Diccionario sonoro que recoge los nombres, historias y lugares protagonistas de la emocionante aventura que representa la música contemporánea desde su creación a la actualidad. Más información: march.es/contemporanea
Elliott Carter
Compositor (Nueva York, 11 de diciembre de 1908 – Nueva York, 5 de noviembre de 2012).
Hijo de un hombre de negocios, el joven Carter estudia primero literatura y música en Harvard y en la Longy School of Music, con profesores con Walter Piston y Gustav Holst, y más tarde se muda a París donde continúa su formación con la gran maestra Nadia Boulanger. Le acompaña en sus primeros años de aprendizaje, el consejo y ánimo de Charles Ives, cliente de su padre: el gran compositor norteamericano está detrás de su motivación musical desde su adolescencia.
A su regreso a Estados Unidos, en 1935, dirige el Ballet Caravan. Cuatro años después entra en el St. John’s College de Annapolis, Maryland, para enseñar música y también física, matemáticas y griego clásico. Experiencia –la de la docencia– que extiende a lo largo de esos años y de buena parte de su vida: va a enseñar en el Conservatorio de Peabody, Columbia, Queen’s College de Nueva York, Yale, Cornell y Juilliard.
Su obra, al principio neoclásica, arranca con corales (como ‘Tarantella’,’ Let’s be gay’, ‘Harvest home’ o ‘To music’, todas ellas de 1937) y balés como ‘Pocahontas’, de 1938/39 y ‘The Minotaur’, de 1947. De estas últimas señala el crítico musical y literario Luis Suñén que permiten apreciar bastante “lo que serán las ‘Variaciones para orquesta’, ‘Three Occasions’ o ‘Instances’, es decir, del Carter que admiramos”.
Partes de ‘Pocahontas’ se integran en su ‘Sinfonía Nº1’, obra de 1942 para conjunto instrumental reducido que, al igual que otra sinfonía, la que está sonando, ‘Symphony of Three Orchestras’, se aparta del sentido clásico del género.
Ese Carter que admiramos –que también está en su ‘Piano Concerto’ (del 64), en el ‘Concerto for Orchestra’ (del 69) o en sus cinco cuartetos de cuerda (dos de los cuales, el Segundo y el Tercero le llevan a ganar el Premio Pulitzer de la Música en 1960 y 1973)– se emparenta estéticamente con precursores como Schönberg, Berg, Webern o Varèse.
Según el pianista y teórico estadounidense Charles Rosen, Carter “fue el primer compositor en ver cuánto de la tradición de Stravinsky, y lo salido de Boulanger, podía combinarse con las grandes influencias de las escuelas musicales de esa época sin tener que pagar un precio por ello, porque ése era el camino; y la solución era rechazar gran parte de la doctrina de ambas escuelas para sacar algo muy original que suene muy americano y, a la vez, muy específicamente integrado en la tradición europea”. Para Rosen, Carter, ese humanista, sintetiza las dos grandes tradiciones de la música del siglo XX: Stravinsky, por un lado; Schönberg y Berg por el otro.
Añadimos la influencia de Paul Hindemith, la polifonía medieval y el lirismo en sus primeras obras, y la entrada de la modulación métrica en la segunda mitad de siglo, en la que compone bajo parámetros atonales y rítmicamente complejos.
Escribe el crítico musical Paco Yáñez que “la música de Elliott Carter funciona como un conglomerado de redes en las que los materiales van alcanzando una riqueza progresiva a través de una somera explotación de los parámetros:
…un tejido armónico densísimo, trabajado en base a intervalos que aúnan la herencia de lo canónico con saltos atonales de moderna impronta;
…unos perfiles dinámicos que fluctúan entre extremos en un mismo compás en función de los cuerpos resonantes que adquieran protagonismo en cada plano;
…unos ritmos que dibujan un paisaje de acentuación y duraciones profusamente heterogéneas y abigarradas;
….y, destacadamente, un dominio del tiempo que es quizás una de sus más notorias señas de identidad”.
“En realidad, nunca he pensado en componer para el público. A menudo he pensado en escribir para los intérpretes, pero no para el público. Cuando escucho música de alguno de mis colegas o estudiantes que escriben específicamente para interesar al público, me aburre, pero creo que el mundo de la música necesita gente como ellos”. (Palabras de Elliott Carter)
Pierre Boulez dijo de él: “Nunca transige”.
Su longevidad, que abarca más de un siglo, le permite recorrer un inmenso arco de escuelas, estéticas y estilos. Su catálogo reúne centenares de obras, incluidos grandes cuartetos de cuerda, varios conciertos y una única ópera, que escribe con 90 años. De este vasto acervo, elegimos el quinto movimiento, ‘Adagio sereno’, del ‘String Quartet No.5’, obra compuesta a principios de 1995 en Nueva York y Southbury, Connecticut, para el Arditti Quartet por encargo del proyecto Amberes, Ciudad de la Cultura de 1993.