente que quiere cuidar, gente que ha sufrido silencios como esta persona, este cliente, gente que prometió no repetir ciertas formas que ha recibido. Y precisamente por eso se precipita, le pueden las ganas, porque piensa que contar más siempre genera más confianza. Pero la confianza no depende solo de cuánto dices, depende de cómo ordenas lo que dices, de si separas los hechos demostrables y observables, de las hipótesis, de si distingues lo que sabes de lo que temes, de si das una fecha para volver a hablar, de si cumples la fecha que has dado.
Pere Rosales:Hay líderes que hablan mucho y dejan al equipo más perdido, y hay líderes que hablan menos, pero cuando hablan el equipo respira. Y es que a veces confundimos sinceridad con vaciar la mochila. Llegamos a una reunión cargados de presión, de dudas, de conversaciones pendientes, de mensajes ambiguos de dirección, y lo soltamos todo encima de la mesa. Ala, venga. Y claro, la mochila se queda más ligera, pesa menos, pero ahora ese peso lo tiene el equipo.
Pere Rosales:La cercanía no puede convertirse en desahogo. Puedes decir que no lo sabes, puedes decir que estás preocupado, puedes decir que la situación es incómoda, pero después tienes que ofrecer algo que sirva, algo como un marco, una próxima fecha, un límite claro, una frase que el equipo pueda coger sin hacerse daño, algo que ofrezca una cierta seguridad. A mí me gusta pensar en esto como poner asas a la verdad. Hay verdades que pesan. Una mala noticia pesa.
Pere Rosales:Un cambio importante pesa. Una espera pesa. Un todavía no sabemos nada pesa. El liderazgo no siempre quita ese peso, pero sí que puede ponerle asas, y eso cambia mucho. El peso no lo aligera, pero las asas lo hacen más manejable.
Pere Rosales:Tus palabras no terminan cuando sales de la sala, se quedan trabajando dentro de la cabeza de los demás, de todas las personas que te han escuchado. A veces ayudan, a veces arañan, a veces orientan, a veces llenan el día entero de fantasmas. Por eso, antes de una conversación delicada, quizá conviene parar un momento, respirar, mirar la hoja y preguntarte, ¿qué es lo que sé? ¿Qué estoy suponiendo? ¿Qué parte es miedo mío propio?
Pere Rosales:¿Qué necesita saber el equipo ahora? ¿Qué puedo prometer y cumplir? Si todavía no has digerido, tú, no toca llevarlo a la sala. Quizá toca esperar una hora, darte un paseo, o un día, incluso, hablar antes con una persona, escribir tú para ti, escribir 4 frases, lijar la madera. ¿Y tú?
Pere Rosales:¿Cuántas veces dices que quieres ser transparente y estás dando claridad, o estás dejando tu mochila en medio de la sala para desahogarte? Seguimos.